FICUNAM | Ahora México: De chile agrio, dulce rancio y manteca fina

Muchos comentadores fílmicos hacen hincapié en que, invariablemente, las selecciones más flojas de cada festival hecho en México son, precisamente, de las películas mexicanas. ¿Problema de producción o curaduría? El debate en torno a esto apenas se abre, lo cierto es que cada película vista nos deja con más o menos para discutir dependiendo de su propuesta y calidad, aquí comentamos tres de las películas en competencia:

  • Las Letras de Pablo Chavarría

Junto al periodismo político, el activismo se ha vuelto una de las actividades más peligrosas de llevar a cabo en México desde hace ya varias décadas y los abusos cometidos por parte del Estado hacia ellos no ha minado en varios el espíritu de aguerrida lucha. Alberto Patishtán, maestro y activista chiapaneco, fue acusado y encarcelado de haber asesinado a cuatro policías y las cartas que envío desde prisión se convierten en el material con el que el joven cineasta regiomontano Pablo Chavarría construye un intrincado documento fílmico, tras haber explorado derroteros más radicales en su anterior trabajo, Alexfilm (2015).

Las cartas de Patisthán, a sus hijos o sus compañeros, son interpuestas con eficientes travellings- particularmente bueno resulta aquél en el que un grupo de niños termina por hallar el cráneo de un buey-  generando un discurso alejado de las reglas de la mera denuncia panfletaria, haciendo un agudo uso del montaje- como esa transición de la recreación del “crímen” de Patishtán a un puente por el que pasan sus hijos- pero que de repente se ven perdidas en marasmos intelectuales como esos desconcertantes interludios “artísticos” como el percusionista Milo Tamez o una joven que hace performance corporal, descontextualizando (¿o recontextualizando?) el caso de Patishtán.

Chavarría, también biólogo, tiene ideas y posturas interesantes, pero que por momentos podrían llegar a parecer gratuitamente crípticos o deliberadamente complejizados, que hacen que su trabajo sea descalificado o desdeñado, pero pocos cineastas se pueden expresar con tal libertad, aun incluso bajo el auspicio del estado.

  • Los herederos de Jorge Hernández Aldana

A pesar de contar con una fértil producción de cortos y largometrajes, sería muy oportuno para la casa productora de Michel Franco, Lucía Films tratar de replicar el estilo y temas que el cineasta ha manejado en otros momentos de su filmografía, algo que es palpable en el segundo largometraje del cineasta de origen venezolano Jorge Hernández Aldana en la seca Los herederos, que aborda los peligros de la permisividad de los padres de clase alta y de cobijar una vida sin consecuencias. De estilo inexistente y narrativa apenas cumplidora, el filme de Hernández resulta afortunado únicamente por escasos momentos, pero su opacidad y afán de desdramatizar lesiona su moralizante esfuerzo.

  • Ícaros de Pedro González Rubio

El cineasta y documentalista mexicano Pedro González Rubio se ha forjado un nombre indiscutible en el panorama cinematográfico mexicano actual, en gran medida gracias a su bellísimo trabajo en Alamar (2009) para después trasladarse hasta Japón colaborando con la cineasta Naomi Kawase con resultados menos satisfactorios con Inori (2012). Para su más reciente trabajo, Ícaros (2014), González Rubio captura a un hombre español que durante los años 70 se negó a realizar su servicio militar huyendo a América Latina, específicamente recluido en los bosques de Costa Rica, donde ahora es un sabio chamán.

Continuando en una vena naturalista, desprovista de preciosismos o pretensiones artísticas huecas, González Rubio ahonda en su fascinación por una visión profundamente respetuosa de la naturaleza en un hombre solitario, exiliado de la civilización y las cuestionables obligaciones que la misma impone sobre él. De belleza fotográfica palpablemente natural, ícaros no ahonda ni pretende profundizar demasiado en sus temas y González Rubio se queda a medio camino entre una etnografía y un retrato fílmico, indeciso entre que camino perseguir, como un ciudadano en medio de la más inhóspita selva.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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