‘Luz de Luna’: Virilidad lunar

Es bien sabida la asociación que la luna tiene con la parte más candorosa de la feminidad, pero ese vínculo rebasa una mera cuestión de género, se convierte en un asunto de sensibilidad, la cual, como la luz de luna, golpea los cuerpos independientemente de su forma, tamaño o sexo. El cineasta afroamericano Barry Jenkins conjura una aguda sensibilidad al presentar en su opera prima Luz de Luna la historia de un joven de los barrios pobres de Miami en tres momentos distintos de su vida.

Como si fuesen fases lunares, Jenkins nos presenta el despertar afectivo del joven Chiron, primero como un frágil e introvertido niño apodado “Little”; después como un escuálido y vulnerable adolescente; y, finalmente, como una vigorosa figura conocida como “Black” que emana virilidad e intimida igual que conmueve. Armado con una inquietamente grácil cámara y la sensual fotografía de James Laxton, el cineasta nominado al Oscar evade lo melodramático, lo histérico y lo gratuitamente vulgar para presentar, en un contexto de profunda fealdad estética y moral, una historia de exquisita y pulcra belleza.

Luz de Luna pone su énfasis en la furtividad de las circunstancias que encausan el deseo y las que, así como enjaulan el afecto, permiten su libre e impredecible flujo a través de una vívida exploración de la masculinidad. Particularmente desde su parte más frágil, invariable aún cuando su exterior se curta con el paso de los años.

Desde el primer encuentro con la ambigua gentileza de Juan, interpretado con desbordante calidez por Mahershala Ali, pasando por los agresivos intercambios con su menguante madre (Naomie Harris), una promiscua adicta al crack, hasta el devastadoramente quieto desenlace con su amor platónico Kevin (André Holland). Jenkins demuestra una sofisticación que evoca las películas de cineastas como Wong Kar Wai (Happy Together, 1997), Ang Lee (Lust, Caution, 2007), Julián Hernández (Rabioso sol, rabioso cielo, 2009) o Todd Haynes (Carol, 2015).

La película, antes que responder a las tendencias o necesidades de géneros o etiquetas fáciles, encuentra su poder en lo humano. En una visceralidad de varios matices que encuentra una elocuencia única en la triada de actores que interpretan a Chiron: Alex R. Hibbert, Ashton Sanders y el brutal Trevante Rhodes. La cohesión lograda entre los tres actores (que supuestamente no vieron sus actuaciones entre sí), resulta fundamental para que la película no se perciba como fragmentada, sino que cada uno de sus movimientos sean tan naturales y espontáneos, pero de implicaciones tan grandes como las de las fases de la luna.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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