‘Antes de la medianoche’: La clausura de la intimidad

Fue en 1995 que el cineasta texano Richard Linklater (Slacker, Waking Life) nos introdujo de manera memorablemente fugaz en Before Sunrise (1995) a Jesse (Ethan Hawke), un joven con grandes aspiraciones e innegable talento para escribir, y a Celine (Julie Delpy), una idealista joven francesa de ideas arraigadas y sofisticada belleza. Ambos jóvenes se paseaban en Viena con atuendos grunge, discutían de filosofía, su visión del mundo, sus ansiedades, sus deseos y sus más profundos anhelos. Todo esto en el transcurso de un día en el que a la larga, ambos personajes habrían de separarse ya que la vida hacía un llamado a que ambos se separaran dejando una promesa que se desvanecía con el partir de un tren.

10 años después, en Before Sunset (2004), Jesse es un escritor célebre que ha plasmado su romance con Celine en una nueva novela que es relativamente popular en Francia. Después de una conferencia de prensa en una pequeña librería, Celine se reencuentra con Jesse. Ahora éste tiene un hijo y está casado. Ambos caminan por las calles de París y Jesse está a punto de tomar el vuelo de regreso a casa. La película cierra con una ambigua incógnita que dejaría a los espectadores devastados u optimistas del resultado.

Ahora, Linklater, que viene de un modesto hit con la sobriedad de Bernie (2011), nos da el ambicioso  capítulo final en la vida de Jesse y Celine, interpretados con crudo brío y dolorosa ternura por Ethan Hawke y Julie Delpy, quienes en Antes de la medianoche (Before Midnight) nos muestran una orgánica evolución de sus personajes, su crecimiento es real y abrasivo, ofreciéndonos un auténtico espectáculo de intimidad ejecutado con maestría, que se hermana con algunas de las diadas emocionalmente más crudas del cine como George Sanders e Ingrid Bergman en Viaggio a Italia (1954) de Rosellini (citada en la película), Liv Ullman y Erland Josephson en Scenes from a Marriage (1973) de Bergman y Woody Allen y Mia Farrow en Husbands and Wives (1992).

Ahora que están en sus cuatro décadas, Hawke, Delpy y Linklater recurren a un paraje simbólico rescatando su trágica belleza, el sur del Peloponeso en Grecia, nación que epitomiza las consecuencias del capitalismo salvaje que los jóvenes que turisteaban en Ámsterdam en 1994 criticaban con convicción. Es en este escenario que Jesse y Celine discuten no sólo sobre ellos, sino sobre las nuevas tecnologías y cómo estas destruyen al hombre, las sesiones intensas de adulación entre un viejo escritor griego, un fabricante de bicicletas y Jesse; discusiones sobre el amor joven, sobre sexo y sobre las relaciones de pareja, todo en un bello caudal verborréico que abarca una gran gama de temas, pero que nunca abandona su foco central, la pareja y el lugar. Viena era el descubrimiento y la cándida experimentación, París, el enigmático preludio al compromiso, y Grecia, las potentes ruinas que guardan un casi absurdo anhelo.

Linklater, ya un experimentado lobo de mar, realiza con solvente clase y sublime manejo de cámara su pieza final en esta trilogía, una de las más celebradas por la crítica de todos los tiempos. La añoranza por los años que se van perdiendo, los conflictos y el verbo aparecen con naturalidad ante la lente de Linklater, quien coescribe junto a sus actores principales el magnífico guión. Particularmente memorable es la secuencia en la que Julie Delpy mantiene una escena de incomoda tensión con los senos al aire… y vaya que hacía frijolito ese día.

Llegará el momento en que volteemos hacia estas cintas y evaluemos nuestras vidas tomando como parámetro esta cruda ficción, tan orgánica y fluida que parece real, que el trío conformado por director y actores nos han hecho creer que es real. Hay demasiadas relaciones de pareja que se mantienen a flote en base a una cruel esperanza de algo que nunca llegará, vidas deshechas que se aferran a un débil ideal, convencidas que han tomado las decisiones correctas, pero cuando miremos a Jesse y Celine, el transcurso de su vida y relación, nos daremos cuenta de lo equivocados que estamos. Before Midnight es el tipo de ficción más consumada que puede existir, ya que nos confronta con nuestra realidad de manera catártica, tengas 20, 30 o 40 años.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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