FICUNAM | Q&A: Artemio Narro sobre ColOZio

El trabajo más reciente tras la cámara del artista plástico Artemio Narro (Me quedo contigo), ColOZio (2020), se estrenó a principios de año en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam (IFFR) y actualmente forma parte de la Competencia Internacional de la décima edición del Festival Internacional de Cine UNAM (FICUNAM).

La película nos transporta a tres días antes de la fatídica visita de Luis Donaldo Colosio a Lomas Taurinas, en la ciudad de Tijuana. Un par de adolescentes en la Ciudad de México disfrutan de una sesión de ácido y tornamesas, la sustancia parece no sólo alterar su entorno sino conectarlos a un plano existencial diferente porque una voz en su televisión profetiza la muerte del candidato presidencial del PRI y ellos son los únicos con posibilidades de salvarlo.

Tuvimos oportunidad de platicar con el realizador de los temas detrás de la anécdota de la cinta durante FICUNAM, a continuación reproducimos la charla:

La película surgió, según entiendo, de una anécdota personal que te sucedió el día que mataron a Luis Donaldo Colosio, ¿qué tanto ha cambiado Artemio Narro desde entonces?

Artemio Narro (AN): Bastante, cuando lo mataron tenía 17 años y mi cosmovisión, mi universo existencial, mi formación era mucho menor a la de ahora. Se quedó sólo una cosa, cambió la forma y no el fondo. Si hubiera filmado hace 20 años ColOZio, quizás, esa película hubiera sido una tontería absoluta, ahora es una tontería con sentido.

Hay cosas que lleva uno en el equipaje desde siempre, hay otras que no. Incluso, cuando mataron a Colosio y pensé “que divertida película”, nunca pensé que iba a hacerla, nunca pensé en hacer una película sobre el asunto. Años después, pensando en otras cosas, vi que podía retomar la idea básica y darle una vuelta.

De manera reciente se han dedicado varias producciones a la figura de Colosio, también al año de 1994, ¿por qué estamos revisando ese año del país?

AN: Hay dos opciones. La primera nos hace pensar en teorías de conspiración, ¿quién está interesado en la existencia de esas producciones? La otra es que cada determinado tiempo se revisa la historia, se da en todo el mundo. Si te fijas, lo que consumimos en Netflix o en Amazon también son cosas que hacen referencia a los 80 y 90, en los 90 veíamos cosas sobre los 70 y 50. Cada determinado tiempo tenemos la necesidad de revisar nuestra historia.

ColOZio destaca porque las otras producciones tienen un acercamiento más serio o académico…

AN: No sé si son académicas. Vi la serie/telenovela de Netflix y no me pareció muy académico, aunque me gustó. Los documentales tienen una cosa de querer saber qué pasó pero no sé qué tanto desde el punto de vista de quienes nos tocó vivirlo. Vi mucha melancolía. Yo tenía 17 años en el 94 y siento que tengo más información de la que me dieron esas producciones. Están muy bien, me gustaron, pero buscan otras cosas.

Yo tomo el pretexto del 94 y de Colosio para hablar de algo más general. Tiene que ver con México, pero no necesariamente con ese año.

Tu película me hace pensar en un país atascado siempre en lo mismo, buscando el caudillo que resuelva todos los problemas.

AN: Es una cosa bien mexicana, nos encanta esperar. Nuestro vicio favorito son la simulación, la mentira y la mediocridad. Ahora no se trata de achacarle todo a López Obrador, aunque también son cosas que López Obrador propuso. No es de decir “ayúdenme”, se sigue presentando cómo el súper hombre capaz de salvar la nación.

El problema principal lo tenemos los mexicanos como grupo cultural, creemos, nos encanta que nos mientan, nos fascina la mentira. Nos fascina pensar que algo pasará que nos va a salvar. Va a llegar el Melate, me lo voy a ganar y no tendré que trabajar. Es algo que me interesaba reflejar mucho en la película. No sólo hablar del asesinato, en el caso de la película es sólo una excusa para pensar en otros temas.

Revisar el asunto de cómo somos los mexicanos, habla más de México que de Luis Donaldo.

Precisamente, ¿cómo podrían estos marihuanos impedir el asesinato de Colosio? Están condenados a fracasar.

AN: Para mí, la película es eso. Una suerte de épica del fracaso. Es una contradicción, pero México es un lugar lleno de contradicciones. Entonces, en esa obsesión por ir todos quieren salvarlo, pero no quieren realmente salvarlo. Quieren sacar un beneficio propio, algo que nos caracteriza constantemente.

Si hubiera hecho esta película a los 20 años no habría pensando en ningún momento en puntos como estos, en estos matices de México, habría sido una comedia nada más, el chiste de no llegar a salvar a Colosio.

La película tiene una faceta bastante provocadora, los créditos están insertados al inicio y en ellos agradeces a diversas instituciones que no ayudaron a hacer la película. Un atrevimiento que pocas producciones nacionales se permitirían…

AN: Yo siempre tengo problemas con la autoridad. Soy de escuela activa, pues. (risas) Por otro lado, creo que si queremos generar un cambio en el planeta, en la sociedad, tenemos que dejar a un lado el silencio. Es un ejemplo que nos están dando las mujeres, no hay más silencio. Se acabó. De qué sirve que estos festivales no me apoyaron, al final es darles las gracias por no estar. No es “malditos no me quisieron” sino que a pesar de eso existimos.

Este cuidado por las formas ha uniformado al cine mexicano, ¿no?

AN: Siento que tienes razón, pero no lo dije yo (risas). Uno de los grandes valores de ColOZio es su discurso, no está buscando complacer a nadie, ni de quedar bien. Finalmente, es una película con opiniones personales y un punto de vista.

Me era importante hacer una película que fuera más allá de Colosio, su asesinato marcó a mi generación. No sé si era el personaje que iba a salvar a la nación, pero sí creo que es como un amor que no te peló. Un poco refleja nuestro fracaso colectivo, como cuando pierde la Selección Nacional y pensamos “pudimos ser campeones”. “Es que Colosio nos hubiera sacado de pobres”, lo mismo que estamos viendo, no va a pasar nada pero delegamos en un poder superior, como los alcohólicos anónimos, la responsabilidad colectiva y social.

Por Rafael Paz (@pazespa)

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