‘El porvenir’ y la ola de los cambios

La transición de la edad representa experimentar nuevas vivencias de acuerdo a las circunstancias y a las incertidumbres que se presentan, con el paso del tiempo como el detonador de los cambios del proceder humano.

Si bien la temática, recientemente abordada con el enfoque realista de Richard Linklater en Boyhood: momentos de una vida (Boyhood, 2014), se presta para abusar de los recursos del melodrama, en El porvenir (L’avenir, 2016), la realizadora Mia Hansen-Løve, le otorga un toque introspectivo, realista y frágil. Nathalie (Isabelle Hupert) es una maestra de Filosofía que enfrentará una serie de separaciones y modificaciones a nivel profesional y familiar, iniciando con la infidelidad de su esposo Héinz (André Marcon).

Ganadora del Oso de Plata a la Mejor Dirección en la edición 88 del Festival Internacional de Cine de Berlín, la sencillez del relato hace hincapié en la importancia del tiempo, presentando la felicidad de una familia pequeña en una casa de campo, con los hijos gozando de la edad de la infancia. La unión realiza una sutil transición a una etapa de adultez, provocando una separación en la que la rutina carcome al indiferente núcleo, sumergido en sus actividades personales, con el divorcio poniendo en jaque mate la zona de confort de Nathalie (una sobresaliente Isabelle Huppert).

El intercambio de ideas, oscilando en la queja social de estudiantes, la visión de la política con el presidente en turno y las responsabilidades, guían hacia el cuestionamiento de la restricción de la libertad en sus diferentes manifestaciones, una que limita a la protagonista por la carga de emociones, como el peso de la responsabilidad con el cuidado de su madre, la dependiente Yvette (Edith Scob).

La calma resalta la paulatina transición en las que la aceptación de los cambios en el entorno obliga a hacer lo propio para afrontar un mejor futuro. La presencia del ex alumno Fabien (Roman Kolinka) representa la posibilidad de abrazar los cambios en las percepciones intelectuales y el declive profesional refleja la importancia de aceptar la diferencia de mentalidades generacionales en las que sus libros de enseñanza filosófica son calificados como obsoletos por la editorial que los publica. Los jóvenes abrazan la lucha social y la elaboración de opiniones sin ningún tipo de influencias, mientras que los más viejos optan por preservar la tradicionalidad.

El porvenir es una íntima reflexión de la soledad y la aceptación de los sucesos en la cotidianidad, las representaciones del amor, el realismo y el idealismo, otorgando un redondo cierre que plasma la variante de temporalidades de la existencia.

Por Mariana Fernández (@mariana_ferfab)

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