Ambulante | ‘Heart of a Dog’: Memorias de un can

Como ya decíamos en nuestro previo de Ambulante, Heart of a Dog de la artista Laurie Anderson es sin duda uno de los títulos más llamativos, tanto por su fastuoso pedigree autoral como la vigencia de sus temáticas para audiencias contemporáneas.  Es precisamente sobre los tres temas centrales del ensayo fílmico -Memoria, Luto y Canofilia- que dos de nuestros colaboradores discuten cómo son trabajados por Anderson:

MEMORIA

JJ Negrete (@jjnegretec): Siendo una de las artistas más celebradas en tiempos contemporáneos por su trabajo como compositora, Laurie Anderson en su más reciente exploración audiovisual, llamada Heart of a Dog, borda un trabajo que tiene un ritmo muy similar a la memoria misma: episódico, errático, disperso y de una balbuceante belleza. Armada alrededor de la partida de su mascota, una terrier llamada Lolabelle a la que la artista enseñó pintura, escultura y música.

La elegía canina de Anderson concibe la memoria como un proceso que se ve gentilmente nublado por la emoción y, particularmente en este caso, por el dolor. Los recuerdos de Lolabelle son los que dan genuina contundencia a este fragmentado ensayo, que cuando busca seguir otros derroteros, termina por divagar sin un rumbo claro, hilvanando algunas ideas muy sueltas sobre distintos temas: desde apuntes a Wittgenstein hasta la seguridad en EU post 11 de Septiembre. Recuerdos, desbaratados, pero recuerdos al fin.

Icnitl Y García (@Mariodelacerna): Cuando Dante va en busca de Beatriz, cada decisión es fundamental para poder asistir a su encuentro. La pérdida es el dislocamiento de un mundo, de su forma y su presencia. Perder a quien amamos es perder parte de nuestra memoria y al mismo tiempo la reinvención de los recuerdos restantes, una forma de seguir en búsqueda.

La memoria, fragmentos que sólo adquieren sentido cuando regresamos a ellos para restaurarlos, rescatarlos y narrarlos. El vínculo que se crea a partir de su rescate, la dialéctica creada no puede ser anticipada, es, de hecho, una sorpresa: En busca del tiempo perdido persigue ese encanto porque es imposible de descifrar. La memoria, es decir, quien vive en un espacio-tiempo específico, se encuentra inherentemente sumergido en sus lecturas, en su contexto, en sus aromas… El documental-ensayo trata de exponer esa experiencia de manera plástica, su riqueza descansa precisamente ahí donde se encuentra lo desbaratado porque se busca su reconstrucción.

LUTO

@jjnegretec: Creo que es precisamente en el dolor donde el documental/ensayo de Anderson encuentra mucho mayor resonancia. La relación entre ambas (ama y mascota) busca ser dimensionada con profusas citas al Libro de los muertos tibetano, creando un aura trascendentalista que se ve opacada por momentos de mayor intimidad. Se habla, sí, desde los lugares quebrados del dolor, pero esa fractura no encuentra la cohesión necesaria en el experimento audiovisual de Anderson. Es un lamento, bello de escuchar, pero difícil de visualizar e imposible de concretar.

@Mariodelacerna: Partimos de la imposibilidad de la síntesis porque la reconstrucción de la memoria siempre es distinta porque quien la rememora siempre es diferente; el mismo recuerdo no puede ser evocado dos veces de la misma forma. El intento de Anderson por lograr no la síntesis, pero sí un grabado de su proceso, busca también diluirse. Su documental si bien tiene un hilo narrativo, tiene la intención de expandirse de manera lúdica, sin límites, tratando de llegar a todos los lugares que le permite su dolor y sus puentes, pero sin profundizar; las citas del Libro de los muertos, del Tractatus Logico-philosophicus y del budismo no buscan la trascendencia, sino su liberación. El luto debe vivirse y experienciarse, pero como todo sentimiento, está fragmentado, interrumpido: la risa asoma siempre por la angustia y el dolor. Estar triste para no estarlo.

CANOFILIA

@jjnegretec: Como ya mencionábamos, el ensayo de Anderson encuentra un canal de expresión claro en cuanto a Lolabelle y hablando a través de ella, e incluso tomando su cámara el punto de vista de un can, es que logra crear una imagen del luto contemporáneo: el luto canofilo en el que el dueño proyecta una imagen de sí mismo en la mascota, una imagen que va cargada de afecto y empatía. Por ello Heart of a Dog termina por revelar más de Laurie Anderson que de Lolabelle, que como quién alguna vez ha volcado cariño en un animal doméstico, ve perdido una parte de sí con su partida. La parte más tierna y noble del ser, por ello, de las que duele más.

@Mariodelacerna: Ser otro, expandir la mismidad hasta abarcar guiños, rasgos, gestos del otro. Amar a quien articula su cariño de manera distinta pero siempre presente. Heart of a Dog es la narración del deterioro de Lolabelle, el espejo-tótem de Anderson, sin embargo su historia desglosa al mismo tiempo todos los mundos posibles para evitar la pérdida, de encontrar equilibrio, de disfrutar el tiempo expandiéndolo y la correspondencia del amor de quien nos cuida. En la primera secuencia del documental, una animación con presencia surrealista, expone el amor en su unidad: necesidad, dolor, felicidad y egoísmo. El camino de Lolabelle y Anderson será la búsqueda del equilibrio y la liberación.

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