Bellas cicatrices: La filmografía de Roman Polanski

Polonia es un país que sufrió los estragos que dejó el legado del nazismo y la Segunda Guerra Mundial en la década de los 40, particularmente en la población polaca de ascendencia judía, cuyos innumerables casos de terrible degradación, lacerante crueldad e incalculable violencia han sido documentados por un sinnúmero de expresiones artísticas y literarias. La estancia en el campo de concentración y el asesinato de sus padres, daría aliento a una de las voces más duras, versátiles y talentosas en el panorama cinematográfico actual: Roman Polanski.

Este 18 de agosto, el cineasta polaco cumple 80 años en los que sufrió un vertiginoso ascenso al panteón cinematográfico, en el que ahora ostenta un inamovible lugar, después de sortear los crímenes más abominables en la guerra y enfrentarse a la pérdida de su esposa, la actriz Sharon Tate y su hijo no nacido, a manos de la secta de Charles Manson en 1969, para después huir de Estados Unidos y refugiarse en Europa, acusado de abusar sexualmente de una joven, para finalmente ser aprehendido en Suiza en 2009. Posteriormente exonerado, perdonado por su supuesta víctima, pero no por el sistema judicial estadunidense.

Sin embargo, esto no empañó una visión artística clara, dotada de cruda belleza y abstracto encanto en la que Polanski ha explorado una amplia variedad de géneros, estilos y temáticas, emparentándose con cineastas polacos tan importantes y geniales pertenecientes a la escuela polaca de la posguerra como Jerzy Skolimowski, Kryzstof Kieslowski, Krystoff Zanussi y Andrzej Wajda entre otros. Celebrando al octogenario cineasta, en Butaca Ancha nos hemos dado a la tarea de seccionar siete momentos cinematográficos en la carrera del pequeño maestro polaco:

Años Formativos: los cortometrajes de Polanski y Cuchillo en el agua

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Una vez que comenzó a cicatrizar el drama generado en la guerra, un joven Polanski se enroló en la escuela Lodz de cine estatal en Polonia, habiendo ya realizado su primer cortometraje Murderstwo en 1957, un elegantemente violento trabajo que anunciaba la llegada de un hombre que llegaba a apuñalar a una audiencia dormida. Poco después, ya enrolado en la escuela, presentó el corto Break up the dance, un cortometraje instalado en la tradición del cinema verité (cine “realista”) un grupo de vándalos irrumpe una fiesta. Dado que alumnos reales fueron lastimados, el chistecito casi le cuesta la escuela a Polanski.

Posteriormente, en 1958, Polanski presentó Two Men and a Wardrobe, trabajo que algunas voces consideran una bizarra pero formalmente cuidada alegoría social, particularmente sobre la homosexualidad y con el que inició una sólida colaboración con el extraordinario jazzista polaco, Kryzstof Komeda. Para When Angels Fall, en 1959, Polanski había pulido su técnica para presentar un bellamente compuesto trabajo, mezclando blanco, negro y color en lo que representó su trabajo de tesis fílmica. Después del absurdista y oscuramente cómico cortometraje Le Gros et le Maigre (1961), Polanski se echó a la audiencia internacional a la bolsa con su opera prima, Knife in the water (Nóz w wodzie, 1962), un drama psicológico de tintes cargadamente simbólicos sobre una pareja en un pequeño bote y un misterioso joven. Ambos hombres compiten por obtener la atención de la dama. El filme llevó a Polanski a su primera nominación al Oscar y al reconocimiento público en festivales como el de Venecia. Polanski había sorteado ya los terrenos abstractos para ahora adentrarse en las complejidades de la psique.

Repulsión a los Vampiros: conquistando el mercado anglosajón

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Con el éxito internacional bajo el brazo, Polanski se movió rápidamente al Reino Unido para financiar su próxima cinta, la que el considera de las mejores de su filmografía, el sofisticado y grotesco drama psicosexual Repulsion en 1965 con una debutante y tímidamente espectacular Catherine Deneuve. La historia de Carol, una joven que sufre de ataques psicóticos y fuertes alucinaciones debido a sus profundos terrores sexuales. Polanslki continuó en una vena más libre con su siguiente filme, Cul de Sac (1966) sobre otra pareja cuya intimidad se ve invadida, esta vez Francoise D´Orleac y Donald Pleasance.

Gracias al modesto éxito de ambas cintas en la taquilla, Polanski pudo brincar el charco hasta los Estados Unidos donde filmó en 1967 The Fearless Vampire Killers (Dance of the Vampires, 1967), un filme cómico de sensibilidad altamente europea, una parodia que fue significativamente dañada por la censura. Afortunadamente Polanski conoció y trabajó con quién sería su esposa, Sharon Tate.

Los bebés del diablo habitan Chinatown: la diabólica seducción de Hollywood

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De la mano del productor Robert Evans, figura clave en el panorama angelino en la turbulenta década del New Hollywood, Polanski filmó su fantástica, claustrofóbica y tenebrosamente bella Rosemary´s Baby en el caótico año de 1968, con Mia Farrow y John Cassavetes en los roles principales. La cinta capitalizó los apocalípticas y catárticas explosiones sociales por las que el mundo atravesaba y se convirtió en un éxito de taquilla. El hijo del diablo hacia acto de presencia en el escenario y se presenciaba su nacimiento.

Después del éxito obtenido y una vez pasado el terrible y sádico episodio del asesinato de su esposa aunada a la muerte del jazzista y músico de sus películas K. Komeda, Polanski eligió una visceral, cruda y épica obra de Shakespeare para volcar su enojo, frustración y pasiones destructivas más profundas: su muy personal, violento y nihilista revisionado de Macbeth en 1971, realizada con dinero del magnate del porno, Hugh Hefner. El señor tiene extraños caminos.

Después del descalabro económico con Macbeth, Polanski realizó una comedia en la más pura línea fellinesca con personajes dignos de una cinta de Buñuel y una trama a la Lewis Carroll pero rebosante en sexualidad, el exótico coctel titulado Che? de 1972 protagonizado por el astro italiano Marcello Mastroiani. Finalmente en 1974, Polanski regresa a las ingratas tierras angelinas para filmar lo que muchos consideran su obra maestra, la corrosiva y asifixiante epopeya política, Chinatown con las fabulosas actuaciones de Jack Nicholson y una irascible Faye Dunaway (fue tan mala su relación con Polanski que un día que éste no le permitía ir al baño, Dunaway junto su orina en un vaso y la lanzó a la cara del realizador polaco). La cinta rápidamente se convirtió en un clásico del género y le trajo a Polanski un éxito inusitado que vio una estrepitosa caída con el escándalo del abuso sexual sucedida en 1977.

El divorcio experimental: Polanski hace sus petacas europeas

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Polanski realizó quizá la obra que más caracteriza los adjetivos concedidos a su cuerpo fílmico, un ejercicio en el que el cineasta polaco plasma sus obsesiones más claras y visibles, la bizarra sublimación de un thriller psicológico como The Tenant de 1976 que tuvo una recepción terrible con la crítica como parte de la selección oficial del Festival de Cannes. A la larga se convertiría en la epítome de lo que es el cine de Polanski.

En 1980, instalado en Europa y sin la menor intención de regresar a Estados Unidos, donde era considerado prófugo de la justicia, Polanski realizó la pomposa adaptación de una novela de Thomas Hardy: Tess, filme rebosante de simbolismos e inocente lirismo que gradualmente va llegando a un irreversible punto de tragedia y violencia en el que Nastassja Kinski brilla. Posteriormente  vinieron filmes irregulares en la forma de una inflada superproducción con su fallida Pirates de 1986 y una solvente exploración hitchcockiana con Frantic de 1988, protagonizada por Harrison Ford y la actriz francesa, futura esposa de Polanski, Emanuelle Seigner.

El despertar sexual tardío: exploración psicosexual

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La relación que el cineasta estableció con Madame Seigner le permitió a Polanski explorar en dos obras a inicios de los años 90, los derroteros más complejos e intricados del comportamiento sexual humano. La exploración erótica iniciaría con una cinta ahora considerada de culto, Bitter Moon de 1992 y continuaría con la sombría Death and the Maiden en 1994. Bitter Moon es una cinta sobre el proceso creativo y su relación con la fantasía en la que Seigner, Peter Coyote, Hugh Grant y Kristin Scott Thomas le dan gusto al swing y a los juegos. La película básicamente consolidó la tradición de baratas cintas soft core que ahora son tan populares los sábados en la madrugada por canales de paga. ¡Gracias Polanski!

La estatuilla al trauma: la catarsis de un pianista

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Su carrera sigue con una malograda pero no carente de interés exploración de la mitología infernal con The Ninth Gate (1999), basada en la novela de Arturo Perez Reverte Club Dumas, de la mano de Johnny Depp. Tiempo después y a casi 60 años de distancia, Polanski finalmente abordó de manera “directa” el trauma y el horror vivido en el Holocausto. En The Pianist (2002), Polanski realizaba una fina y elegante mezcla de ficción dramática y recuento personal de hechos sucedidos en la Polonia de la segunda Guerra Mundial vista a través de los ojos de nada menos que un artista, el pianista Wadizslaw Spitzman, interpretado con desgarrador brío por Adrien Brody. La cinta representó un pináculo en la carrera de Polanski, otorgándole la Palma de Oro en Cannes y un simbólico perdón en la voz de Harrison Ford en los Oscares del 2003, en los que Polanski ganó el premio a la dirección. Un momento que se desvaneció en el aire, como la melodía de su atisbado pianista.

Un teatral presente: las piezas dramáticas con la firma Polanski

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Después de un tropezón con su floja adaptación de Oliver Twist en el 2006, Polanski cautivó de nuevo a la crítica y a la audiencia con la maravillosa pieza de cámara política The Ghost Writer (2011) en la que un escritor (Ewan McGregor) es contratado para escribir las memorias de un influyente político británico (Pierce Brosnan). Un filme de exquisita seriedad, refinada técnica y sombría atmósfera. Polanski juega con su audiencia. El juego continuó con su eficiente adaptación de la popular obra de la dramaturga Yazmina Reza, Carnage (2011), en la que Jodie Foster, Kate Winslet, John C. Reilly y Christoph Waltz se someten a un revelador encierro en el que los padres de dos niños que tuvieron un conflicto exponen la podredumbre a la que se ven expuestos de manera cotidiana.

Polanski sigue su pequeño affaire con piezas teatrales con Venus in Fur, basada en la obra con tintes feministas de David Ives, que presentó en la última edición del Festival de Cannes que obtuvo una respuesta en su mayoría positiva. Podremos ver la cinta en México en diciembre de este año.

Los invitamos a revisar la filmografía del genio polaco, para que sean testigos de que el trauma representa en algunos casos, de lo más estimulante para una mente creativa, la mente de Roman Polanski.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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