Todo mundo tiene alguien menos yo: La intelectualidad amorosa

En ocasiones, las casualidades son capaces de trazar encuentros que marcan las existencias personales, sin importar la edad. En La vida de Adele (La vie d´Adelé, 2013), la joven protagonista halla en Emma la forma de experimentar amor y sexualidad, definiéndose como persona adulta en el transcurso de su relación.

A diferencia del punto de vista de la adolescencia por parte del filme del realizador Abdellatif Kechiche, Todo el mundo tiene a alguien menos yo (2012) se enfoca en la perspectiva de una adultez que ve cómo su monotonía es sacudida por una atracción inesperada. La rutina y monotonía de Alejandra (Andrea Portal), exitosa en su profesión en el entorno editorial, cambia tras conocer a María (Naian González Norvind), con quien entabla una tormentosa relación amorosa puesta a prueba por sus exigencias.

Resaltando los estados anímicos de una relación que encuentra una brecha tanto en edad como en ideas y personalidades, la ópera prima de Raul Fuentes traza el contraste de juventud y madurez, experiencia y rebeldía, modernidad y evocación al pasado a través de la fotografía de Jero-Rod García.

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La primera parte muestra la etapa óptima de la relación y, de manera predecible, halla conflictos. Fuentes construye una relación realista con altibajos, enlazando un intercambio de pensamientos sobre literatura, música, pintura y filosofía. La atención a los rostros, nucas y cabellos de las mujeres enlazan y enfatizan en el contraste de personalidades y caracteres que terminarán por definir el destino de su vínculo.

El guion opta por mostrar el proceso personal de Alejandra. Intercala flashbacks que confrontan su soledad y deseo de una compañía, asimilando los diferentes procesos de una relación que terminan por hacerla reflexionar sobre el amor y sus derivaciones. Sin embargo, la fuerza inicial languidece conforme avanza el relato. Con ciertos cabos sueltos, retoma un presente que reitera más hacia un lado más frío e intelectual que emocional, perdiendo ritmo e impacto en el conflicto interno de su protagonista.

A pesar de alejarse del enfoque conmovedor de la perspectiva de mujeres y la pintura en Retrato de una mujer en llamas (Portrait de la jeune fille en feu, 2019) o de la elegancia y las repercusiones internas en Carol (2015), Todo el mundo tiene a alguien menos yo es un convencional romance femenino atípico en la filmografía mexicana que intenta distanciarse de propuestas más comunes del cine nacional.

Por Mariana Fernández (@mariana_ferfab)

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