‘El último exorcismo – Parte II’: Secuelitis

Hace tres años, El último exorcismo (The Last Exorcism, 2010) tuvo un discreto pero sólido recibimiento entre el público que amante del cine de horror y se insertó en la moda del found footage.

Su premisa era sencilla: un estafador/exorcista era llamado a una casa en Louisiana para salvar a una jovencita, Nell (Ashley Bell), de las garras del demonio. Por dos tercios de la película, se nos sugería que a la adolescente la afectaba una fuerte esquizofrenia y no una posesión demoníaca, sólo para que un giro final nos convirtiera en testigos de las maquinaciones de una secta satánica.

La producción de la cinta costó cerca de 2 millones de dólares y tuvo una taquilla a nivel mundial de $67,738,090 mdd. Con ese margen de ganancias la secuela era cuestión de tiempo, inevitable como que el sol sale todos los días.

Para la segunda entrega de El último exorcismo –hacer mofa de la irónica del título es demasiado sencillo–, se nos hace un resumen de la primera cinta y se nos transporta al momento en que Nell es hallada después de escapar de la secta, paso seguido es llevada a un psiquiátrico.

Los doctores deciden que nuestra protagonista sólo sufre de un ataque de pánico, además ella no recuerda nada y deciden mandarla a una casa de descanso. Ahí reiniciará su vida, conseguirá un trabajo, comenzará a socializar con las otras chicas de la casa e, incluso, empezará a flirtear con un chico. Simplemente decide que los demonios nunca fueron reales y que nunca lo serán.

La estética del video encontrado es eliminada en un paso similar al de Rec 3: Génesis. Por lo tanto estamos ante un –muy– tradicional filme de exorcismos, en nada diferente o desafiante a lo que hemos visto en diversas ocasiones, tanto que ya se ha vuelto mundano.

Hay un intento de parte del director Ed Gass-Donnelly –en reemplazo de Daniel Stamm– y el guionista Damien Chazelle por recrear esa atmósfera de la primera cinta donde era posible que todo el trastorno tuviera lugar sólo en la cabeza de Nell, sin interferencia diabólica de ningún tipo.

Pronto esa veta es dejada de lado para revivir a los viejos fantasmas, la secta ha encontrado a Nell y está lista para terminar lo que empezaron en el bosque. Esta vez prometen que no hay forma de evitar los acontecimientos.

Cuando Eli Roth debutó con Cabin Fever (2002), Quentin Tarantino pronosticó que era el futuro del cine de horror. Desde entonces Roth ha dirigido 2 partes de Hostal y se ha dedicado a actuar y producir, rol que juega aquí. Conforme pasan los años cada nueva producción de Roth baja de nivel respecto a la anterior. El último exorcismo – Parte II debe ser la peor de todas, pero ya saben que sucede cuando a los productores les entra la secuelitis: los síntomas incluyen poca visión para comprobar la calidad del producto.

Por Rafael Paz (@pazespa)

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