Black Canvas | Los fundadores, una entrevista con Diego Hernández

La primera ficción de Diego Hernández, Los fundadores (2021), aborda la manera en que “el desarrollo profesional de los estudiantes universitarios Renee, Andrés, y Diego se ve afectado debido a un desvío de recursos por parte de las autoridades. Envueltos en una comunidad pasiva y desorganizada, la inconformidad con la postura tomada por su escuela provoca una búsqueda de vías que puedan darle efectividad a sus demandas.”, según detalla el catálogo de la quinta edición del Black Canvas Festival de Cine Contemporáneo.

Antes del inicio de las proyecciones, Hernández abordó en entrevista cómo nació este proyecto, los cineastas que admira y cómo fue su primera experiencia actoral.

Butaca Ancha (BA): ¿Cómo nació el proyecto? ¿Pausaste tus estudios para hacer la película?

Diego Hernández (DH): El proyecto salió en ese contexto, estaba cursando el séptimo semestre de la carrera y tenía muchas ganas de hacer un proyecto para llevar a la práctica lo que había aprendido, además de trabajar con un grupo de personas de mi generación que me interesaba colaborar.

Decidí salirme un semestre para trabajar, juntar el dinero y buscar estrategia. Necesitaba concentrarme en el financiamiento y llevarlo a cabo. Me junté con Melisa Castañeda, la guionista y productora de Los fundadores, entre los dos fuimos escribiendo. La idea era hablar de cosas que nos importaban mucho en ese momento, volvíamos a nuestro momento de vida: somos estudiantes, nos importan estos temas.

A raíz de esas necesidades e intereses nació el proyecto, una especie de retrato de tres jóvenes, su cotidianidad, su vida diaria, el trabajo, la escuela y los problemas a los que se enfrentan a la hora de entrar al campo profesional. También la conciencia política que se adquiere al estar en la universidad, estar involucrado en temas de interés común, cómo generar un cambio en el entorno y los problemas que nos afectan.

BA: La película tiene la intención de mirar los pequeños dramas del día a día de tu generación.

DH: Cuando escribimos el proyecto no pensé que fuera un retrato generacional y cuando se lo mostraba a mis profesores, me decían: esta película habla mucho de tu generación. Uno me comentó que veía en nosotros un impulso o una necesidad constante de hacer cosas. Que nosotros teníamos una conciencia crítica que su generación no tuvo. Tenemos acceso a más información, aunque se complica encontrar las vías adecuadas para ejercer nuestras demandas.

El contexto en Tijuana respecto al adeudo es un tema real, la deuda del estado con la universidad duró varios años. En la comunidad estudiantil hubo mucha pasividad. Para el número de estudiantes eran muy pocos los colectivos organizados, para ver qué hacer desde nuestra posición. El manejo del problema por parte de la institución siempre fue muy al margen, incluso convocaron una marcha desde la institución. Muy institucionalizado.

Hubo muchas discusiones con esos grupos sobre cuáles demandas eran legítimas. Más allá de yo decir por dónde debemos de ir o lo que es correcto, todas esas dudas me parecieron interesantes, pertinentes para mi momento de vida. Me pareció interesante llevarlas a la pantalla. La película se mantiene en cierta ambigüedad, no definí cómo debían ser las cosas. Busqué establecer un contexto, dar espacio para que cada quien piense su realidad a través de muchos senderos. Es una invitación a pensar nuestro entorno político y social.

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BA: ¿Qué influencias hay detrás de la película? Recuerda al cine de Nicolás Pereda.

DH: Con los años he empezado a ver más cine, sobre todo el año pasado vi mucho cine. Sirvió para diferentes etapas, el año pasado me hizo trabajar la edición distinto a como lo había pensado originalmente.

Nicolás Pereda es una referencia importante. Conecto con su acercamiento formal y preocupaciones, su interés por lo cotidiano, los cuerpos y su manera de evidenciar los procesos del cine. Me atrae mucho eso. A los actores les pedí ver Los mejores temas, porque había algo sobre la representación que en los Los fundadores tiene que ver con lo estudiantil. El ritmo de Los mejores temas parecía pertinente que lo vieran para entender qué buscábamos.

Otros cineastas mexicanos me gustan mucho, me gusta el cine de Eva Villaseñor, M tiene un ritmo muy distinto. El trabajo de Lázaro Gabino Rodríguez es importante, tiene un texto (somosreclamos.blogspot.com) que habla de la labor del actor y la función representativa del arte, cuando lo leí me hizo entender el fenómeno actoral bajo otros términos. Parte de eso me hizo animarme a aparecer a cuadro como actor.

Me gusta mucho el cine de Matías Piñeiro, José Luir Torres Leyva, Yulene Olaizola. Se siente que trabajan el cine desde la comunidad, trabajan siempre con la misma gente. Ese tipo de cosas me atraen.

BA: ¿Cómo fue tu experiencia como actor en Los fundadores? Imagino que fue una decisión práctica, también.

DH: En términos de producción fue una ventaja porque fue un sueldo menos (risas). No me pagué nada, porque era importante pagarle a los actores. La intención original era que buscamos a un actor que hiciera lo que yo hago en la vida cotidiana, fue una decisión lógica que fuera yo.

Eran cosas muy específicas: que supiera usar la herramienta que uso en mi trabajo, subir una escalera peligrosa, cosas así. Decidí hacerlo yo, no por mí capacidad dramática, que es nula, más bien sabía que yo podía aparecer en el tono que buscaba, sobrio, natural del personaje.

Me di cuenta después que fue una decisión que me permitió trabajar el ritmo de la película en términos distintos. Muchas de las indicaciones de dirección que daba en las escenas, me ponía de acuerdo con el fotógrafo y le decía: estate atento a lo que hago, cuando me agarre el cabello, haces el paneo. Entonces le da una dimensión distinta, estar ahí y poder incidir en el ritmo directamente. Se me hizo algo padre, no lo había explorado antes. Permitió un trabajo diferente.

Por Rafael Paz (@pazespa)
Publicado originalmente en Gaceta UNAM.

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