GIFF | Blanco de verano, una película sobre la adolescencia

Más de una decena de producciones mexicanas se presentarán en la vigésima cuarta edición del Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF, por sus siglas en inglés), que se celebrará del éste celebrará del 16 al 26 de septiembre. Entre las películas participantes se encuentra Blanco de verano, el primer largometraje de ficción del realizador Rodrigo Ruíz Patterson (Australia).

La película está protagonizada por “Rodrigo, un adolescente solitario, es rey en el mundo íntimo que tiene con su madre. Todo cambia cuando ella lleva a vivir a su nuevo novio a su pequeña casa en los márgenes de la Ciudad de México. Rodrigo se debate entre aceptar a la nueva familia o recuperar el trono, aún a costa de la felicidad de quien más quiere”, detalla su sinopsis oficial.

El egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) nos contó sobre sus influencias, su colaboración con el guionista Raúl Quintanilla y su acercamiento literario al cine.

Butaca Ancha (BA): Es una historia que surgió de manera muy personal, ¿hay algo terapéutico en usar tus experiencias para nutrir la película?

Rodrigo Ruíz Patterson (RRP): Esta es mi primera película de ficción, yo creía que lo más adecuado para una primera película era hablar de algo que conocía. Hoy, justamente, pienso lo contrario, para la siguiente quisiera demostrarme a mí como artista que puedo hablar a través de otros personajes con los que no necesariamente comparto tantas similitudes.

En Blanco de verano, ese era un poco el mantra: hacer algo que yo pudiera contar mejor que nadie. Al final, es una abstracción, es una historia bastante universal, con la que todo mundo se puede relacionar sin importar las particularidades de la zona, de la cultura y demás. Es un conflicto muy clásico, son dos hombres que quieren a la misma mujer.

Es una historia que si bien conserva ciertos matices personales, nada de lo está ahí sucedió realmente. Decidimos ficcionar en pos de hacer un drama congruente, interesante y, más allá de hablar de mí, creo que el volver la cara a nuestros traumas y las cosas inexplicables del pasado, hacer el simple hecho de acotarlas, analizarlas y hacer un ejercicio de recordar, juega a favor. Para resolver los problemas debes saber primero que es un problema. Hay algo de eso.

Es una película bastante psicológica. Yo creo en el psicoanálisis como una herramienta para tratar los problemas del presente a través de los traumas del pasado.

BA: ¿Cómo fue tu colaboración con Raúl Quintanilla, co-guionista de Blanco de verano?

RRP: Todo empezó porque, en ese afán de querer hacerlo muy personal, inicié una investigación. Di un vistazo al pasado en el que me entrevisté con mi familia, qué pensaban de mí a esa edad mis maestros, y con otras personas. Hice una redacción muy grande de eventos de mi vida, una biografía.

Escribí un primer tratamiento de guión que no funcionaba muy bien. Estaba bastante desbordado. Si bien ya estaba la esencia de la película, trataba muchos temas. Me di cuenta que mi vida no era tan interesante como yo creía. Recurrí a Raúl, un buen amigo mío, nos conocemos desde la preparatoria y luego fuimos compañeros en el CCC. Me conoce bien, por eso le pedí que me ayudara.

Con su ojo externo y más objetivo, tratamos de moldearla para acotarla en personajes, conflictos, volverla más concreta. Es verdad que, a veces, cuando uno escribe sólo es más rápido, pero no necesariamente está bien. Cuando escribes con otra persona hay un proceso de diálogo en el que trabajas las ideas, prevalecen siempre las mejores. Creo que el método de dialogar las ideas es la forma ideal de llegar a las mejores ideas posibles.

Uno tal vez se tarda en llegar más a los resultados, porque se discute más y no estás solo. Pero cuando llegas a un puerto tienes la certeza de que no sólo lo pensó una cabeza. Siempre es muy refrescante.

BA: Blanco de verano es un coming of age sobre un adolescente que ve atacado su pequeño universo.

RRP: Cuando pensamos en esta película no la enmarcamos como un coming of age, luego las películas necesitan ciertas etiquetas para comercializarse pero siempre fue una película que partió de encontrar personajes reales, extraordinarios dentro de su realidad y que estuvieran conducidos por conflictos y pasiones reales, con las que cualquiera se puede identificar. Sin buenos, ni malos. Poner a estos personajes con complejidad en una situación de conflicto y ver qué sucedía.

La premisa era no tener preconcepciones de la historia y a dónde queríamos llegar, saber que en el tercer acto tenía que pasar tal cosa. El ejercicio fue permitir a los personajes guiar su destino con sus acciones y las consecuencias de sus actos.

Es un chico que se siente fuera de lugar. Nos aproximamos a los personajes a través de lo que carecen. Ese chico carece, como muchos en la adolescencia, de un lugar al cual pertenecer. La adolescencia es una etapa moral. Como dice Lawrence Kohlberg, es una etapa en la tratas de encajar en grupos, encontrar tu lugar en el mundo.

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BA: Uno de tus cortos anteriores, Paradisio (2013), también es protagonizado por un adolescente que ve su pequeño universo sacudido por un hecho súbito. ¿Qué te llama la atención como creador de ese tema?

RRP: Hace mucho de ese corto, le tengo mucho cariño pero, honestamente, no creo que sea bueno. Siento que muchas cosas suceden en ese corto porque si, no hay muchas consecuencias.

Es una coincidencia el que sean dos adolescentes, en otros cortos son personajes femeninos de mediana edad. No sé si me interesan las narrativas adolescentes. Creo que tienen una ventaja que es óptima para el drama y tener conflictos interesantes en la película, porque en la adolescencia eres muy impulsivo. Esa impulsividad da para tener un buen drama, ser impredecible está en esos personajes.

Cuando tú no sabes qué hará el personaje y cómo va a reaccionar creas expectativa, eso siempre es bueno para una película. A diferencia de una mujer de mediana edad que nunca he sido o seré, he sido un adolescente. Tal vez ahí me anclo cuando necesito tener certeza de lo que estoy hablando.

BA: El fuego es un elemento narrativo importante, ¿qué te atrae de esa imagen?

RRP: Soy medio pirómano. El fuego es un símbolo fuerte audiovisualmente. Al final, como cineasta, al contrario de ser novelista y que puedes entrar a la cabeza de tu personaje, en el cine no puedes. Tienes que encontrar cómo conferir el estado de ánimo de tus personajes con acciones, como dice Aristóteles: un personaje es acción, es lo que hace.

Para retratar el estado de ánimo interior de este chico, teníamos que encontrar una acción que nos diera eso y descubrimos que era el fuego. Nos permitía homologar su mundo interno en una acción muy concreta: quemar cosas.

BA: Me parece que una de tus grandes influencias es el cine británico independiente, en la vena de Andrea Arnold. ¿Qué otras influencias se colaron en la película?

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RRP: Es verdad que esa corriente inglesa, a la que le llaman kitchen sink realism, dramas sociales realistas que, a veces, pecan de ser demasiado realistas. De Blanco de verano crítico que a veces es demasiado realista, para bien y para mal.

Fish Tank es una referencia, una película que me gusta mucho y me parece hecha con mucho corazón. Para Blanco de verano, también están los hermanos Dardenne, John Cassavettes, esto de despreciar la estética de una película en pos de subordinarla a la verdad actoral y la reacción de las personas que tienes ahí frente a la cámara.

Mucho y muy fuerte es Los 400 golpes, una película que a mi me encanta desde siempre y logra retratar muy bien ese periodo de incertidumbre que es la adolescencia.

Hay muchas referencias literarias porque me interesa mucho la literatura. Soy un escritor de clóset. Algo como Incendios, de Richard Ford, me gusta esa noción de crear un pueblo. Lo que en la literatura se llama trasunto, un lugar con ciertas cualidades que termina por ser ficción. Como el condado de William Falkner, la Comala de Rulfo, la Santa Teresa de Bolaño. Mucho hay ahí de esas influencias literarias.

Otras referencias son inconscientes porque están en tu sistema, te gustan. El trabajo de dirigir es tomar decisiones todo el tiempo y ese conocimiento, esas influencias tatuadas en tu inconsciente, salen en esa toma de decisiones. Hoy que estamos en una sociedad sobre mediatizada deben estar muchas otras que ni siquiera noto.

BA: Hay un epígrafe en Blanco de verano y anteriormente has hablado de acercarte a la película como si fuera una novela, ¿te acercas a la literatura y el cine de manera similar?

RRP: Viene de que si yo fuera buen escritor, me dedicaría a escribir. A los escritores no tan buenos les va mejor haciendo películas. Todo lo que he hecho tiene un epígrafe, es, de alguna manera, como sentir que lo que hago es una novela. Es muy bizarro y no lo entiendo ni yo mismo, opera así.

En este caso, por ejemplo, la cita de esta película antes de la que quedó era de F. Scott Fitzgerald: “They slipped briskly into an intimacy from which they never recovered” (Se deslizaron rápidamente hacia una intimidad de la que nunca se recuperaron). Es una cita de su novela A este lado del paraíso, su “ópera prima” de 1919. Justo estaba eligiendo qué epígrafe poner en la película en 2019, se me hacía muy chistoso que eran 100 años y los conflictos eran los mismos. Sobre todo este hombre, con esa cita, me daba coraje porque decía “todo lo que yo hice en la película, me tardé 6 años en filmar y costó tanto dinero, él lo dijo en una línea”. La sensación que yo quería conferir, él la puso en una línea.

Luego pensé “si él ya la hizo en una línea, no la voy a poner antes de la película”. Lo pensé mejor y quedó otra línea que, más que tener que ver con la película, está relacionada con el proceso que tuve al hacerla. Dígamos que, sucedió con la película, al echar un vistazo al pasado, no encontré lo que esperaba.

Por Rafael Paz (@pazespa)
Publicado originalmente en Gaceta UNAM, retomado con permiso de su autor.

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