‘Chicas armadas y peligrosas’: La ley de las minorías

En el devenir de géneros y su destrucción posmoderna de barreras y códigos, uno de los más populares desde su concepción ha sido el buddy comedy. Una fórmula sencilla anclada en la dualidad inherente a cada persona, el ahora sobadísimo concepto del ying y el yang, que en tiempos modernos ha perdido todo sentido para convertirse en algo banalizado pero aun resonante.

El buddy comedy se apoya siempre en el balance logrado en la unión de polos radicalmente disímiles, la comicidad nace del choque. Esta hilarante guerra antónima ha encontrado representantes en cintas como Lethal Weapon (1987) con Mel Gibson y Danny Glover, K-9 con James Belushi y el excelso pastor alemán Rando (que vio truncada su carrera por un escándalo de drogas, perras y micción en aviones) hasta llegar a esfuerzos desgastados como Cop Out (2011) con Bruce Willis y Tracy Morgan y The Other Guys (2010) con Mark Wahlberg y Will Ferrell.

En Chicas armadas y peligrosas (The Heat, 2013), nueva cinta del director formado en televisión Paul Feig, que orquestó el colosal banquete de Bridesmaids (2011), reúne los talentos cómicos de una pre-menopaúsica Sandra Bullock y la vivaz fuerza de Melissa McCarthy. La historia es sobre una agente del FBI (Bullock) de personalidad anal retentiva, emocionalmente incompetente, rígida y obsesiva que al trabajar en un caso de narcotráfico en Boston debe lidiar con una desaliñada, emocionalmente inoperante y brutal detective (McCarthy). La trama genérica se ve reforzada por un sólido trabajo actoral en el desarrollo de personajes, particularmente por parte de Sandra Bullock y Melissa McCarthy.

Las historias familiares y todas las neurosis pertenecientes a las mismas se hacen patentes en cada escena de interacción, un trabajo cómico de muy buena factura, en la que el director Paul Feig continúa demostrando una buena mano para dar matiz al usualmente escatológico humor norteamericano, que a últimas fechas ha caído en un profundo caño gracias a la labor del pueril Adam Sandler.

Además de un acercamiento ligeramente diferente al género (desde una perspectiva femenina) éste parece ser un esfuerzo por lograr un acercamiento étnico al integrar en papeles principales al mexicano Demián Bichir como el jefe de la Bullock y al comediante afroamericano Marlon Wayans como el interés romántico, sin embargo la cinta no se apoya en las convenciones tradicionales del género y deja abierta la relación entre los dos personajes principales. Una comedia que abarca el ángulo de todas las minorías en un rudo cuadro cómico.

Probablemente no sea tan memorable o llegue a las grotescas sutilezas de una cinta como Bridesmaids, pero The Heat se fortalece gracias a su perspectiva nueva aunque quizá sea necesario pulir los detalles y dejar que sea la personalidad la que llegue a la risa y no el fétido y grotesco estereotipo.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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