Es momento de revisar dos películas que participaron en la Competencia Oficial del Festival Internacional de Cine de Cannes:

Pacifiction
Dir. Albert Serra
Sección: Competencia Oficial

Existe cierta predisposición al trabajo de Albert Serra considerando que muchos prefieren tomar con mayor consideración sus declaraciones que sus películas. A Serra como cineasta le interesa, principalmente, trabajar con el tiempo como un dispositivo maleable y que no necesariamente está desprovisto de acción o de situaciones, después de todo, el cine siempre implica movimiento. Donde muchos otros han elegido la deshonestidad intelectual para cobijar su pereza y desidia, Serra ha trabajado disciplinadamente para llegar a lo alcanzado en su más reciente largometraje Pacifiction, en el que la imagen ha alcanzado tal grado de destilación y transparencia que resulta tan cristalina como las aguas de Tahití, donde se desarrolla la película.

Protagonizada por Benoît Magimel, célebre por su actuación en La pianista (Haneke, 2001), Pacifiction es una serie de largos intercambios entre varios personajes, casi todos involucrados en la política y el poder. Magimel interpreta a un diplomático francés instalado en Tahití y tan acostumbrado a la rapaz explotación de su entorno, que ésta ya parece un fenómeno tan común como el oleaje del mar. Varios problemas se van acumulando en este tenuemente coloreado paraíso para el protagonista, que se convierte en testigo de su gradual putrefacción moral, así como se atestiguaba la física en La mort de Louis XIV (2016) y en La historia de la meva mort (2013).

Como en Liberté (2019), Serra se sumerge en un entorno donde la depravación y el goce tienen una presencia fundamental, pero a diferencia de aquella, aquí el goce se ha extinguido, los pocos desnudos a cuadro tienen una naturaleza radicalmente distinta y la belleza de los paisajes naturales permanece pero es curiosamente estéril, donde el tiempo tiene una cadencia especial. No estamos ante una obra en la que abunda el silencio y el sonido de la naturaleza como en Cant des Ocels (2008), sino la voz de Magimel y sus múltiples intercambios con distintos personajes, en escenas finamente articuladas, que no siguen una secuencia específica y cuya composición y color parecen tomar inspiración de la obra del pintor Paul Gaugin, un artista señalado justamente por su relación con el colonialismo. Quizá lo más asombroso de Pacifiction, considerando su sólido compromiso con la transparencia, es que las únicas secuencias que guardan ambigüedad son aquellas en las que se filma el sol: no sabemos si anochece o amanece, por ello, el prospecto de la penumbra perpetua es una amenaza que no tiene un final aparente.

Close
Dir. Lukas Dhont
Sección: Competencia Oficial

Es muy claro que el joven cineasta belga Lukas Dhont es alguien tiene una sensibilidad particular, que aparentemente le resulta difícil transmitir al espectador sin necesidad de recurrir a dispositivos formales que predisponen una respuesta emocional, como el uso de cierto tipo de música, la estetización de algunas escenas y un acercamiento pretendidamente realista. Con Girl (2019), su película anterior, Dhont se vio sujeto a controversia por su retrato de una bailarina de ballet trans, particularmente después de su estreno en Estados Unidos. En Close, Dhont ha prescindido de temas más complejos y decidió centrarse en la relación de un par de amigos de la infancia que después de un cambio de escuela, ven su relación fragmentarse, primero por burlas de lo “cercana” que es su relación por parte de otros niños y, por otro lado, por la inevitable divergencia de intereses que se enfrentan a medida que se va creciendo.

En Close no se admite ningún tipo de sutileza, su construcción obedece a los principios melodramáticos más básicos y le es relativamente sencillo conmover a la audiencia, principalmente por el trabajo de sus dos jóvenes protagonistas (Gustav de Waele e Igor van Dessel) quienes, junto a un ensamble actoral sólido, hacen que la película funcione como una máquina efectiva, pero sin ningún mérito artístico. Close usa una pedagogía emocional simple que sin duda será popular entre las audiencias, pero dicha simpleza termina por afectar sus intenciones de explorar a profundidad el duelo por perder a un amigo: el sufrimiento se convierte en una plataforma sentimental antes que una fuente de aprendizaje y crecimiento, por ello las “metáforas” de la película son tan obvias y carentes de resonancia. Quizás hoy lloremos con Close, pero mañana habremos olvidado la razón de ese llanto.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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