FICM | ‘All is Lost’: Aristóteles y el mar

Dentro de su Arte Poética, el filósofo y científico griego Aristóteles establecía la lucha del ser humano contra la naturaleza como uno de los tres conflictos básicos para toda obra sólida (los otros dos son el hombre contra otro o contra una deidad). Observador del comportamiento humano y piedra angular en toda obra dramática, con suma vigencia hasta nuestros días, Aristóteles expuso dentro de sus cerca de 200 tratados, muchas máximas que centran al ser humano y su posición en el mundo.

De tibio recibimiento por parte del público pero con un tono positivo dentro de la crítica especializada, la película All is Lost retoma uno de los viejos conflictos dramáticos en mención para entregarnos una película pulcra y minimalista en sus formas, pero de corte profundo y hasta filosófico, en donde las lecturas del espectador pueden volar libres a través de una historia sencilla y un guión orgánico.

La segunda película del director J.C. Chandor (Margin Call, 2011) da un giro de estilo considerable, al cambiar del drama financiero de su opera prima, para darnos 106 minutos de un estupendo Robert Redforfd, quien a sus 77 años nos entrega una de sus mejores actuaciones, estelarizando a un marinero de quien no sabemos a bien su nombre y su origen o destino, sólo que se encuentra varado en medio de altamar, con su bote averiado y todo su conocimiento y fuerza para enfrentarse al inclemente mar, con los días contados.

Escases de diálogos, casi una primera hora sin música y sólo acción entre Redford, el bote y la naturaleza son los elementos de un drama de altas olas, en las que la esperanza de vida es esa luz invisible que tintinea conforme los días y los recursos parecen agotarse. Quizás Aristóteles nos lleve a buen puerto, a través de la revisión a esta obra, que no extrañaría verla contender por un Oscar en la próxima entrega del galardón.

“No se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho.”

Cuando despierta, Redford se da cuenta de que su barco chocó con un contenedor. Lo lógico e inmediato es repararlo. Luego se enfrenta con tormentas, con la merma de provisiones, con más tormentas, con el hambre, soledad y desesperación.  Sobrevivir en altamar (y en la vida) no es para cualquiera; el marinero sabe que ha llegado ahí por pie propio, está preparado, sabe cómo funciona un barco y cómo se comporta la naturaleza.

“El ser humano no hace nada que no sea por necesidad.”

Lo fuerte para nosotros, como únicos acompañantes de angustiosas e imponentes escenas de peligro en altamar, quizá sea no lograr dilucidar si hay una convicción propia, si hay un motivo de amor, venganza o renuncia, si fue un error de cálculo o simples ganas de morir. Redford está ahí para desatar un nudo, aunque a veces saber cómo está hecho es quizás la mitad de su solución. Él come, repara y va echando mano de lo que tiene porque eso hay que hacer y no otra cosa. No se congratula, trata de no perder los estribos, no se deprime ni va improvisando. La única batalla que hay que vencer es no morir.

“El arte es un tipo de conocimiento superior a la experiencia.”

Los pocos elementos que vemos en el personaje bastan para saber que hay algo más que fanatismo, pasión y conocimiento para la empresa en el mar. Instrumentos de medición muy precisos, mapas especializados, un anillo que denota un amor por los fenómenos naturales. Pero sólo son suposiciones. El marinero no sólo tiene experiencia y agallas, hace de la sobrevivencia y la reacción ante las adversidades un arte, las sublima por necesidad, no por probar un punto ante nadie.

“Fuera de la sociedad, el hombre es una bestia o un dios.”

Soledad, no hay amigos, no hay compañeros ni familia, no hay un amor que redimir, de cara a la vejez, Redford es el único humano contra el inmenso mar, es un animal que sobrevive y que lucha sin dar bandazos. No hay principio claro que revista a nuestro personaje, no hay un final claro que atisbe si quiera que lo logrará. ¿Lo logrará?

“La felicidad está en los que se bastan a sí mismos.”

Seguramente la batalla que emprende el protagonista de All is Lost no haya sido la original, pero tampoco es que le extrañe. No es un asimilado ante su conocimiento, no se rinde ante su ‘destino’, no vemos ninguna inclinación por la espiritualidad ni el depósito de nuestro futuro ante las deidades. Es un tipo que se tiene a sí, que, efímero como él y como sus herramientas, la mayor felicidad no se encuentra ya siquiera en sobrevivir, en cumplir una meta inicial o saberse autosuficiente. No morir es la luz en la superficie.

Por Ricardo Pineda (@Raika83)

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