‘El Conjuro’: Una oda a la vieja escuela

El Conjuro (The Conjuring, James Wang, 2013) es una de las cintas de horror más esperadas por los fans este año. Por el contrario, confieso que fue apenas mi introducción al trabajo del director James Wang, famoso por Saw (2004) e Insidious (2011). Llegué a ver El Conjuro sin conocer nada sobre ella, sin haber visto los trailers, etc. Y finalmente salí de la sala con un buen sabor de boca. No es una obra impresionante ni mucho menos, no para mi aunque varias personas sí “brincaban” de susto con las escenas, como nuestro editor Rafa Paz (¡!). El Conjuro sobresale por su toque de película de antaño, nos regresa a un horror simple, directo, que funciona bastante bien.

Wang primeramente entrega lo que muchos esperamos de una cinta de terror nueva americana. Crea el escenario típico donde la audiencia está consiente de lo “paranormal” pero los personajes protagonistas no. Algo similar se encuentra en Mamá (Andy Muschietti, 2013), la cual si bien tiene producción española/canadiense (y de Guillermo del Toro), no resultó en algo muy diferente. Entonces, El Conjuro es “una película más” durante su primera mitad. Una más con una familia que compra una casa “embrujada” (para simplificar las cosas), y que poco a poco se va dando cuenta del pequeño problema en el que se han metido.

Mientras la familia protagonista trata de entender porqué en su nueva casa “jalan” los pies al dormir, aparecen aves muertas y hay una peste, otra historia se va armando. Como muchos de ustedes ya saben, la cinta está basada en hechos reales, y nos introduce a dos personajes que parecen haber sido extraídos completamente de notas periodísticas: Ed y Lorraine Warren, famosos investigadores de lo paranormal. Patrick Wilson y Vera Farmiga interpretan a estos importantes personajes, quienes se presentan como expertos bastante razonables. “Siempre hay una explicación lógica para lo paranormal”, es su lema.

El Conjuro es en muchos sentidos una película obvia. Lo paranormal existe, punto. Y sólo es cuestión de tiempo para que todos los personajes se den cuenta. Por esto es casi una contradicción remarcar que se basa en la realidad, de hecho esto no le quita ni le añade nada a El Conjuro. No la hace más aterradora. Lo único es que al tratar con una historia de principios de los setenta, nos encontramos con buena música de los Zombies y las acertadas caracterizaciones de Wilson y Farmiga.

Además, Wang la aborda como si fuese una cinta de horror sacada de aquella época. El Conjuro no sólo está situada en los setenta, sino que también tiene elementos del horror más tradicional. Lo más interesante es cómo se convierte en la carta de amor de Wang para aquella monumental obra de 1973, The Exorcist (El Exorcista, William Friedkin). Es tan convencional que me pareció refrescante, y si bien no cambiará la historia (y no es de lo mejor del horror en años, como algunos críticos ya la llaman), sí nos mantiene interesados, con una buena dosis de tensión, un bonito exorcismo, y una más bonita muñeca que no te dejará dormir… si es que tienes 7 años.

Por Eric Ortiz (@ElMachoBionico)

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