‘Sully: hazaña en el Hudson’: El amanecer del ocaso

Después de lo que ha pasado en Estados Unidos, ver una película del octogenario cineasta Clint Eastwood difícilmente podría ser lo mismo que apenas hace un par de años. Ahora sobre su filmografía y su figura se asienta un prejuicio sobre la construcción que ha hecho de la psique masculina, particularmente aquella conservadora y republicana que encuentra una ilustración notable en la figura del capitán Chesley Sullenberger o Sully que es el centro de su más reciente filme.

Basada en el aterrizaje de emergencia que un vuelo comercial tuvo que hacer en el Río Hudson después de la perdida de ambos motores, el filme presenta a un avejentado y solemne Tom Hanks en el papel principal, quien con gesto adusto se convierte en el eje moral de la película. Sin duda se trata de una discreta exaltación de los valores que rodean el núcleo conservador de la sociedad de los Estados Unidos, pero no por ello una hueca expresión de patrioterismo.

Eastwood es un cineasta de una admirable pulcritud formal y una ideología distintiva en la construcción y disección que ha hecho de la masculinidad y su ética a lo largo de su filmografía. Su trabajo ha pasado por lugares francamente risibles más memorables como Heartbreak Ridge (1986) o Gran Torino (2008), hasta la complejidad mostrada en White Hunter, Black Heart (1990) o Mystic River (2003).

En Sully la exploración es de carácter ético y no tanto un perfil psicológico, apoyada en la solida interpretación de Tom Hanks, que juega con la iconografía asociada a su persona para hacer la aflicción de su personaje, mostrada a través de trágicas ensoñaciones del accidente que pudo ser, algo interesante para el espectador, a la manera de cineastas clásicos como Howard Hawks o John  Ford, obviamente con menor complejidad y alcance.

El piloto es juzgado por 108 segundos de vuelo, del despegue al aparatoso acuatizaje, tiempo y secuencia con el que Eastwood juega hábilmente y que dosifica a lo largo de los fugaces 96 minutos de duración del filme de distintas formas. La representación de la proeza de Sully es distendida, repetida y hábilmente fragmentada en lo que se antoja como uno de los momentos formalmente más inusuales en la carrera de Eastwood, paradójicamente en uno de sus filmes más convencionales.

Aunque la figura casi crepuscular de Sully pareciera ser el centro del filme, Eastwood hace una apología de la clase media de Estados Unidos, un sector conservador, que bajo la mirada del cineasta se ostentan como nobles y hasta ingenuos, creyendo ciegamente en la hazaña de un supuesto héroe que bien pudo haber cometido un fatal error. Inocentes por ignorancia y circunstancia, ellos son los responsables del amanecer de un oscuro ocaso, construyendo héroes de hombres profundamente imperfectos.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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