‘Tangerine: chicas fabulosas’: Una comedia con sustancia

Cada vez es más fácil acceder a los medios técnicos para realizar una película. Ya casi todas las cámaras comerciales filman en HD y cuentan con las herramientas necesarias para grabar audio de forma decente. Por eso es más común que broten directores de cortometrajes y óperas prima en todo el mundo. También esa oferta dificulta entender qué cineastas buscan realmente aportar algo al arte cinematográfico y quienes sólo buscan un pasatiempo. Por eso ahora que la técnica es tan accesible, creo que los artistas más que nunca deben proponer discursos diferentes y llevar al límite la creatividad. Lo que quiero decir es que la falta de presupuesto o la limitación de recursos no puede ser un pretexto más para ofrecer piezas mediocres, porque hay directores de cine que con el menor número de recursos han entregado obras redondas y poderosas. Tal es el caso de Nacho Vigalondo que filmó sendos cortometrajes de ciencia ficción con celulares, cuando aún las cámaras eran de muy baja resolución, pero que su buena manufactura e imaginativa lo convirtieron en uno de los directores españoles más propositivos e interesantes de la actualidad.

Algo similar pasa con Tangerine: chicas fabulosas (2015) nuevo filme de Sean S. Baker, un nombre bastante conocido en el ámbito independiente de los Estados Unidos. Suyos han sido trabajos como Take Out (2004) que sigue a un trabajador ilegal chino durante un día de su vida en Nueva York; y Starlet (2012) que explora la atípica pero entrañable relación amistosa entre una joven de 21 años y una mujer de 85 años en el valle de California. 

Tangerine tiene la particularidad de que fue filmada enteramente con tres iPhone 5, según los mismos realizadores por contar con un presupuesto constreñido. Así que en lugar de invertir en equipo, la producción decidió apostarle a las locaciones, los extras y el reparto y consiguieron un producto de bajo presupuesto sumamente honesto y entrañable, a partir de mostrar de manera auténtica y sin juicios morales típicos de lugar común, el submundo de las prostitutas transgéneros en el bulevar de Santa Mónica y alrededores.

Tangerine sigue a Alexandra (Mya Taylor) y a su mejor amiga, Sin-Dee Rella (Kiki Kitana Rodriguez), dos prostitutas transgénero que trabajan en la intersección de Highland Avenue y el bulevar Santa Monica. La historia se desarrolla en las vísperas de Navidad. Alexandra ha salido de prisión y descubre que su novio, el chulo de la zona, le ha sido infiel, así que decide encontrarlo y también cazar a la mujer que ha intentado suplantar su lugar en su ausencia. El filme está habitado por personajes que de alguna forma representan alguna minoría: inmigrantes, homosexuales, drogadictos, prostitutas, trasgéneros (que vale la pena decir son latinos o negros), etcétera. Hablamos de marginados del supuesto primer mundo, pero personificados con un tono ácido, violento también, pero al mismo tiempo rodeado de una atmósfera de ingenuidad y ternura humana.

Tangerine es una comedia con sustancia. Lejos de los clichés o humanizando quizá esos lugares comunes, ofrece una historia a momentos patética y a ratos sumamente conmovedora. No se trata de una película de denuncia, ni mucho menos, quizá porque el tono es relajado e incluso habituado a la situación que se vive en las calles. Más de un enredo enrarecen la trama que más allá de volverse sórdida se vuelve divertida e intensa. Las situaciones climáticas involucran a otras prostitutas, a un taxista armenio, a su suegra, a una mujer oriental que atiende un negocio de donas y despiertan reflexiones en torno a la amistad, las múltiples formas que toma el deseo y la necesidad humana, sin importar el escenario de buscar compañía. Sean S. Baker es un director bastante contundente y con ojo para humanizar personajes que usualmente Hollywood usa para parodiar: el chino ilegal por ejemplo o las prostitutas, en este caso, los usa para convertirlos en símbolos y protagonistas y quizá por eso su dimensión sea mucho más amplia y sustanciosa.

Por Davo Valdés de la Campa (@Davovaldes)

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