‘This Must Be the Place’: Teoría y Práctica

Hay ocasiones en las que uno va a un evento cualquiera, ya sea un concierto, una fiesta, alguna obra de teatro, o al cine y sencillamente no se la pasa bien. De repente uno analiza por qué no se la pasó y resulta que uno no estaba como conectado anímicamente con el evento, todo fue bien menos nosotros. Algunos dicen: “no andabas en el mood”. Pero lo feo son las reincidencias.

Algo similar me pasó con This Must Be the Place, la nueva película de Paolo Sorrentino. No estoy en el mood pese a que es una buena película, y no lo estoy por una fisura considerable que yo le veo a la película: percibo que hay una ruptura con los elementos que visten al filme, los cuales son muy buenos, pero están presentados, a mi parecer, de una manera excesiva que hace que la película caiga por momentos en el ridículo sin pretenderlo.

A saber: Sean Penn interpreta a un roquero retirado y deprimido que lidia con un par de tragedias del pasado, una de ellas aderezada con la temática nazi, interpretada por un Sean Penn que utiliza muchos de los recursos actorales que lo hicieron brillar en I am Sam. Todos estos elementos se suman al esplendido soundtrack de David Byrne -el tema de la película está basado precisamente en la canción de los Talking Heads, la cual es revisada por Byrne en múltiples facetas a lo largo de la misma-, quien por cierto tiene un hermoso cameo por ahí, y también a la estética y la historia, convirtiendo todo en una masa difícil de llevar.

Algo similar le sucede a las películas de Almodóvar que, a pesar de estar bien contadas, ya no terminan de cuajar y además pesa la carga de elementos en la historia, en la que ya no percibes tanto el tono; de repente hay cosas hermosas y diálogos que se rescatan y levantan el interés, pero por el otro hay momentos en los que hay una intención de humor con drama que no cuaja del todo y, insisto, se percibe que esa no es la intención.

Hay una estética interesante, que hace una referencia a Robert Smith, en la que vemos de nueva cuenta a Penn con una ligera dificultad con el personaje; de repente lo carga hacia la enfermedad, y luego al pequeño listo con problemas de desenvolvimiento. Eso y el constante parecido a su actuación en I am Sam dan la sensación de que estamos viendo una suerte de Forest Gump al revés, regalándonos una historia sencilla presentada de forma abigarrada.

Una película con momentos muy buenos a nivel fílmico y actoral por parte del reparto, pero que tiene ahí un ritmo irregular que también la vuelven sobrada. Sorrentino tiene un gusto muy sutil pero colorido y dinámico en sus películas, pero por alguna razón siento que todavía no encuentra un personaje al que pueda explotar de forma más, digamos, sólida como para llevar el peso de la historia.

Hay veces que en las que se genera mucha expectativa en torno a un evento; una fiesta, un concierto o una película, y no han sido pocas personas las que me han dicho o que les encantó o que la quieren ver. Creo que si uno va sin mayor expectativa se la puede pasar bien, o andar en el mood melancólico-sensible también puede aportar a una experiencia de mayor disfrute, pero Sorrentino se acaba de anotar otra película que promete mucho y no termina por cuajar. Pero se acerca bastante.

Por Ricardo Pineda (@RAikA83)

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