‘Cuando los hijos regresan’ y la inercia familiar

El lugar común dice que uno no elige a su familia. La lotería genética manda y no hay manera de evitarla. Nos queda aceptarnos porque aquí nos tocó vivir, parece ser el mantra más aceptado, así sea necesario intentar varias veces lograr la perfecta convivencia. La sangre perdona porque llama.

En Cuando los hijos regresan (2017), Adelina (Carmen Maura, la musa de Pedro Almodóvar) y Manuel (Fernando Luján) han esperado toda la vida el momento en que sus hijos por fin abandonen el hogar familiar (a diferencia de los de Cuando los hijos se van, pero ésa es otra película) para poder disfrutar a sus anchas de su vida en pareja, sin interrupciones ni preocupaciones.

Sin embargo, uno a uno, sus hijos regresarán a tocar la puerta como atraídos por la fuerza gravitacional de las estrellas. Carlota (Cecilia Suárez) porque su matrimonio naufraga por una aparente infidelidad de su marido, Gilberto (Tomás Rojas). En el caso de Chico (Erick Elías), un mal negocio dejó a su compañía llena de deudas que el banco se cobrará con su moderno departamento en Santa Fe, donde vive con su interesada mujer, Daniela (Irene Azuela). El más pequeño del clan, Rafis (Francisco de la Reguera), aparentaba tener segura una plaza de investigador pero la realidad se impone a los sueños.

La película tiene como su eje una queja frecuente de la paternidad moderna: los hijos, parecen, tardar más en independizarse. Es una percepción que tiene bases reales (según la aplicación DadaRoom es a los 28 años), aunque la película no parece tener intenciones de abordarlas. Es una oportunidad desperdiciada que dotaría a los personajes de una mayor profundidad y no quedarían reducidos a puntadas para convertirse en personas (el amigo de intercambio, el boliche, el perro cagón, etc.). El relato está contado desde los ojos de los padres y la trama avanza utilizando el egoísmo de los hijos como principal muleta, victimizando una y otra vez a los padres.

La ópera prima de Hugo Lara navega en una mezcla de drama/comedia muy similar a la de Un padre no tan padre (2016) -otro ejercicio sobre familias que encuentran aceptación-, con la que comparte más de un guiño (tal vez porque ambas abusan del lugar común) y al tono de dramedies norteamericanos como La pequeña señorita Sunshine (Little Miss Sunshine, 2006).

Cuando los hijos regresan intenta ofrecernos una reflexión sobre lo que significa tener y mantener una familia unida. Cuando no hay honestidad entre sus miembros la estructura siempre estará en riesgo de colapso, aun cuando sus elementos intenten mantenerse juntos por la inercia de su suerte al nacer.

Por Rafael Paz (@pazespa)
Publicado originalmente en Forbes México Digital.

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