‘Pasante de moda’: Old fashion

La filmografía de la cineasta estadunidense Nancy Meyers se ha caracterizado por convertir en fetiche todo lo que presenta, desde su narrativa y personajes, hasta el confort del mundo en el que se desenvuelven sus creaciones. Desde su emblemática opera prima Juego de gemelas (1998), la visión autoral de Meyers se encuentra con una burbujeante disociación del mundo, donde el trabajo es inagotable fuente de ocio, la virilidad es idealizada y perfumada con una fuerte capa de nostalgia y  las mujeres son estampas de seguridad, independencia económica y  sexual, aún post-menopausia, cual collage de Vanidades. Aunque su cine pueda ser tildado como banal, materialista y elegantemente escapista, dentro de los estudios hollywoodenses los filmes de Meyers mantienen una coherencia discursiva en su visión del mundo y la clase, aunque no la habilidad o talento de Frank Capra, Preston Sturges o Vincent Minelli.

En su más reciente trabajo, Pasante de moda (The Intern, 2015), Meyers presenta la historia de Jules Ostin, dueña de su propia marca de moda por internet, propiamente llamada About the Fit, que, como parte de una agenda eminentemente incluyente, abre un programa para becarios “ya pateaditos”, permitiendo la entrada del adorable septuagenario Ben, quien con su experiencia y conocimiento old school de negocios y la cultura empresarial habrá de revigorizar el juvenil narcisismo de los nuevos emprendedores.

Es partiendo del choque generacional que Meyers aplica su refinada sociología posh para hacer señalamientos sobre cómo ha cambiado la política de género hacia madres trabajadoras. La misma Meyers ya había esbozado un alegato más chovinista con el guión de Baby Boom (1987), con Diane Keaton. La hipocresía va dirigida hacia ese “cambio”, la puerilización de la masculinidad y particularmente el cambio del empresario baby boomer al millenial entrepreneur y el choque de ambas y la forma en que se complementan en el mercado actual, generando situaciones de sutil hilaridad que dan al filme su mayor atractivo para la audiencia: ver a De Niro ser instruido por Anne Hathaway para crear su perfil de Facebook, coronado por un ingenuo: “Welcome to the Facebook Generation”.

Robert De Niro interpreta con tierna rigidez al adorable Ben, quien no tiene más remedio que someterse pachonamente a un grupo de mocosos jóvenes que apenas entiende y que, por supuesto, habrá de terminar por admirar, a pesar de sus profundas deficiencias emocionales y de maduración. La misma Jules, interpretada sólidamente por Anne Hathaway, una obsesiva y talentosa líder que se ve atrapada entre su carrera y su familia, no deja de ser percibida como una niña caprichosa e insatisfecha que necesita cubrir sus deficiencias con dulce paternalismo.

De un aire elegantemente evasivo, Pasante de moda ofrece un espacio aséptico en el que la barrera generacional y el infame techo de cristal para las mujeres en el ámbito laboral se disuelven de manera ágil y entretenida, creando una fantasía aspiracional que ignora que el techo no se ha roto simplemente ha cambiado de lugar.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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