Historia de un matrimonio y lo que fue

Historia de un matrimonio (Marriage Story, 2019) abre con una lista de las situaciones y comportamientos que la pareja protagonista, Nicole (Scarlett Johansson) y Charlie (Adam Driver), ama el uno del otro, una nota de optimismo que contrasta con el agridulce relato que se desarrolla a continuación. El listado no sólo funciona como recordatorio para los personajes de lo que alguna vez existió entre ellos, sino como muestra para los espectadores de la felicidad que fue y los momentos que, a pesar de las tóxicas dinámicas de pareja, perdurarán en la memoria de los involucrados. Como bien dice el veterano abogado familiar interpretado por Alan Alda, todo pleito termina eventualmente. 

Noah Baumbach (Frances Ha, Historias de familia) teje una tragedia llena de apuntes cómicos, estos evitan que la película se convierta en un remake de Kramer vs Kramer (1979) y que la historia no se convierta en un desfile del azote emocional, como hace el inolvidable Paco del Toro en la cristianamente cruenta Cicatrices (2005). Es patente en cada cuadro que la animadversión entre Charlie y Nicole se debe a la incompatibilidad de sus deseos a futuro (ella quiere hacer televisión en Los Ángeles, él quiere seguir con su carrera como director vanguardista en Nueva York), no tanto de la imperfecta convivencia de su matrimonio y la amorosa familia que ha emanado de éste. La relación perfecta no existe. 

El acercamiento al tema evoca a una de las grandes influencias de Baumbach: Woody Allen, otro cineasta neoyorquino que dedicado buena parte de su carrera a retratar las dinámicas, tóxicas y no tanto, de la vida en pareja, junto a las dificultades innatas del ser humano por encontrar un balance entre lo individual y la unión. Recordemos cómo Annie (Diane Keaton) abandonaba al siempre neurótico Alvy (Allen) en Annie Hall (1977) para buscar una vida más feliz en Los Angeles, lejos de la opresión de su conflictiva relación. O la lenta e ineludible destrucción de la pareja central de Maridos y esposas (Husbands and Wives, 1992), que Allem filma con la fuerza de un documental de guerra. 

Baumbach se toma el tiempo de mostrar que el pleito entre ambos está alimentado por la contenciosa realidad de los procesos legales, donde la verdad es relativa para los argumentos legales, prima la construcción de un discurso que permita obtener una victoria sobre los contrincantes. La ley, en este caso, es maleable, de igual o mayor manera que el punto de vista de cada uno de los involucrados. Para Nicole parece injusto que Charlie no desee pasar más tiempo en la espaciosa ciudad angelina, como para Charlie luce irrazonable abandonar la compañía teatral que ha peleado por sobrevivir durante 10 años justo cuando comienza a ser reconocida. Es un comportamiento que se extiende a los abogados de la pareja –interpretados por Laura Dern y Ray Liotta–, capaces de sonreír, convivir, malear la verdad y acuchillar al contrincante sin inmutarse ni un momento.

Historia de un matrimonio –título que hace referencia al clásico de Ingmar Bergman, Secretos de un matrimonio– encuentra sus mejores momentos cuando Johansson y Driver contienen sus emociones, como si fuera una olla de presión, sólo para dejarlas explotar con la fuerza de un huracán. Años de resentimiento no provocan sino heridas por donde la bilis, marinada en la ponzoña de la subjetividad, sale expulsada con fuerza. Eventualmente estas llagas se transformarán en cicatrices para recordarnos aquello que fuimos. Hasta el ambiente más tóxico termina por despejarse con el tiempo, dando una nueva perspectiva al paisaje. 

Por Rafael Paz (@pazespa)
Publicado originalmente en Forbes México.

    Related Posts

    8º Los Cabos | Los muertos no mueren de Jim Jarmusch
    Diarios del TIFF 2019 – El divorcio gentil
    Cannes 2019 | ‘The Dead Don’t Die’: Repetir morir
    65 Muestra | ‘El infiltrado del KKKlan’, de Spike Lee
    Los Cabos | Día 4: ‘El infiltrado del KKKlan’
    ‘Big Little Lies’: Feminismo de ocasión