Cinema Móvil Presenta: ‘Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando’

Hace poco más de un año, a propósito del estreno de Amor de mis Amores, se podía concluir que Manolo Caro estaba construyendo su incipiente filmografía a partir de una efectiva dirección de actores al servicio del dramedy. Le daba la vuelta a la fórmula de aquella ola de sex-yuppie-com que irrumpiría en la primera mitad de la década pasada; aunque también quedaba claro que las situaciones en que se involucraban los personajes no siempre resultaban del todo verosímiles (el rocambolesco asalto bancario, aquel arquitecto que abandona su carrera para dedicarse a realizar con una pequeña cámara, un idílico documental acerca del verdadero significado del amor, etc.).

Y de la nada, Caro ha llegado a reinventarse de manera asombrosa para su nueva película: Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando. No sólo se trata de su primer guión que no tiene un origen teatral con el que de paso abandona en gran medida el universo afelpado anteriormente creado (donde hubiera sido hasta plausible que los hombres y mujeres de sus películas se cruzaran y coincidieran en la calle); sino que consigue imponer un estilo dramático y sobre todo visual, una personalidad como ya quisieran muchos realizadores de su generación (ya sean aquéllos que transitan en el mainstream o nuestros “petit auteurs”).

Curiosamente, la búsqueda por varios días que emprende una mujer clasemediera que ha llegado a los cuarenta años, para conocer el paradero de su marido (Carlos Bardem) que huyó de casa y de quien descubre fortuitamente que mantiene un affaire con un hombre menor que él (Luis Gerardo Méndez); es en realidad un mero pretexto para el vehículo de lucimiento de su musa: Cecilia Suárez, más guapa que nunca.

Quien esto escribe no recuerda alguna otra película mexicana contemporánea tan preocupada en explotar la beldad de una actriz. En Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando, Suárez es Dietrich, Garbo, Hayworth, Gardner, Bacall, Hepburn… una amalgama explosiva. Los encuadres cerrados, el diseño de arte, los vestuarios y hasta los peinados, recorren varios matices del personaje: de su fragilidad a su sensualidad, de su lado más teatral (esos geniales intercambios telefónicos con la recepcionista del trabajo del esposo, interpretada por Mariana Treviño) a su rostro más desagradable remitiéndonos a la Cate Blanchett de Blue Jasmine; ello mientras trata de independizarse y ganar dinero, sacando partido del único don que tiene: ser una reina del drama y el llanto, ideal para ser usado en los velorios que se llevan a cabo al interior de la funeraria de la cual es dueña su mejor amiga (Angie Cepeda), decisión que provocará un giro en la historia.

Cierto, es imperfecta (ese soundtrack entrañable y espontaneo en Amor de mis Amores ahora ya se siente en gimmick forzado; esos personajes que no siempre ayudan al avance de la trama, como la vecina fanática religiosa encarnada por Vanessa Bauche o la madre inoportuna que le da vida Angélica Aragón; esos flashbacks breves pero innecesarios para recalcar una vuelta de tuerca en el relato…); sin embargo, eso es lo de menos. En Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando sobresale una narrativa frenética y atrevida mientras que Caro ha convertido instantáneamente en imagen inalcanzable y fantasía perenne a su protagonista.

Por Alberto Acuña Navarijo para CinemaMovil_Mx

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