55 Muestra | ‘Berberian Sound Studio’: El acoso del sonido

Al duende peligrosamente excitado

¿Qué tan importante es el sonido para una película de terror? ¿Nos sentiríamos igual sin la estridente música o los efectos que emulan cabezas romperse, puertas crujir o seres levantarse de la tumba?

Gilderoy (Toby Jones) es un ingeniero de audio recién desempacado en Italia, fue contratado para trabajar en la cinta más reciente de Santini. Un giallo sobre unas brujas torturadas por la Inquisición y regresadas a la vida por un par de ingenuas jovencitas, un despertar bastante sangriento.

Desde su primera aparición a cuadro sabemos que Gilderoy es un tipo tranquilo, introvertido, permisivo y algo suave. No acaba de bajarse del avión cuando los encargados del estudio comienzan a hacerle tranzas con su pago, sin que él se atreva a hacer algo al respecto. La inquisición y el acoso no tardarán en llegar, su jefe y Santini no dejan de recriminarle su supuesta falta de juego con equipo cuando elige su pago o su atrevimiento por tratar de arreglar la consola sin pedir permiso.

A partir de esa situación, el director Peter Strickland se dedica a jugar con nuestra percepción de la realidad que vive Gilderoy, juego donde el diseño de audio de la cinta misma y de la ficticia en pantalla juegan parte importante. En una época dominada por las películas en smartphones y tablets o en blockbusters que imitan el ¡BRAAAM! de Hans Zimmer en Inception, es de agradecer el meticuloso trabajo de audio en Berberian Sound Studio y el score creado por la banda Broadcast. Sin ellos, el filme perdería gran parte de su profundidad.

El trabajo de Strickland recuerda por momentos al cine de David Lynch, sobre todo al de Ereaserhead y Muholland Drive, donde la fragmentada mente del personaje principal se vuelca sobre su realidad y desdobla hasta que las dos se encuentran de manera irremediable. El sueño se vuelve pesadilla.

La sólida actuación de Toby Jones como Gilderoy es clave en la efectividad de la atmósfera propuesta por el director. Su rostro siempre impávido, como el del perro Droopy, inmutable aun en los momentos más humillantes de su trabajo se convierte en el hilo conductor de la trama.

Aun cuando el guión trata de ser sorpresivo y se sume en la fragmentación narrativa, el desempeño de Jones mantiene la cohesión. A diferencia de las brujas que sufren su inquisición en voz alta, quejándose y maldiciendo, Gilderoy acepta el castigo por su error en silencio a pesar del escandaloso ruido a su alrededor.

Por Rafael Paz (@pazespa)

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