‘The Hunger’: Ansia por la autodestrucción

Triste y lamentable el caso de Tony Scott, un director que jamas rehuyo de ser un realizador de cine abiertamente comercial, brilloso, y que atrajera público a las salas. El director de Top Gun, cinta que aumentara los reclutamientos en las fuerzas armadas de Estados Unidos, fue sin embargo alguien bastante capaz detrás de las cámaras. El mote de director “palomero”, relegado a la sombra de su infladisimo hermano mayor, quien ha dirigido buena cantidad de cintas insufribles, no pinta la imagen completa de un director con un gran ojo para la composición.

Su primer largometraje, The Hunger, fue despreciado en su momento, pero como otras cintas de culto, supo encontrar su audiencia. Desde su reparto legendario, con Catherine Deneuve y David Bowie en los roles estelares, pasando por su fotografía bañada en claro oscuros. Desde el intro, con la iconica banda de rock gotico Bauhaus y su tema Bela Lugosi Is Dead, las credenciales de la cinta se despliegan en toda su majestuosidad.

The Hunger es un relato de vampiros, uno que entiende perfectamente que la vida de estos seres es todo menos envidiable. Aun cuando las escenas iniciales pudieran decir lo contrario, rápidamente se establece que la vida de un chupa sangre se rige bajo dos principios nocivos: la adicción, y las relaciones enfermizas. De nada sirven cientos de años de experiencia; el frenesí de la sangre y la incapacidad de tener una relación de pareja estable, son las dos cadenas que tiene que arrastrar un vampiro durante toda su existencia.

Deneuve y Bowie empiezan la historia eligiendo víctimas frescas en un club gótico. La presencia escénica de ambos histriones es absorbente, una pareja mas perfecta no podría existir. Casi como salidos de una pintura, o como dos esculturas humanas que cobraron vida. La francesa y el ingles cuentan con rostros y figuras estéticas. Los breves destellos de luz que los iluminan son mas que suficientes para delinear sus inconfundibles siluetas.

La primera es un ser que ha existido, nos sugiere la cinta, desde la época de los faraones del antiguo egipcio. En algún momento se cruzó en la vida del segundo, convirtiéndolo en un vampiro. Esta nueva vida sin embargo tiene una fecha de caducidad para el personaje de Bowie. El envejecimiento del que escapó por tanto tiempo le empieza a cobrar la factura. La ayuda de una doctora especializada en procesos degenerativos (Susan Sarandon) podría ser la clave para escapar la misma suerte de todos los anteriores amantes de la vampiresa. Aunque conforme avanza la historia, pareciera que el duque blanco será otra raya mas al tigre de una mujer interesada solo en satisfacer sus propias necesidades.

El enfoque de Scott al material es sumamente experimental, algo que para la época ya era inusual en una cinta con un perfil abiertamente comercial. Es esto lo que le ha  permitido añejarse como un buen vino. Mas aun en la actualidad, con unendeble sistema de estudios que difícilmente permitiría que un director fuera tan abstracto en su aproximación al material. La cantidad de dialogo es mínimo, varias escenas son de un carácter expresionista total. El guión es un bosquejo para que el director de Days of Thunder pinte alargadas sombras, y halos de luz que atraviesan cortinas. Una danza surge entre ambos, y Scott se convierte en el maestro de ceremonias.

Sarandon jamás se me ha hecho una actriz particularmente buena, o atractiva. Su participación de momentos se siente intrusiva, pero poco a poco se implementa de manera efectiva a la neurosis colectiva de los demás personajes. Dicho sea una vez mas, The Hunger entiende que la vida de los nosferatus es todo menos glamorosa. Es una vida de apariencias, de superficialidad absoluta. Dijiste que seria para siempre, le reclama una y otra vez Bowie a la bella de día. Para esta ultima, cambiar de amante es como cambiar de labial. La mayor gula del vampiro termina siendo su amor propio, que envenena a los que lo aman, y que termina intoxicandolo inevitablemente.

The Hunger no se extiende ni un solo minuto de sobra, y aunque por ahí se olvida de su sub-trama cuasi científica sobre el envejecimiento, logra conectar acertadamente los puntos sobre la esquizofrénica naturaleza de las relaciones de pareja. Es eso lo que la mantiene vigente, aun en el mar de cintas de vampiros sin ton ni son. La gente podrá decir misa sobre el realizador de Alien y Blade Runner, pero Tony Scott tiene suficientes logros en su filmografía para merecer ser algo mas que una vaga nota de prensa sobre un director que se arrojo de un puente para acabar con su vida de forma misteriosa. Bela Lugosi, Tony Scott, y recientemente, David Bowie, estarán ya en el otro mundo, pero los tres vivirán eternamente gracias a esta cinta.

Por Rubén Martínez Pintos (@SartanaDjango)

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