El Óscar al mejor director es un galardón que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood ha dado desde 1928. Dónde por única vez se premió al mejor director de drama: Frank Borzage por El séptimo cielo, y al mejor director de comedia: Lewis Milestone por Hermanos de armas. A partir de la segunda edición sólo se premió al mejor director, sin importar el género incursionado.

Nombres como John Ford, Elia Kazan y Michael Curtiz ayudaron a forjar un nombre y reputación al premio. Steven Spilberg, Woody Allen, Martin Scorsese y Roman Polansky encabezan la lista de los grandes directores que han recibido la estatuilla. Sin embargo, el premio ha sufrido de altibajos, y condecorados bastante cuestionables; como Mel Gibson, Kevin Costner o Peter Jackson (que triunfó con un blockbuster sobre cintas de mayor calidad). Así como grandes directores de la cinematografía mundial que fueron nominados, pero jamás ganaron: Alfred Hitchcock, Federico Fellini, Robert Altman y Stanley Kubrick.

Este año los nominados son: Alejandro Gonzáles Iñárritu por Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia (Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance)), Bennett Miller por Foxcatcher, Wes Anderson por El Gran Hotel Budapest (The Grand Hotel Budapest),  Morten Tyldum por El código enigma (The Imitation Game) y Richard Linklater por Boyhood. Como curiosidad, hay que decir que, cualquiera que sea el ganador será por primera vez acreedor a la estatuilla.

Veamos sus aciertos, sus errores, y sus posibilidades:

Alejandro González Iñárritu. Segunda nominación a mejor director. Iñárritu entrega por primera vez un film redondo, que parece no tener pecado. En Birdman apostó por lo inesperado, y acabó sorprendiendo a propios y extraños. Su nominación no es para nada descabellada, pues éste no es sólo su  mejor trabajo, sino una de las piezas más notables de la última época. Sin caer en nacionalismos, el premio, si es que es justo, debe ser para el mexicano.

Puntos a favor: El ritmo que impone a la cinta es majestuoso. Los hilos que tensan el drama se destensan sólo por algunos lapsos, en sí, la cinta es siempre una constante; el uso del plano secuencia no es arbitrario. Michael Keaton, el protagonista, da mucho de sí en el personaje, pero sin duda, el director supo sacar todo esa energía contenida, no sólo en el actor principal, pues todo el elenco irradia una energía poco vista.

Puntos en contra: Desgraciadamente los puntos que juegan en contra son ajenos. La nacionalidad uno de ellos. ¿Decidirá la Academia, esa misma que suele ser bastante nacionalista, dar el Oscar a dos mexicanos consecutivamente? Es cierto que ninguno los galardonaos durante esta corta década ha sido estadounidense (Tom Hooper – inglés, Michel Hazanavicius – francés, Ang Lee – taiwanés, Alfonso Cuarón – mexicano), y que la última estadounidense en ganar fue Kathryn Bigelow, la primera mujer en ganar el premio a Mejor Director. Y aunque parezca que los premios pretenden cambiar, volverse más abiertos, ¿todos sabemos con lo que nos sale de repente esto de los Oscar, no?

Pronostico: No ganador.

Bennett Miller. Segunda nominación a mejor director. Biografía, una de las palabras favoritas de la Academia. Miller sabe eso y de eso. Una vez más nos cuenta una historia ajena, muy a su manera, dotándola del toque pertinente para la cinta. La fotografía retro, casi de filtro a la Instagram, le dan la suavidad necesaria a la brutalidad innecesaria de la vida real. El cine es la mentira más hermosa.

Puntos a favor: Cine norteamericano. Se representa aquí los usos y costumbres de Norteamérica, tal vez no la mejor de todas, pero es ella. Y USA necesita ganar. Seamos claros y sinceros, los Oscar están hechos para el cine estadounidense, y poco a poco se ha ido globalizando el asunto, pero, siempre ganan los mismos, ganan ellos. Y Miller tiene el más gringo de los estilos. Lo ha sabido imprimir en cada una de unas cintas, disfrazándolo siempre, pero a final de cuentas, no hay cinta más gringa que ésta.

Puntos en contra: La lentitud malsana de la cinta, es agobiante, arrogante, y poco sublime. Se intentó disfrazar a un guion convencional, de cine de autor. El problema es que el sello del autor es el molde, lo convencional, y siempre visto. Un juego mal jugado, una candidatura que brilla de dudas, pero que al final representa la decadencia del cine netamente hollywoodense, en cuanto a calidad visual e imaginativa.

Pronostico: No ganador.

 

Wes Anderson. Primera nominación a mejor director. El triunfo de la estética, de lo indie y outsider. La nominación de Anderson refiere al triunfo del cine de la nueva era, alejado de los convencionalismos del viejo y dogmático Hollywood. Una cinta que parece confirmar que éste director tiene el toque, no sólo para generar miles de seguidores, ganancias en taquilla y recibir alabanzas de la crítica; también tiene la capacidad de convencer los inconvencibles miembros de la Academia.

Puntos a favor: Una meta-historia entrañable, que transcurre con la lentitud del cine en boga, y que fácilmente sería premiada en cualquier otra ceremonia cinematográfica, ¿estarán listos los Óscar para esto? Hay elementos que bien pueden encontrarse en el clásico cine americano, tópicos optimistas y de crecimiento, que hemos visto desfilar durante años en las pantallas y en las alfombras rojas de la gala. Cambia la forma, transgrede lo monótono, y al mismo tiempo recuerda a la vieja escuela y su brillante tono kitsch de escenografías pomposas tras los ojos de Liz Taylor. Grandes estrellas aquí, grandes estrellas allá. Un clásico.

Puntos en contra: Alguien se tiene que dar cuenta de las cosas, por muy ostentoso que sea estar nominado para un Óscar, muchas veces tu nombre sólo aparece para completar la terna. Anderson ya ha estado en esa antesala, no como director, pero ha visto mermado su triunfo gracias al incomparable precio del blockbuster. Anderson es demasiado él para la Academia, y hay cosas que nunca cambian. Su cine, siempre igual, parece que jamás encajara en el glamour y la gala, siempre igual, del AMPAS.

Pronostico: No ganador.

Morten Tyldum. Primera nominación a mejor director. La vieja escuela europea, con su nueva forma de hacer cine. Las cintas del viejo continente ya no son todas sosas y lentas, crípticas y aburridas, ahora pueden entregarnos filmes más “aptos” para todo el público, incluso para el público de Loa Ángeles, los estudios, y sus Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas.

Puntos a favor: Biografía, otra vez. Pero ésta vez con un personaje de los “buenos”, de fácil identificación. Es gay, pero ¿acaso no han cambiado ya los parámetros? Tenemos además una cinta bélica, antinazi, e histórica, de eso también se da sus baños de gloria el Óscar. El ritmo va sin encrucijadas dispersas, sin movimientos bruscos, experimentaciones o malos tratos. Cinta redonda, clara, concisa y pura.

Puntos en contra: Demasiado clásica, demasiado recta para ser alabada. Pasa todo y no pasa nada, se pierde en el profundo impacto de lo establecido. En pocas palabras, una cinta, y dirección, de escaleta, que no aporta nada, ni se arriesga. Tiene a sendos competidores enfrente, que sin duda alguna, merecen más el premio. Un mal año para estar nominado (no todos tienen la suerte de  Mel Gibson).

Pronostico: No ganador

Richard Linklater. Primera nominación a mejor director. Doce años de rodaje, doce años de producción, doce años de un esfuerzo incomparable, y que sin duda, tiene sabor a Óscar. Boyhood es una oda al cine moderno, una historia que no se pudo haber filmado en otra época, ni de otra manera. Linklater ya se ganó el mote de visionario, y pase lo que pase en la entrega de los premios, él y su film se han ganado una inscripción en los libros de historia.

Puntos a favor: La complejidad de ser sencillo. Los doce años de rodaje, y las casi tres horas de film, fluyen como agua, como un río cálido del que no se quiere salir. La edición hace su parte, pero el mantener el tono y ritmo durante tanto tiempo, sin duda es un hito cinematográfico. Un film que evoca, que describe una década, y no una cualquiera, una década de cambio, de siglo, de milenio, de paradigmas. Una cinta que convenció a la crítica, al público, ¿Por qué no habría de convencer a la Academia?

Puntos en contra: La sencillez de lo complejo. Sí, son doce años de rodaje, pero ¿Qué más? El film va de inicio a final sin sobresaltos, sin giros contundentes, sin el personaje clásico oscareable, y sin ese discurso alentador que tanto encanta al jurado. Hay muchos años de filmación, pero la cámara no evoluciona, no hay tomas que salgan de la norma, que realmente impongan una forma, una salida del molde. Sí la Academia es sensata, sabrá darse cuenta que tras Boyhood, y su incuestionable valor técnico, hay muy poco de forma artística.

Pronostico: Ganador.

Por Ali López (@al_lee1)

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