‘X-Men: Dark Phoenix’ y el declive mutante

En los últimos años, el cine comercial se ha visto marcado por el retrato de superhéroes y su capacidad para triunfar en taquilla. Antes que Marvel Studios se convirtiera en la figura hegemónica del género y en la plataforma de adaptación de los cómics de Marvel, Twentieth Century Fox trazó con éxito el inicio de la mencionada tendencia con X-Men (2000).

Centrada en un grupos de mutantes con poderes particulares que guardan ideales pacifistas y revolucionarios, con respecto a la interacción con los seres humanos, la adaptación del cómic de Stan Lee y Jack Kirby logró una prolongada franquicia cinematográfica formada por aciertos y altibajos. Traspasada a The Walt Disney Company, la serie finaliza su ciclo con X-Men: Dark Phoenix (2019).

Si bien el relato tiene un eje femenino dominante, que la diferencia de sólidas predecesoras como X-Men: días del futuro pasado (X-Men: Days of Future Past, 2014), no logra contundencia en su narrativa. Ubicada en 1992, retoma a la joven Jean Grey (Sophie Turner), integrante de los X-Men con telequinesis y capacidades psíquicas, que sufre un percance durante una misión en el espacio. Tras absorber una fuerza cósmica y regresar a casa, se percata del incremento de sus habilidades, volviéndola también inestable en su personalidad. Así, se convierte en una amenaza para la Tierra y para la unidad de los X-Men, convirtiéndose también en objeto de interés de Vuk (Jessica Chastain), alienígena que desea adquirir el nuevo poder de Jean.

El realizador Simon Kinberg ejecuta un par de secuencias de acción que cumplen con la expectativa de entretener en el retrato de confrontaciones físicas y de ideales entre mutantes, representadas por las facciones de Xavier (James McAvoy) y Magneto (Michael Fassbender). A su vez, enaltece los lazos de familia en el grupo y el poder de los mismos al confrontar fuerzas malignas, un mensaje usual en la franquicia. Sin embargo, la trama es inconsistente y plana, desaprovecha el estilo y la ambientación de la década de los noventa y es incapaz de representar con credibilidad el trastorno de una protagonista con una crisis de identidad.

Incoherente, sin personalidad y con personajes que pecan de unidimensionales, X-Men: Dark Phoenix busca empoderar a una de las superheroínas más reconocidas de su universo, pero se convierte en un cierre desangelado para una saga que había ofrecido buenas perspectivas mutantes del brazo de Bryan Singer y Matthew Vaughn.

Por Mariana Fernández (@mariana_ferfab)

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