56 Muestra | ‘El gigante egoísta’: El dolor y la avaricia

La historia original de Oscar Wilde sirvió como inspiración para que la directora Clio Bernard rodara su segundo largometraje. En realidad pareciera que la cineasta sólo tomó la base del cuento clásico para narrar su historia, puesto que el rumbo de la película sigue un camino muy distinto al relato con el que alguna vez nos arrullaron en nuestra infancia.

La película se sitúa en la época contemporánea, en un marginado barrio en el cual el gigante egoísta pasa a ser un chatarrero egoísta y en vez de vivir en una gran mansión, reina sobre un taller de chatarra. Sin embargo, Bernard decide no posar el protagonismo sobre el mencionado individuo, ya que éste sólo es uno de los catalizadores de las circunstancias que impulsan la trama.

El protagonismo recae en dos adolescentes: Arbor y Skifty, el primero muy impulsivo y rebelde; el segundo un chico más racional e introspectivo. La amistad que surgirá entre ambos hace que el filme por momentos caiga en el terreno de película sobre “la amistad juvenil”, pero afortunadamente evita ese tono cursi marca Disney. Realmente la química entre los personajes es tan sincera que hace que el público se crea completamente el cariño que se tienen ambos amigos.

Desde el inicio la directora se encarga de imprimirle un aura deprimente al filme y marcarel tono que seguirá la película, que aunque en parte es un acierto, esto va provocando que elespectador se vaya adelantando a los acontecimientos y prediga lo que irá sucediendo. Otra desventaja es que al abordar un tema algo trillado, la historia por momentos se siente monótona y el ritmo se siente cansino, consiguiendo que los párpados empiecen a pesarle al espectador. De cualquier modo, se agradece que la realizadora plantee el tema del egoísmo de manera sutil, de modo que el público pueda sacar sus propias conclusiones sin que se le orille a tomar una postura.

El egoísmo que aparece en el título no sólo hace referencia al personaje que hace las veces de Gigante Egoísta, sino al egoísmo que expresan varios de los personajes hacia los protagonistas. Desde unos papás que han tenido cosas más importantes que ejercer dicho papel, hasta unos protagonistas que piensan que lo importante es hacer dinero a toda costa, independientemente de lo inmorales que puedan resultar sus acciones, o incluso el personaje del chatarrero, dispuesto a aprovecharse de las habilidades de los menores sin importarle su bienestar.

Del mismo modo, el guión disecciona ese daño que puede significar una infancia no vivida en un adolescente, la falta de una adecuada figura paternal o excluir a esos niños de un ejemplar sistema educativo, además de exponer esa crítica implícita hacia sobreponer la avaricia sobre los verdaderos valores.

La película realmente adquiere significado gracias a un (eso sí) demoledor final, que permite expiar todo ese dolor que se percibe desde el inicio del filme; un final que sencillamente enmudece por su sinceridad y coherencia para cerrar la trama y dejar que el espectador se reponga del duro golpe mientras desfilan los créditos finales.

Por Víctor López Velarde Santibáñez (@VictorVSant)

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