La celebración de la dominante posición de poderío masculino en Hollywood se ve exaltada año con año en la categoría de Mejor Actor. Siempre brutalmente reñida y con decenas de contendientes que sin problema podrían alzarse con el trofeo, la terna suele ser una combinación de avasalladores fenómenos histriónicos, de titulares de cintas nominadas al premio grande y de leyendas que regresan por un breve tufo de gloria dorada. Por ello la terna final de este año resulta particularmente plana tomando en cuenta los elaborados trabajos que quedaron fuera: la voraz energía de Chadwick Boseman en Get on Up, el vulnerable gruñido de Timothy Spall en Mr. Turner, la optimista rapiña de Jake Gyllenhall en Primicia mortal (Nightcrawler), la vulgar finura de Ralph Fiennes en El Gran Hotel Budapest (The Grand Hotel Budapest) y el mito humanizado de David Oyelowo en Selma.

Los ungidos este año, en estricto orden alfabético, fueron:

Steve Carell por Foxcatcher

Una inquietante presencia en pantalla, de la cual, el muy comentado trabajo de maquillaje resulta un distractor más que un apoyo. El patetismo inherente a la persona cómica de Carell es canalizado a una ambigua oscuridad que busca celebrarse y exaltar su valía masculina rodeándose de símbolos de poder fálico, obsesión que cae en una difusa línea de identidad personal. Debutando en los premios de la Academia, después de ser ignorado por su fantástico trabajo en Pequeña señorita Sunshine (Little Miss Sunshine, 2006), el sutil trabajo de Carell tendrá que esperar para verse recompensado, dada la tendencia de la Academia a gustar de lo ruidoso y lo bombástico.

Bradley Cooper por Francotirador (American Sniper)

Un dique mudo que ha sido entrenado para asesinar en un tiro limpio se topa con la destructiva fuerza de la ética y el trauma. Bradley Cooper, que alcanza su tercera nominación consecutiva, interpreta al francotirador Chris Kyle con dosis similares de humanidad y frío desapego, creando un reflejo complejo de la realidad de un soldado americano, cuidando evitar la lambisconería gratuita presente en otras cintas similares. Cooper sale avante, incluso de cargar un bebé de plástico a cuadro, en el polémico filme de Clint Eastwood, pero su coronación no se dará este año, muy a pesar de toda la comunidad redneck.

Benedict Cumberbatch por El código enigma (The Imitation Game)

Tras un par de años de popularidad en impresionante ascenso, el actor británico del apellido jocoso, Benedict Cumberbatch recibe el bautizo dorado por parte de la Academia gracias a ese cúmulo matemático de frías operaciones llamado El código enigma, en el que Cumberbatch interpreta al matemático Allan Turing, quién creó el primer prototipo de la computadora, descifró el código nazi que permitió que los Aliados ganaran la Segunda Guerra Mundial, pero que fue castrado químicamente por el gobierno por ser un homosexual inconfeso. Cumberbatch imprime una cualidad distintiva al estado casi autista de Turing al tiempo que mimetiza los gestos obsesivos trazados por Russell Crowe en Una mente brillante (A Beautiful Mind, 2001). Sin duda, mejores interpretaciones estarán en su larga trayectoria, y la estatuilla caerá cuando sea leyenda.

Michael Keaton por Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia

El mejor vehículo para el lucimiento del ego es la representación del ego. González Iñarritú ha sido un cineasta cuya infinita e insondable egolatría le han impedido alcanzar los niveles que su indudable talento puede lograr, pero si algo ha logrado con virtuosismo es capitalizar eso en sus actores. El Riggan Thompson de Michael Keaton es una meta creación fílmica que se nutre de la vitriólica seguridad de Keaton y el superficial farfulleo de Iñarritu et al. El compromiso de Keaton es total y la asfixiante ansiedad que sufre por adaptar a Carver al teatro, peleándose con otros egos, los de actores o críticos, saliendo triunfante el ego falso. Es muy probable que Keaton grite en el estrado con orgullo: ¡SOY UN PÁJARO!

Eddie Redmayne por La teoría del todo (The Theory of Everything)

Stephen Hawking es un hombre que no sólo inspiró al mundo, estableció bases para definirlo. Su enfermedad parece ser solo una nota al pie de página de una asombrosa trayectoria intelectual, aspecto que es usado como adorno verbal en la cinta de James Marsh, La teoría del todo por la que Eddie Redmayne se convierte en el favorito para alzarse con el pelón de oro este año gracias a su transformación física apoyada en un notable trabajo gestual de intensa proyección emocional, que poco ofrece contra lo que sus contrincantes tienen. Es poco probable que Reymane se quede sentado el día de la ceremonia.

  • Mejor Actor de Reparto

La categoría en la que el antagonismo recibe un protagonismo parcial o donde los “otros protagonistas” encuentran cabida para el reconocimiento en un fraudulento ejercicio de acaparamiento. Lo cierto es que en la terna suelen encontrarse desde la villanía mas cruenta hasta el senil homenaje de manera casi anual, no siendo este año la excepción. Dejando fuera contendientes valiosos como Josh Brolin en Vicio Propio (Inherent Vice) y, hay que admitirlo, Tyler Perry en Perdida (Gone Girl) y Chris Pine en En el bosque (Into The Woods) excediendo bajas expectativas.

Sin embargo, los que quedaron en la terna final, a excepción de una clara nominación a la trayectoria, son los trabajos de mayor contundencia:

Robert Duvall por El juez (The Judge)

Desde hace unos cuantos años el gran actor Robert Duvall había buscado la manera de regresar a los premios de la Academia, acerándose con su bonita actuación en Get Low (2009) y consiguiéndolo con un vivaz, apenas pasable, trabajo junto al egomaníaco Robert Downey Jr. en la estéril cinta El Juez en la que Duvall explota el rol de ancianito malora con esporádicos destellos de grandeza histriónica que terminan sepultados por una sosa narrativa. Esperemos que con los reflectores, Duvall pueda encontrar un rol que se adhiera a su gran figura, pero el reconocimiento esta muy lejano.

Ethan Hawke por Boyhood – Momentos de una vida

Encapsular el comportamiento de una generación y definirla a través de una interpretación actoral parece una proeza titánica que pocos podrían lograr. El actor fetiche de Richard Linklater, Ethan Hawke lo hace parecer tan sencillo en la laureada Boyhood. En el papel de “Papá”, Hawke trabaja sobre una variante de su icónico Jessie, protagonista de la trilogía Antes del amanecer/atardecer/anochecer apoyándose más en transmitir una tierna nobleza que compensa su temerosa irresponsabilidad. La nominación será recompensa suficiente para Hawke quién esperamos que con esto pueda seguir entregándonos trabajos de sencilla complejidad.

Edward Norton en Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia

Como ya lo decíamos con Keaton, Birdman es una capitalización del ego que es aprovechada por un estelar ensamble, cuyo eje central dominado por Keaton desea ser conquistado por el versátil Edward Norton quién interpreta al lábil pero brillante actor Mike, que entre otras cosas tiene una flamante erección en escena así como de gustar andar con poca ropa tras bambalinas. Norton es un agudo conocedor de estos escandalosos ademanes que él reconfigura como evidencias de una frágil personalidad. Esta es la tercera nominación de Norton y quedará como segundo al bat.

Mark Ruffalo en Foxcatcher

El gélido filme Foxcatcher resultaría de una agobiante oscuridad de no ser por el intenso y paternal afecto transmitido por el genial Mark Ruffalo como Dave Schultz, desde el fantástico y revelador primer duelo con su hermano, gentil y violento, como el momento frente a la cámara cuando cede a Du Pont (Steve Carell) la autoridad moral como entrenador, en la que Ruffalo engloba una erosión tan profunda como el amor por su hermano. Brillante trabajo que únicamente servirá como revalidación del apabullante talento de Ruffalo.

J.K. Simmons en Whiplash

Años de trabajo como actor de carácter contenidos y expulsados en una igualmente fúrica y suave interpretación. Un rol ahora emblemático de la villanía con causa es lo que el gran actor J.K. Simmons (The Ladykillers, Burn After Reading, Juno) logra bordar con dosis de empático sadismo como el maestro Fletcher, quizás injustificable para muchos pero con gran atractivo por la agudeza de sus insultos y lo memorable de su inquietante presencia física. Siempre resulta placentero ver a un auténtico actor de carácter tomar el protagonismo merecido, aunque sea por una temporada. Este bestial pelón se embolsará al otro pelón en tempo justo.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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