FICUNAM | ‘Samurai-S’ y la desarticulación oscura

Ai aia aia
Ia ia ia aia ui
Tralalí
Lali lalá
Aruaru
Urulario
Huidobro

Regresar al origen. Pensar los inicios en sus posibilidades; desarticular el lenguaje para ver a través de la imagen. Raúl Perrone obliga los límites alcanzados en P3nd3jo5 (2013) para presentar un imaginario no sólo transgresor, sino lúdico, dialéctico, provocador y lírico.

La narración, abierta en tres capítulos, arriesga por el poder de la imagen; la preponderancia en el filme apunta a la esfera sensorial más que a la argumental. Perrone, punta de lanza del cine independiente argentino, regresa al cine silente; comprende su estructura para colisionarla con un elemento que se ha vuelto fundamental en la última década: la experimentación con la banda sonora. Imagen dialéctica que nos arroja una forma de la memoria cinematográfica (cine silente) con un género, también, de índole clásica (samurái) y la apropiación lúdica de técnicas digitales tanto en el montaje como en el sonido.

El primer momento de la esfera caleidoscópica, inabarcable y tensa de Samurai S, pareciera comenzar de manera pulcra con un plano cenital que bien pudiera ser una foto fija, pero romperá con el encuadre simétrico para hacer uso de la sobreimpresión: imágenes sobre imágenes que por momentos funcionan como una descripción espacial y narrativa y, por otros, como un experimento visual de psicodelia oscura.

Guiños a los fundamentos del cine, por momentos, como si sólo duraran un fotograma, vemos a Eisenstein, las cabezas musicales de Méliès, los acercamientos violentos del expresionismo alemán y encuadres muy cercanos al terror. Si la brújula es la imagen, entonces, la luz se vuelve el oriente: claroscuros de un goya digital, luces en perpetuo movimiento (la esfera de discoteca a hipervelocidad que nos conmovió en Una chica camina sola a casa de noche (A Girl Walks Alone Home at Night, 2014), lluvia/ruido/erosión en primer plano y destellos pseudo estrobóticos que tensan el tiempo para alargarlo, para repetirlo.

Tres narraciones que comienzan con maquillajes ultrarecargados, samuráis y geishas que beben de los grandes ademanes y gesticulaciones, venganza por el asesinato del primogénito en un prostíbulo. Conforme la hidra comienza a desenrollarse, las narraciones se vuelven más nítidas en su forma; el ruido/lluvia/erosión escampa para que las secuencias monocromáticas apunten a la precisión.

Un matrimonio forzado que divide, como la pantalla, en bueno y malo, en una tensión que construye momentos líricos memorables. Flores de cerezo o estanques en calma para una escalera en espiral de ascenso vertiginoso. Un samurái ciego que sangra desesperación y exhala memoria. Un oráculo maldito que entre las sombras adivina el amor o la belleza, que por momentos se besan con lo verdadero.

Perrone se desplaza con ingenio en el espacio y tiempo para estirarlo, dislocarlo y qué mejor manera que aquella estridencia musical engendrada en los sesenta:  jump cuts articulados en  loops que nos reiteran una y otra vez la técnica y la experiencia sensorial. Búsqueda de la desesperación y malestar en el lector, de repetición e hipnosis: la comodidad de la butaca se vuelve el espacio para violentar y desesperar.

Regresar al origen, para apre(he)nderlo y transgredirlo, para oscurecerlo y que hable desde lo oculto, desde lo que queremos evitar.

Por Icnitl Y García (@Mariodelacerna)

SAMURAY-S de Raul Perrone from Trivial Media on Vimeo.

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