FICUNAM | ‘Costa de Morte’: Las latitudes del recuerdo

La niebla suele presentarse como un elemento enigmático dentro de un lenguaje cinematográfico tradicional, un elemento que esta definido por su ambigüedad, su densidad y su abstracción física. Resulta bastante apropiado que sea este elemento el que revista con firme belleza pero marcada distancia la zona conocida como La Costa da Morte.

El cineasta español Lois Patiño, de amplía trayectoria en galerías de arte, museos y festivales internacionales, presenta con sólido rigor y precisión estética una región del norte de Galicia, la cual era considerada como el “fin del mundo” en tiempos de los romanos. Debido a su bruma perpetua, muchos navíos perecieron en sus rocosas costas, perdiendo cargo y en algunos casos, vidas humanas.

El formalismo del filme es notable, con esporádicos momentos flahertianos (Nanook, 1922; St. Louis Story) o en una nota más contemporánea al estilo del gran documentalista chino Wang Bing, Patiño presenta una especie de terapia óptica en la que nuestros ojos de deslizan, penetran y se ahogan en el estoico clima, basado en planos largos mientras que voces en off rescatan detalles sobre el origen del nombre de la zona o de naufragios, como si todo el testimonial no fuera más que un eco de lo que esta constantemente a cuadro, el diálogo que la memoria y el espacio entablan con la audiencia.

Existen vínculos de carácter simbólico, como la tala de árboles que es vinculada con la muerte, no sólo del espacio físico, sino del recuerdo natural; esta atención a la panorámica, no ilustrativa sino definitoria, nunca pierde su sentido original. Los actores, que en este caso son pescadores y artesanos, parecieran deber su existencia y relevancia a la Costa da Morte y la mitología construida alrededor de la misma, lo cual lleva a una reflexión de cauce antropológico, otra de las virtudes invisibles del filme de Patiño.

En esta tierra dominada por la niebla, se conjuntan una aridez templada, la cotidianeidad afincada mientras que la historia flota alrededor de la misma y distancias casi glaciales en las que lo único certero es lo ominoso de una catástrofe que siempre amenaza con venir pero que nunca parece llegar. Ente y espacio en la Costa da Morte.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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