FICUNAM | ‘O Futebol’: La copa de los padres

Una de las cualidades más peculiares y entrañables que tiene el deporte es la creación de vínculos masculinos y la edificación de puentes comunicativos entre generaciones de hombres que comparten, la mayor parte del tiempo, silentes, alguna transmisión deportiva. El cineasta y periodista brasileño Sergio Oksman reconoce y reivindica de manera tácita la importancia de tales vínculos en su más reciente docuficción O Futebol que se presentó durante la más reciente edición del Festival de Locarno.

Oksman borda una ficción anclada en su historia personal junto a su padre Simao, a quién no ha visto en casi 20 años, “montando” un regreso a Sao Paulo en la víspera de la Copa del Mundo celebrada en 2014, con la esperanza de ver los partidos con su padre, como solía ser en su infancia. El docufilme, finamente estructurado alrededor de la calendarización de los juegos, evoca dinámicas de interacción muy cercanas a cualquiera que haya sido espectador de algún evento deportivo junto a su padre, desde los silencios hasta las discusiones de aficionado, sin olvidar los inevitables compromisos laborales y promesas no cumplidas que, aún a la distancia, son recalcitrantes en el dolor que causan.

Sin embargo, a pesar de contar con una temática solida y cierta pericia en el montaje, Oksman difícilmente llega a asestar el golpe emocional que la premisa inicial promete y termina siendo una historia mas relevante a quién la cuenta, muy en la vena de una gran parte de los filmes del cineasta italiano Nanni Moretti (Caro Diario, 1993; Mia Madre, 2015), sintiéndose menor a otros trabajos que han tomado el deporte como un punto de reflexión sobre los lazos masculinos, desde el fascinante ensayo Al dolea joc (2014) del rumano Corneliu Poromboiu, hasta la pugilista sensibilidad del Creed (2015) de Ryan Coogler.

La figura de Simao, híbrido de ficción y realidad, sea quizá lo más destacable de O Futebol, se convierte en la develación de un secreto de la paternidad: la responsabilidad y el trabajo suelen ser excusas para evitar confrontarse a la amenaza más intimidante: los hijos, pero mientras haya futbol, la brecha del silencio de llenará con un balón y una cerveza.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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