8º Los Cabos | Entrevista: Carlos Lenin sobre La paloma y el lobo

Muchas producciones mexicanas –sobre todo en el documental– han intentado entender las consecuencias de la guerra contra el narcotráfico en nuestro país, sin embargo pocas han logrado retratar este fenómeno con la intimidad de La paloma y el lobo (2019), cinta que destaca por el depurado trabajo detrás de sus desoladoras imágenes.

La ópera prima de Carlos Lenin tiene como protagonistas a dos jóvenes que buscan reconstruir su vida lejos del lugar en el que nacieron y del que debieron huir a causa de la violencia, abandonando amigos y familiares en el proceso. Este aislamiento ha provocado que vivan ensimismados, entumidos ante su entorno, incapaces de amar con la libertad y pasión de otros tiempos.

Tuvimos oportunidad de charlar sobre estos temas con Carlos Lenin durante la octava edición de Los Cabos International Film Festival, a continuación reproducimos la charla:

¿Cómo te sentiste durante el Festival de Locarno, donde terminaste ganando un premio?

La experiencia en Locarno fue muy enriquecedora, tanto de mi parte como del equipo que pudo acompañarnos, en este caso la protagonista, Paloma, y el productor, Miguel Ángel. Lo disfrutamos mucho, tuvimos funciones llenas. La experiencia fue muy bella porque todo el tiempo dialogabas con los espectadores, los críticos y el equipo de programación del festival, hay un diálogo constante, nos hizo sentir bienvenidos y valorar de otra perspectiva nuestra película, marcando un poco de distancia, además de dialogar con las otras propuestas cinematográficas que estaban ahí.

Fue el cierre de una gran etapa para la película, significa empezar a construir nuestra mirada como cineastas.

¿Llegar a Locarno era una meta?

Sí, para nosotros era importante que la película tuviese una premiere internacional en un festival importante, de relevancia internacional. Teníamos una serie de espacios catalogados, acorde a la identidad de la película, porque no todos los espacios son para todas las películas. Hicimos un breve estudio, era importante llegar a Locarno. Ellos pudieron ver un corte previo en Toulouse, parte del festival de San Sebastián, vieron la película antes de finalizarla.

¿Te sientes favorito de cara a otros festivales?

No sé si lo sea. Hicimos una película con una identidad clara y particularidades muy específicas. Entendiendo que no necesariamente funcionará masivamente, tiene un lenguaje muy particular. Creo que le podría interesar a las audiencias, los jurados no dependen de nosotros. Espero que les interese, la vean y la disfrute.

¿Son importantes estos premios?

Nos darían mucha alegría, cuando un festival de cine te otorga un reconocimiento es muy honroso, permite que la película se posicione frente al público y diversas audiencias. Sobre todo, porque les interesa. Es importante que suceda, pero no hicimos la película con eso en mente. Nos causa ilusión que se vayan sumando reconocimientos.

La película nace de temas que ya habías tocado en tu tesis.

Sí, de alguna manera tiene que ver. Mi tesis es la historia de un reencuentro de amigos, que sucede en el pueblo que yo crecí, Linares, Nuevo León, con las implicaciones propias del carácter de la gente que vive ahí. Realmente estoy hablando de mi. Me interesaba abordar este tipo de relatos, estas historias mínimas, en el caso de mi tesis: la amistad, además de cómo el tiempo termina por diluir las amistades, disolverlas, lo cual no está mal. Es una regla natural. La película era una carta de despedida al Carlos de esos tiempos y lugares, que son parte de mi.

Gracias a la tesis descubrí que lo que más me interesa compartir hoy, como aspirante autor cinematográfico, son las experiencias que viví en mi tierra, las situaciones y sensaciones que he vivido. Es por eso que llegué ahora en La paloma y el lobo a este relato en específico, una historia de amor que sucede en esos paisajes que yo crecí. Parte de situaciones que mis personajes viven en la película y que no me son ajenas, para bien o para mal conforman quién soy hoy.

Fue una vereda que creamos, un camino que decidimos andar y que nos llevó al relato. Tiene resonancias con mi vida, porque estoy hablando de mi región y experiencias. Después tal vez escriba de otras cosas. Ahora, creo, me corresponde contar estas historias y permitir que la forma cinematográfica emane de estos espacios y lugares, no sólo limitarme a contar lo pasado. Como cineasta tercermundista latinoamericano debo intentar que la forma transforme el relato, hay que apropiarla desde la región, desde lo vivido.

Es importante descentralizar la visión cinematográfica.

Historias hay un montón, relatos cinematográficos también. Hay que animarse a escribirlos. Siendo de Linares, y orgulloso de ello, me parece importante que al asumir nuestros privilegios como cineastas, nos esforcemos para crear las condiciones específicas de producción que permitan emerger a nuevos cineastas de distintas latitudes. Cineastas de Nuevo León, Tamaulipas, Sonora, Oaxaca, Michoacán, Guerrero y que cuenten sus experiencias. Son miradas y espejos que nos perdemos como espectadores, si no hay diálogo con las distintas realidades que componen la multiculturalidad mexicana, va a ser difícil que avancemos, no sólo como artistas, sino como sociedad.

Al decir que necesitamos más cineastas de otras regiones y mujeres cineastas, estoy pensando en que necesitamos cineastas de diferentes clases sociales, se necesita la profundidad de mirada. Hay muchísimo qué contar, a mi me gustaría ver esas historias.

Hay una ola de contenido dedicado al narcotráfico, la tuya se distingue porque está enfocada a las consecuencias de la guerra, la situación del país después de tantos años lo transformó y nos impide regresar.

Siento cierto nivel de responsabilidad. En mi relación con la comunidad y lo cinematográfico, empecé a estudiar cine en 2007, justo cuando acaba de iniciar la supuesta guerra contra el narcotráfico. Mientras yo accedía al privilegio, al sueño de estudiar en el CUEC, cada que regresaba a mi pueblo vi cómo todo estaba cambiando, cómo todo se desmoronó. Las relaciones amorosas, de pareja y amistad se convirtieron en otra cosa, que nunca imaginamos.

Tener de frente todo el tiempo las consecuencias y la brutalidad a la vuelta de la esquina, creo que es un incidente muy brutal, una circunstancia muy difícil, creo que como cineasta sería un error limitarme a sólo contar lo que ha pasado, a retratar la violencia explícita y decir: esto pasa. No creo que sea lo que tengo que compartir, sino mis miedos más profundos, las sensaciones encima de mi, que me han envuelto durante años y cada que regresó a casa y recuerdo lo que a mi me ha sucedido.

De esas sensaciones emana el lenguaje de nuestra película. Queremos que la violencia entendida como un personaje, una atmósfera permanente que envuelve todo. No es un golpe, un chisguete de sangre o una cicatriz. A mi no me interesa mostrar eso.

La guerra contra el narcotráfico le quebró el alma al país.

Se ha hecho mucho cine alrededor de esto, pero no sé si las imágenes han logrado profundizar en las consecuencias de la violencia. En el tiempo y cómo andamos por ahí caminando por vida como seres incompletos, incapaces de sentir. A eso hay que sumarle todas las implicaciones que hay, hablando de mi género como hombre, de lo que significa ser hombre en México, criado y construido con conceptos violentos, arcaicos. Somos una sociedad violentada por las reglas económicas, políticas y sexuales, además tenemos que cargar con una autocensura permanente, lidiar con el miedo a hablar, a decir las cosas. Se nos educa como si no merecieramos decir las cosas, hay que cuestionarnos eso desde el miedo y no de las imágenes violentas.

¿Qué piensas de abordar el narco como entretenimiento?

Escuché por ahí que la mejor forma de hacer crítica cinematográfica es haciendo cine, no estoy de acuerdo, pero la cita ayuda para entender. A mi no me parece que estas cintas, películas, me representaran. No me parecía que tuviesen claro el punto de vista del relato, más allá de que fueran buenas o malas. Yo traté de ser lo más honesto con mi película y, como equipo, intentamos posicionarnos frente a la violencia.

Por Rafael Paz (@pazespa)

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