8º Los Cabos | Entrevista: David Zonana sobre Mano de obra

La octava edición de Los Cabos International Film Festival presenta en su programación una de las películas mexicanas que más ruido ha hecho este año, se trata de Mano de obra, la ópera prima de David Zonana producida por Michel Franco. El largometraje retrata la lucha de Francisco (Luis Alberti), un albañil, mientras busca justicia para su hermano, quien falleció en un accidente en la obra donde ambos trabajaban.

El largometraje muestra un mundo ambivalente, donde la moral y lo correcto no necesariamente empatan con las acciones de los personajes, sin importar su estrato social. Platicamos sobre este tema con Zonana, a continuación reproducimos la charla.

Aunque luce como un tema particularmente mexicano, es una historia con temas universales. Éstas dinámicas de desigualdad suceden alrededor del mundo.

David Zonana (DZ): La raza humana tiene muchas deficiencias, psicológicamente hablando, en términos de creer que hacemos ciertas cosas y terminamos haciendo otras. La humanidad es la especie más inteligente que conocemos, pero no me imagino que sea perfecta. Todos estos desbalances que existen dentro de la especie tienen consecuencias morales, intelectuales y de valores. Lo que nos provoca llegar a este punto, creo que no es normal pero es parte de nuestra problemática como humanidad.

Los trabajadores se unen buscando un beneficio para todos, aunque, inevitablemente, surge un conflicto, una lucha de poder.

DZ: Se ha repetido muchas veces, hay tantas injusticias en el mundo que siempre habrá gente que luche contra ellas. Son una acción y reacción, consecuencias naturales de los sistemas en que nos hemos sumergido. En esta película, se habla un poco de eso, la necesidad de lucha y justicia, las implicaciones que surgen cuando ésta se concreta, que también son una parte de las dinámicas sociales.

Es una película amoral, las acciones de los personajes viven en los matices.

DZ: Justamente creo que eso sucede en la vida real. El blanco y el negro no existen a mi parecer, menos en términos de moral. La gente no es totalmente mala o buena. Hay situaciones que te hacen navegar entre los matices, es lo que intento plasmar en la película.

Hay un contraste entre clases sociales, cada una tiene herramientas para buscar justicia, pero éstas también se pervierten.

DZ: Un poco lo que veo es que cada respuesta es subjetiva, es difícil con las limitantes que tenemos como personas ver la fotografía completa de la situación, desde nuestra ceguera estamos intentando pelear por lo que creemos justo. Para el dueño de la casa, es justo tenerla. Las situaciones van cambiando. Uno va peleando por lo que siente que es bueno para él, pero esto puede no ser bueno para los que están alrededor. Es un tema de egoísmo, algo natural en la sociedad.

Una sociedad egoísta, ¿puede ser justa?

DZ: La justicia es relativa. ¿Cuántas veces en la historia de la humanidad se hizo justicia y no lo era? Ahora es muy fácil decirlo. Lo que en la Edad Media era justo, ahora no lo es. Se parece a la ciencia, se piensa que hay una respuesta pero resulta que no, diez años después cambia. La justicia siempre será relativa y ese es el problema. Puedes estar convencido de tener las respuestas, pero éstas podrían no mostrar la fotografía completa.

Contaste durante la presentación en el Festival de San Sebastián que al buscar actrices, muchas pensaron que se trataba de trata de blancas.

DZ: Es una anécdota que muestra cómo la clase trabajadora está tan marginada y se ha abusado de ellos durante tantos años que es difícil les pasen cosas positivas de la nada. Introducirse, yo y el director de casting, en un barrio popular prometiendo hacer una película suena bastante surreal. Yo tampoco lo creería. La respuesta natural es cuestionarse qué quieren estos tipos. Detona un tema de protección de comunidad, ¿por qué les vamos a abrir la puerta de nuestras casas? La experiencia les dice que es algo falso, esto se relaciona con la película: las promesas y abusos que se dan a lo largo de los años. Se crea una conciencia colectiva.

La comunidad de la película es bastante frágil, las pulsiones humanas terminan por destruirla.

DZ: Son relaciones humanas, son complicadas. Somos muchos, día a día tratas con 60-70 personas y tienes que relacionarte con ellos, formar equipo. Es complicado. Hay muchas variables que pueden desencadenar un colapso de esas relaciones. Ego, muchas variables tienen que salir bien para que una comunidad funcione, es más fácil que colapse.

Socialmente nos cuesta trabajo ponerle cara a estos ciudadanos anónimos que realizan ciertos servicios todos los días.

DZ: Vamos por la vida concentrados en nosotros mismos, menos vemos lo que sucede a nuestro alrededor.

¿Qué buscabas en los albañiles que querías para la película?

DZ: Tenía el guión escrito y cada uno tenía ciertas características en él. No quería encontrar no actores para desempeñar un papel como lo había escrito, quería lo más cercano a esas personalidades del mundo real. Si yo tenía en el guión un personaje fuerte, físicamente, con presencia y bondad, así lo buscábamos. Sólo era encontrar a las personas que embonen con los papeles y dejarlos ser ellos mismos.

Por Rafael Paz (@pazespa)

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