Iniciamos nuestra cobertura del Festival Internacional de Cine de Cannes comentando el primer título en la lucha de la Semana de la Crítica y dos títulos de la Competencia Oficial, que arrancó con películas estridentes pero de intenciones políticas, por decir lo menos, cuestionables.

Le miracle du Saint Inconnu
de Alaa Eddine Aljem
Sección: Semana de la crítica

La película del cineasta marroquí Alaa Eddine Aljem está narrada como una parábola sobre el dinero y la santidad, haciendo uso de una economía narrativa simple y efectiva que en sus mejores momentos resulta pulcra en sus intenciones y alcances. Sin embargo, quizá, termina viéndose atrapada en las limitaciones de su propia anécdota.

Le miracle du Saint Inconnu presenta a un joven ladrón marroquí que entierra el motín de un robo en una colina en medio del desierto. Tiempo después, al salir de la cárcel, el joven regresa a la colina para descubrir que se ha construido un mausoleo en la misma colina, celosamente resguardado por un pequeño poblado.

La cinta pone ideas claras sobre la forma en la que la devoción –por el dinero o a un santo desconocido– pone en marcha existencias rutinarias y cíclicas, éstas únicamente se diferencian por el tiempo al que marchan. El joven cineasta Eddine Aljem se apoya en el humor y una austeridad narrativa y formal, humilde como la de cualquier santo, para construir un relato moderado cuya relevancia será probablemente menor, pero digna de una modesta plegaria de agradecimiento.

Les Miserables
de Ladj Ly
Sección: Competencia Oficial

Tomando el título de la obra homónima clásica de Victor Hugo, como una referencia más impostada y caprichosa que genuina o vigente, Les Miserables abre con el júbilo de una Francia unida por el futbol aunque profundamente dividida en sus barrios por una fuerza policial bruta y de tintes fascistas.

Haciendo alusiones obvias a las fuerzas policiacas de Emmanuele Macron y la situación de la Francia urbana e inmigrante, la película del debutante Ladj Lj se congratula en los excesos violentos de sus múltiples trampas narrativas y artificio vacío –como el recurrente y hueco uso de tomas de drones–, para exponer, más que un problema del mundo contemporáneo, un problema del cine contemporáneo: ¿cómo transformar lo vigente en cinematográfico?

Rozando los abismos que tocó el año pasado Cafarnaum, de Nadine Labaki, con dos grados menos de vanidad. Es difícil decir si Les Miserables es torpe o arribista, aún con la mano efectiva de Ly: hábil narrador pero dudoso cronista. Cuando una película, o su cineasta, dice que muestra “la verdad de…” en sus imágenes, lo más probable es que alguno esté mintiendo. O al menos distorsionando la realidad para traducirla a un lenguaje mediático, no periodístico y mucho menos cinematográfico. Uno de los pocos aciertos de la película es citar a Víctor Hugo al final, afirmando que no existen malas hierbas ni personas malas, sólo malos cultivadores. Justo el caso para malos cineastas.

Bacurau
de Kleber Mendonça Filho & Juliano Dornelles
Sección: Competencia Oficial

Hay una frase en Les Miserables, de Ly, la película que precedió en la competencia a Bacurau, que fácilmente podría aplicarse a la nueva película del brasileño Kleber Mendoça Filho: No puedes contener la ira. Muchas de las películas que compiten en la mayor parte de los festivales del mundo (particularmente las que vienen o tocan temas relacionados al colonialismo contemporáneo o a la explotación laboral o cultural), parten de la rabia para construir sus discursos. Rabia mayormente validada y aplaudida en estos festivales, aunque rara vez otorga más que una desaforada catarsis. Bacurau es pura catarsis, finamente contada en una prodigiosa primera parte que detona en una violenta fantasía revanchista –dirían algunos jocosamente la venganza de Lula da Silva– en un contexto abiertamente neofascista.

Ofreciendo como lectura fácil e inmediata el ascenso de Jair Bolsonaro en Brasil, Bacurau no dista mucho de la forma en la que el mismo Bolsonaro hace propaganda no política. Aquí la cuestión parecería radicar en qué tipo de propaganda nos parece más justa o aceptable.

Bacurau presenta el enfrentamiento, en un futuro no especificado, entre un pequeño poblado en medio de Brasil –sumido en el duelo por la muerte de su matriarca Carmelita– y un grupo de obscenamente furtivos cazadores anglosajones inspirados por Rambo y dispuestos a competir para ver quién suma “más cadáveres”.

Codirigida junto a Juliano Dornelles, Mendoça Filho filma en una clave muy distinta a la sutileza de Aquarius, aunque repite el uso de una magnifica Sonia Braga, los mejores momentos de Bacurau son los que guardan un aura misteriosa, totalmente disipada en un visceral y, no por ello, menos gratificante acto final. La película, más que crear una distopía de los injustamente marginados y silenciados, crea una utopía para la rabia y la violencia.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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