‘Furia de Titanes 2’: Mitología descafeinada

En su primera parte Furia de Titanes (Clash of the Titans, 2010) era un compendio de efectos especiales con el pretexto de actualizar el clásico de Ray Harryhausen del mismo nombre. Aquello terminó al más puro estilo de Michael Bay: muchos efectos especiales, mucha acción y cero guión. Además de que meses antes de su estreno, el furor por Avatar y el 3D provocó que el estudio tomara la decisión de transformar la película a dicho formato resultando en quejas de los espectadores por los malos resultados de la transcisión.

Diez años después de la primera parte, Perseo (Sam Worthington) busca vivir una vida tranquila como pescador junto a su hijo, Helius (John Bell). Los dioses han perdido fuerza debido a que la humanidad ya no cree en ellos y por lo tanto no rezan. Así, los titanes, comandados por Cronos, pueden liberarse de la opresión de Zeus (Liam Neeson) y cobrar venganza.

La historia para esta secuela es original, pero tiene la misma falla que la cinta del 2010: los personajes son unidimensionales y no van más allá de lo que sabíamos con anterioridad de ellos o lo que plantea su primera aparición en pantalla. Quizá las únicas excepciones sean Zeus y Hades (Ralph Fiennes).

Hay que reconocer que los efectos especiales lucen increíbles y que son resultado de un trabajo minucioso sobre cada criatura mitologica. Pero en este caso no agregan nada al producto final. Es como visitar la Casa del Tío Chueco por enésima vez, ya sabes que al entrar el guia contará cómo es que la casa quedó encantada y chueca, pasarás a un cuarto dónde a pesar de la inclinación una escoba se mantiene derechita, después el guia pedirá un voluntario y lo equilibrará sobre una silla sin caerse, sigue el truco de las bolas de billar, y listo, estás afuera de la atracción con el sentimiento de que ya sabías exactamente lo que sucedería. Que es exactamente el sabor que deja Furia de Titanes 2 y en general cualquier blockbuster norteamericano.

Inclusive las historias secundarias quedan en la calidad de anécdotas. La relación de Perseo (Sam Worthington) y Andromeda (Rosamund Pike), la pelea por el cariño paterno de los hijos de Zeus, la pelea de los dioses contra su padre Cronos, o la relación de Perseo y su hijo. Ninguna ayuda a que el guión tome fuerza o despegue en alguna parte de la película. Sam Worthington tampoco ayuda a la causa, si él es el héroe que salvará al mundo de Cronos, más vale comenzar a rezar.

Wrath of the Titans tampoco funciona como clase de mitología, la cual es un mero pretexto para lucir la calidad que han alcanzado los efectos especiales. Pareciera que los guionistas tomaron una lámina de su juego de El Lápiz Que Habla y eligieron a las criaturas que lucirían mejor en pantalla. Quizá fue lo único en lo que pensaron.

Por Rafael Paz (@pazespa)

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