‘El ataque de los pájaros’: “Piquen pajaritos, piquen”

La revuelta aviar

La revuelta aviar

Existe una saludable cantidad de ideas que podrían ser interesantes en la amplía filmografía del cineasta mexicano René Cardona Jr., hijo del legendario René Cardona, quien dirigió varios filmes para El Santo. Estas ideas se ven eclipsadas por una realización que antepone el impacto a la factura, la velocidad a la técnica y la seriedad a una burda e hilarante dimensión fílmica. Cardona Jr. se apropió en varias ocasiones de las grandes producciones hollywoodenses para regurgitar tropicalizaciones embarradas de un pervertido sentido del gusto y la originalidad; hamburguesas con salsita borracha.

Testimonio de ello nos queda en SOS: Operación Bikini (1967), con el inolvidable y suave Alex Dinamo (Julio Alemán), la terriblemente eximia Tintorera (1977) y la chabacana El rey de los gorilas (1977), ambas protagonizadas por el gran Hugo Stiglitz. En 1987, Cardona Jr. se decidió a tomar una de las vacas sagradas de la cinematografía mundial, el enorme británico Alfred Hitchcock, para picarle las ubres impíamente con sus revoltosas aves en El ataque de los pájaros.

¡Al agua patos!

¡Al agua patos!

Partiendo claramente de la sublime The Birds (1963) de Hitchcock, e incluso siendo vendida en territorio italiano como una secuela, Cardona Jr. presenta la historia de una reportera que quiere hablar de cosas “importantes” (ya sabes, como Aristegui wooe) que es enviada a investigar el ataque perpetrado a un granjero por unas voraces gallinas. Pero comienzan a brotar ataques aviares en todo el mundo.

Donde el filme de Hitchcock dejaba en un misterio insondable el origen de los ataques, Cardona Jr. elige una idea mitológica y semiprofética  sobre “grandes pájaros de fuego” proveniente de Machu Pichu, en un intento por dignificar su atrabancada visión. Desde las primeras escenas, Cardona Jr. establece que su versión del ataque aviar será más cabrona, con prominentes chorritos de sangre, así como un aumento en los escenarios y especies de ataque -que más bien parece atasque- entre las que podemos ver canarios, gallinas, cotorritos y palomas picotear a gusto en iglesias, parques, coches y hasta en el mar.

Como es costumbre, el problema central es que la amenaza rebasa en inteligencia a quien la padece. Los personajes parecen una lotería de serie B que incluye (favor de decir cantado) al doctor asiático, el del parche, la reportera, los calientes, la familia y, por supuesto, la encuerada. Resulta más fácil recordar detalles del águila de la primera escena de la película que a Michelle Johnson en el papel de la reportera. No así, Christopher Atkins (el güerito encuerado de La laguna azul), le añade una refrescante y discreta guarrez a su personaje de nefasto camarógrafo de TV, mientras que Salvador Pineda la hace de papá refunfuñón y Sonia Infante como su botoxizada esposa (ya desde entonces).

“¡Chupale pichón!”

“¡Chupale pichón!”

Confundiendo plastas de violencia con transgresión y dispersión con expansión, Cardona Jr., jugándole al “jishcok”, nos regala una muestra más de una tradición fílmica tan torpe como noble: la ciencia ficción en México, que en el caso particular de El ataque de los pájaros se decanta por una histeria jocosa, dramatismo ridículo en cámara lenta, bordando una historia en la que se pasa del ecoterrorismo al ecocatequismo y en la que los humanos somos el alpiste más insípido.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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