‘Los oscuros secretos del Pentágono’ y la libertad de expresión

La situación política que vive Estados Unidos tras el inicio de la gestión presidencial de Donald Trump ha generado una ola de polémicas incidencias, siendo una de las más sonadas el supuesto ocultamiento de información sobre la intervención del gobierno de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016, llevando a cuestionamientos y señalamientos a los medios de comunicación, al quehacer del periodismo y a su función en una sociedad.

En The Post: Los oscuros secretos del Pentágono (The Post, 2017), el realizador Steven Spielberg rescata un fragmento de la historia de Estados Unidos ocurrido en 1971, dentro del periodo de gobierno del ex presidente republicano Richard Nixon, donde la publicación de los “Pentagon Papers” (documentos clasificados concernientes a los pormenores de las operaciones políticas y militares en la guerra de Vietnam) por parte del New York Times provocó un ataque de censura por parte de la Casa Blanca. La subsecuente decisión del Washington Post en respaldar al periódico y publicar también el contenido marcó un hito en la materia periodística del país.

Interesado en pasajes históricos que resalten los valores de los ciudadanos y marquen el curso de la nación estadounidense, como la dificultad legislativa en la abolición a la esclavitud en Lincoln (2012) o la complejidad de la negociación en Puente de los espías (Brige of Spies, 2015), Spielberg preserva una esencia didáctica que no únicamente da una cátedra de Historia, sino también la eleva a un interesante thriller que converge cuestionamientos del proceder político y el dilema natural del periodista entre la divulgación de la información o el bienestar ético.

El guion de Liz Hannah y Josh Singer se involucra en el proceder del periodista comprometido a su labor de informar, encontrar la fuente y protegerla en la mayor medida posible, además de los intereses económicos del Washington Post, en esa época un modesto diario que busca mantenerse a flote por su inestable economía, mostrando la tensión interna y externa para hacer lo correcto en una profesión.

El aferrado editor del Washington Post, Ben Bradlee (Tom Hanks) aboga por la libertad de expresión y la primicia de la nota, luchando contrarreloj contra las circunstancias, para tomar la decisión adecuada, rodeado por el equipo de periodistas comprometido a su labor, entre ellos el audaz Ben Bagdikian (Bob Odenkirk). Así, el relato nunca cae en una cansada lectura sobre la ética humana, enfocada en la reacción al entorno de sus protagonistas y la importancia de las decisiones, subrayando sutilmente la ineficacia de la censura a la libertad de expresión y el latente juego de poderes que pelean por los intereses propios.

A su vez, Spielberg resalta también la fortaleza que guarda la mujer en diversas circunstancias, similar a la denuncia racista de El color púrpura (The Color Purple, 1985) y su importancia en el manejo de roles que involucran una fuerte toma de decisiones o un respaldo. En primera instancia, con Kay Graham (una sobresaliente y contenida Meryl Streep), propietaria del Washington Post, quien busca la calidad del contenido de reportajes, aprendiendo a dar con seguridad su opinión en un entorno dominado por hombres, preocupada por la correcta toma de decisiones y con una lucha interna que entrevé su dolor por la pérdida de su esposo y la crisis del periódico. En segunda instancia, el soporte que brinda Tony Bradlee (Sarah Paulson), explicando a su esposo la complicada posición de Graham como líder.

Todo ello, resaltado con tintes de sobriedad en su detallada concepción visual, añadiendo también el aspecto judicial que entreteje la intriga en la disputa por salvaguardar el derecho a la libertad de expresión y la perspectiva presidencial (un tanto innecesaria para la construcción de la trama), vista a través de la sombra del mandatario Nixon y sus órdenes, llevando hacia la funesta conclusión política conocida como el Escándalo Watergate.

Sin el metodismo absoluto de Spotlight (2015) o la marcada intriga de Todos los hombres del Presidente (All The President´s Men, 1976), The Post cuenta con pizcas de innecesario patriotismo, pero es una oportuna y sólida perspectiva de la labor periodística, la solidaridad en pos de una causa, la importancia de la información veraz y el compromiso profesional, en tiempos en los que la abundancia de “fake news” y la intolerancia a la crítica están a la orden del día.

Por Mariana Fernández (@mariana_ferfab)

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