FICUNAM | ‘Stella Cadente’ es de “espíritu republicano”: entrevista con Lluís Miñarro

En la escena más significativa de Stella Cadente (2014), Amadeo I Duque de Aosta recién nombrado Rey de España entra al sanitario, tras despojarse de su pantalón y sentarse en el “trono” nota que su sombra de refleja en la pared, como un niño comienza a jugar con sus dedos y la proyección en la pared, simulando una corona alrededor de su cabeza. Es ahí, en ese fugaz momento, donde Amadeo puede verse con su corona plenamente. Nunca más podrá hacerlo. Arrinconado por el parlamento –”usted firme y ya”– y recluido en su castillo, nuestro protagonista en un progresista sin país en el cuál implementar sus ideas, un monarca sin espacio para gobernar, limitado a disfrutar de los placeres más mundanos con los pocos cortesanos fieles que se mantienen a su lado.

La patética situación es usada por Lluís Miñarro en su primera incursión en el cine narrativo, después de más de dos décadas de dedicarse a la producción –de Lisandro AlonsoApitchapong WeerasethakulManoel de Oliveira– y posterior al cierre de su compañía, para jugar con diferentes géneros cinematográficos. Es, como lo describió mi compañero JJ Negrete, “un filme de sofisticadas disonancias entre un romanticismo clásico y un disruptiva modernidad, haciendo rupturas inesperadas en el ritmo, digresiones, siendo conservadora por momentos para después romper en coqueto baile sesentero.” En el marco de la quinta edición del Festival Internacional de Cine UNAM (FICUNAM) tuvimos oportunidad de charlar con Miñarro sobre su trabajo, a continuación reproducimos la entrevista:

Butaca Ancha (BA): ¿Qué fue lo que llamó su atención del personaje del Duque?

Lluis Miñarro (LM): Lo que primero me llamó la atención es lo desconocido que es en España y en Italia, su propio país. No hay nada más cinematográfico que descubrir de repente que puedes bucear y escarbar un terreno desconocido. Para mi introducirme e intentar hallar cosas de Saboya fue todo un descubrimiento y a la vez un reto. Un reto conmigo mismo porque encontré muy poco de información en España, la tuve que complementar con otra información que hallé en Turín, en la Casa de Saboya, de dónde él era originario.

BA: En la película el conde intenta implementar reformas progresistas y se lo impiden. Hace poco su productora, especializada en cine de arte, cerró. ¿Algo de su historia personal se filtró a la película? 

LM: Puedes verlo así. Está bien que lo digas, no todo mundo sabe eso porque no todo mundo me conoce. Aunque es independiente de la película, ésta se vale por si misma. Aquel que me conoce puede sacar conclusiones de este tipo que son muy acertadas, de alguna forma yo llevo 25 años luchando contra una pared intentando defender un cine que cuesta mucho poder hacerlo, circula mucho en los festivales internacionales y después no tiene respuesta en las salas de cine tradicionales. Cuesta mucho que se vea, al menos en España, en las salas de cine normales, se ve en universidades, cineclubes, cinematecas o en sitios especializados. Ahí puedes ver cómo alguien que intenta defender una idea, si quieres romántica, se da de bruces con una realidad que se lo impide. Sí, lo puedes ver así también.

BA: De entrada la cinta luce como un drama de época, aunque se desarrolla con una comicidad casi patética…

LM: Sí, el rey es un pelele. La película está vista de manera bastante irónica, desde el punto de vista que aprovecha lo histórico para reflejar, como si fuera un espejo, ciertas realidades no asumidas o cambiadas, desde una perspectiva de juego. Stella Cadente tiene una serie de juegos para que el espectador pueda hacer con ellos su propio viaje, un trayecto a través de esas sedas, esas imágenes, esas joyas y esos personajes. ¿Por qué hacerlo así? Porque la vida va más allá de la política y los grandes problemas, la vida tiene elementos suficientemente bellos como para que nunca los aprovechemos.

BA: Hay un cruce muy interesante en ese sentido, porque hay una recreación pictórica realista que se rompe con unos cortes musicales muy setenteros, es un juego disfrutable de fondo e imagen…

LM: Yo creo que el arte en general y toda propuesta creativa ha de ser un poco revolucionaria, en alguna medida. Tiene que provocar algo, no puede dejar indiferente, ha de ser inesperada. Entonces yo he intentado reflejar eso en Stella Cadente, si te lo tuviera que resumir de alguna forma, te diría que es una película de estética monárquica, porque tiene todos los elementos como bien dices, pero de espíritu republicano. Lo que subyace detrás no es anticuado, es la apuesta por la nuevas reformas, las ideas y el espíritu más libre.

BA: Incluso esas ideas conectan a la película con la situación actual de España, donde la política se estanca…

LM: Sí, es así porque los grandes problemas de España todavía no se han solucionados. Los conflictos territoriales, por ejemplo, en las diferentes comunidades todavía se plantean si España debe ser una monarquía o una república. Todavía la iglesia tiene mucho poder en las decisiones del Estado. Los problemas que había en 1870 están vigentes, es una cosa que nunca acaba por cerrarse. Siempre está ahí pendiente de que alguien llegue y lo resuelva, luego llega alguien y lo intenta. Como este pobre desgraciado de Saboya y nadie le hace puto caso. Al final se tiene que regresar a su país.

BA: Hay una imagen de una tortuga llena de joyas que avanza siempre lentamente. ¿La política es así? ¿siempre llega tarde a las soluciones? 

LM: La imagen surge desde otra perspectiva: dios. Yo le llamo la providencia en los créditos, porque una tortuga es más longeva que nosotros, vive más años, observa sin intervenir, pasa por ahí. ¡Es como dios! Llena de joyas y lujosa, sin intervenir en los asuntos de las personas en la Tierra, fue más en ese sentido.

No es gratuito porque si tú compruebas las catedrales góticas o románicas, incluso templos hindúes, verás que a veces como soporte de las columnas del edificio hay cuatro cabezas de tortuga. La película está llena de símbolos no hay que verla desde el punto de vista de ellos porque estos actúan por sí mismos. Te dan a ti información o referencias al margen de que intentes entender lo que significan. Hay claveles rojos porque la situación es dramática; si es nostálgica, hay lilas violetas.

He jugado mucho con los colores, los tejidos y todos los elementos plásticos estéticos.

Por Rafael Paz (@pazespa)

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