Las (inevitables) traiciones de la edad: ‘Aquarius’ & ‘Bellas de noche’

Es fácil sentir que la vida nos sobra, cerrar los ojos y despertar un día sin todo lo que dimos por sentado.. El paso del tiempo es un concepto evidente que se vuelve opresivo (por su inminencia) conforme acelera nuestros días“Qué rápido pasó el año”. “Te acuerdas cuando fuimos a…” No existe forma de eludir el principio y el final, el desgaste del cuerpo o de los recuerdos, que también morirán cuando nosotros lo hagamos. Por algo decía Natalia Bruschtein en Tiempo Suspendido (2015) que todos morimos dos veces, la primera en carne propia y después, cuando aquellos que nos conocieron, perecen. Dos películas en cartelera reflejan esas preocupaciones: la mexicana Bellas de Noche y la brasileña Aquarius.

Los 70 y 80 fueron de las vedettes, las estrellas de la noche que llenaron de fantasías y sexualidad el showbiz de aquellos años. Sus cuerpos eran el espacio perfecto para llenar el apetito del público, su aparición en las películas sólo las hacía alcanzables para la audiencia que veía parte de su cotidiano reflejado en pantalla en medio de canciones de la Sonora Santanera (“fue en un cabaret, donde te encontré baaailando”). El documental Bellas de Noche (2016), debut María José Cuevas, es un sensible retrato de cinco mujeres (Lyn May, Princesa Yamal, Wanda Seux, Olga Breeskin y Rosy Mendoza) que definieron esa época y que, ahora, padecen los estragos del tiempo.

Las miradas al cine popular mexicano escasean y las pocas que se atreven a verlo se recargan del lado de la sobre-intelectualización. Las instituciones prefieren olvidarlo (y no preservarlo) porque la “alta cultura” es incompatible con esa visión que ponía como primer mandato entretener al público (para tener ganancias, claro). Bellas de Noche retoma el amor del público por esas mujeres que los cautivaron, la primera parte de la cinta está dedicada a mostrar cómo es que las actrices vivían con la fama y las razones de ésta.

Es mediante las entrevistas con cada una de ellas (filmadas a lo largo de casi una década) donde el documental se revela como un testimonio lleno de humanidad. Cuevas no está buscando convertirlas en diosas de nuevo, sino demostrar que, como nosotros, sufrieron las consecuencias de sus decisiones.

No es que la diamantina y el amor por los escenarios se haya esfumado, la mayoría, buscándolo activamente o no, sigue metida en el círculo del espectáculo mexicano (sobre todo en las revistas de chismes), más bien el brillo perdió gran parte de su lustre. Sus intentos por preservarse bellas las han alejado de la realidad y eso las ha hecho más humanas. Su presente es una lucha constante contra el tiempo, un ejercicio de supervivencia y de nostalgia. Dejaron de ser objetos, ahora son parte del todo.

Algo similar le sucede a Sonia Braga en Aquarius (2016), con la diferencia de que su hogar es acosado por una fuerza incapaz de detenerse o de mirar a quién está aplastando: el progreso. El antagonista es un joven de educación privilegiada que no comprende por qué alguien se opondría a una renovación residencial, a tener cosas nuevas o permitir a los demás hacer un buen negocio. Su estilo de vida está ligado a un sí perpetuo (gracias a su juventud y su dinero), por eso el no de la protagonista es más sonoro.

Clara (Braga en una de las mejores actuaciones del año) es una periodista/escritora que enviudó décadas atrás y mantiene su residencia en el departamento que le heredó una querida tía. La película abre con un prólogo donde vemos cómo esa mujer, modelo de Clara, rememora con cariño y nostalgia los recuerdos que habitan al interior de su casa. El edificio está abandonado, porque los demás vecinos decidieron hacer un trato con una constructora para reemplazar la edificación por un lujoso y novedoso conjunto habitacional. Sólo así puede llegar la modernidad a esa playa de Recife.

El director Kleber Mendonça Filho tiene la certeza en la mirada de que muchos pasaremos por el mismo lugar (espiritual y físico) de su personaje principal. Somos víctimas del progreso voraz, consume hoy que mañana lo arreglamos. También fuimos el adolescente futuro (uno breve y fugaz), después pasamos a ser una estadística más, los de atrás también llegarán empujando.

Filho utiliza como un lienzo el cuerpo de Braga para capturar reflejar esos miedos, aunque nunca la muestra decaída. Su presencia siempre viene acompañada de una fuerza revitalizante. Clara sabe que está al final de sus días, pero eso no disminuye su deseo por seguir disfrutando de la vida y de sacarle provecho a la sabiduría que sus años le han dejado. Ella, como alguna vez lo vivió su tía, tiene mucho que enseñar a quienes deseen parar un momento y escuchar. Su vida es como una sinfonía esperando compartir su belleza a base de paciencia.

Su lucha es la de la dignidad, del respeto propio a las creencias y a la historia personal (eso la une con las vedettes de Bellas de Noche). Todas enfrentan la traición de la edad, que durante un breve lapso les hizo creer que lo podían todo. El tiempo dejó estragos en su cuerpo, marcas que nutren los fragmentos de sus vidas. Al menos hasta que todo quede convertido en polvo.

Por Rafael Paz (@pazespa)
Publicado originalmente en Forbes México Digital.

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