‘MI 6: Repercusión’: La lógica de lo imposible

El legendario crítico estadunidense Manny Farber se refirió al gran Buster Keaton en una ocasión como un “artesano”, pero uno que en lugar de cincel, pluma o incluso la cámara, usaba su cuerpo como un medio de expresión, pero no de la misma forma que un actor o que un bailarín, sino en llevar la corporalidad a un límite insospechado. El truco era no usar trucos: el cuerpo contra el mundo. Ese principio ha parecido empujar la saga de Misión Imposible desde aquella icónica escena en la que Tom Cruise fue suspendido en el aire por Brian de Palma hasta llegar a MI6: Repercusión y cualquiera de las secuencias que componen su más reciente testamento de poderío físico puro.

Si hay algo que ha permitido que esta franquicia, que llega a su sexta entrega, mantenga un nivel de calidad tan alto, es la participación de Tom Cruise, uno de los últimos y genuinos astros del sistema de estudios, tanto en su papel protagónico como el de productor, lo que sin duda ha contribuido a que cineastas del peso de Brian De Palma, Brad Bird o John Woo hayan usado la fisicalidad de Cruise como un medio para impactar en incontables secuencias a lo largo de estos 22 años de misiones imposibles, más nunca fácilmente predecibles.

Para Repercusión retorna el genial artesano Christopher McQuarrie, director de MI5: Nación Secreta (2015) poniendo a Ethan Hunt y a su equipo en una carrera contra el tiempo a raíz de perder peligroso arsenal nuclear y tener que enfrentar la presión de un agente de la CIA (un señor bigote y Henry Cavill). ¿Es necesario estar familiarizado con las cinco películas pasadas para entender? Afortunadamente no. Desde su inicio, la película se construye en bloques que giran alrededor de sofisticadas piezas de acción en las que el sentido no viene de la narrativa, sino de la lógica de la resistencia.

La figura de Ethan Hunt se ha construido alrededor de esa lógica, una que película a película se vuelve aún más sorprendente, tanto por la innegable calidad técnica como por la edad de Cruise, quién a sus casi sesenta años detenta una habilidad física que solo es rebasada por su presencia escénica.

Cruise se hace rodear de colaboradores de gran nivel y permite el lucimiento de un hábilmente usado Henry Cavill, la también arrebatadora presencia física de Rebeca Ferguson e incluso un sorprendente Alec Baldwin entrándole al madrazo limpio. Como buen guía, Cruise obliga a sus actores a convertirse en artesanos del cuerpo hiperkinético y en desafiantes opositores de la resistencia física, todo mientras las cámaras y demás dispositivos fílmicos intentan estar a la altura del reto impuesto por la máquina más resiliente: el cuerpo humano.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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