‘Las brujas de Zugarramurdi’: Risas embrujadas

Las mujeres son brujas, literal y figurativamente, en la más reciente película del español Álex de la Iglesia. Obra de dos mitades diferentes entre si, Las brujas de Zugarramurdi (2013) no muestra primeramente la voz del hombre cuarentón cansado de su esposa para después dar paso a los elementos del cine fantástico; un territorio que, ciertamente, de la Iglesia no desconoce.

Antes de que piensen que estamos ante una cinta machista, cabe recordar que el humor es lo que prevalece en la obra del director. Aquí todos somos bienvenidos para pasar un buen rato y, finalmente, el hombre que acusa a su ex-esposa de ser una mala persona e influencia para su pequeño hijo es un delincuente que ha decidido robar una joyería con la ayuda de, ni más ni menos, su propio vástago.

De la Iglesia es capaz de crear humor negro puro, prueba de ello es la primera mitad de esta película, donde un ritmo acelerado nos lleva a ver el robo y sus consecuencias. Durante el robo se mezcla la imagen de personajes animados venerados, como Bob Esponja y Minnie Mouse (los ladrones usan botargas), con armas de fuego y policías; además vemos al niño actuar como un cabroncito, por lo que es fácil detectar el sello humorístico del director.

Aunque tal vez su mayor acierto es jugar con la noción del asaltante que, más que cualquier otra cosa, nos provoca risa. Dos amigos, y el hijo de uno de ellos, tratan de huir de la policía pero el verdadero dolor de cabeza será, como ya se lo imaginan, sus propias mujeres. La madre del pequeño en algún momento se mostrará preocupada y la novia del amigo los terminará poniendo en aprietos. A todo esto se une un taxista, quien es forzado a manejar rumbo a Francia por los ladrones, y el pasajero de este mismo; “debimos parar un taxi que no estuviese ocupado”, se reclaman los fugitivos y las risas que provocan son constantes.

Y es el taxista quien parece más afectado por la vida marital, aburrido de la esposa y en busca de una aventura que le inyecte algo de adrenalina. De la Iglesia complace a sus personajes, regalándoles una visita al pueblo español, ya cercano a Francia, Zagarramurdi. La audiencia sabe lo que les espera a estos hombres y el resultado es más o menos el imaginado.

Hay un motivo para estrenar la película en México en pleno día de San Valentín, esto debido a que Las brujas de Zugarramurdi termina ofreciendo una historia de amor con la bruja más joven (interpretada por Carolina Bang) siendo motivada por familiares y amigos a engañar y jugar con la mayor cantidad  de hombres posible, aunque ella sigue creyendo en el amor extraído de un cuento de hadas.

Por otro lado, Las brujas de Zugarramurdi no es una cinta que se base en el suspenso, pero por ahí un par de escenas juegan con esto, haciendo que la audiencia pueda llegar a pensar en lo más grotesco. Tampoco es una película que dependa al 100% de efectos especiales, pero cuando los necesita se muestra un trabajo que ya quisiera cualquier película mexicana de género. Vaya, la segunda mitad no es lo más impresionante en cuanto a brujas, rituales de sacrificio o monstruos pero al menos de la Iglesia cierra con eso precisamente: brujas, rituales de sacrificio y un monstruo. Suficiente material para entretener.

Por Eric Ortiz (@ElMachoBionico)

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