El mismo México y otro, una revisión de ‘Roma’

Los cines de la Ciudad de México empezaron el mes llenos de cine mexicano. A la cartelera llegaron Tiempo compartido, una comedia negra dirigida por Sebastián Hoffman, y Ana y Bruno, la animación más reciente de Carlos Carrera. Dos ejemplos sólidos de las posibilidades de nuestra industria, una demostración de talento nacional. Sin embargo, y a pesar de su reducido estreno, nadie generó más comentarios en redes sociales de Alfonso Cuarón con el pre-estreno de Roma, su proyecto más reciente que a la par se proyectó en la Mostra de Venecia.

La cinta nos provocó tantas preguntas y discusiones acaloradas, que sentamos a tres de nuestros colaboradores para discutirla a extensión. ¿A ustedes qué les pareció:

Eric Ortiz (@EricOrtizG): La primera película mexicana de Alfonso Cuarón desde Y tu mamá también expande esa atención al contexto sociopolítico del país que el narrador y su cámara enfocaban ocasionalmente en aquella road movie/historia coming-of-age sobre dos mejores amigos. Si en Y tu mamá también, el narrador mencionaba la construcción de un hotel de lujo en terrenos ejidales, Roma es justo protagonizada por una mujer de origen mixteco (Cleo, interpretada por Yalitza Aparicio) cuya madre está a punto de perder sus terrenos ante el municipio. Y aunque esto es parte del trasfondo, y la propia protagonista no le da peso a la noticia de su madre porque tiene sus propios problemas, Roma es, ciertamente, uno de los filmes más políticos de Cuarón.

Al mismo tiempo, Roma nos lleva a la casa de una familia de clase media alta en 1970 –donde Cleo trabaja como sirvienta– con la cámara puesta en su cotidianidad. Es así que Cuarón logra una cinta con varias capas, donde más de uno reconocemos la rutina de la familia, el color de México, y también la realidad nacional plagada de machismo y violencia. La trama está situada en los setenta, pero bien podría suceder hoy en día.

JJ Negrete (@jjnegretec): Yo creo que la política es central, pero desde otro lugar. Sin pretender hacerlo, Cuarón crea un retrato problemático sobre las relaciones de clase en México, muy en la línea de Juego de mentiras (1967), de Archibaldo Burns. En Roma los objetos “vibran”, tienen una innegable alma y Cleo es, quizás, el objeto más vivo en este universo grisáceo, casi azulado. Una escena que me resulta particularmente significativa en ese sentido es cuando la familia está viendo Ensalada de Locos y Cleo se sienta en el piso, a un lado del sillón y el hijo más pequeño le acaricia la cabeza y la abraza, casi como una dócil y noble mascota. Ni Roma, ni Cuarón, son culpables del clasismo en México, más bien exhiben dicha problemática, aparentemente insuperable e inherente a la realidad nacional.

De acuerdo con Eric cuando dice que hay una sensación de “presente” o de “vigencia” en Roma, pero más que por una similitud política o social, me parece que el gran acierto es que no es nostálgica. Cuarón no romantiza el pasado ni lo fetichiza, lo  recrea con tal infraestructura y minucioso detalle que pasamos de la admiración a la inmersión. Es un espacio magistral de accidentes temporales ¿Tú cómo ves esta recreación del tiempo, Rafael?

Rafael Paz (@pazespa): Me parece que el punto más político dentro de la visión y recreación de Cuarón tiene que ver con cómo romantiza sus recuerdos, mas no el contexto. Después de todo, la Masacre de Tlatelolco y la Matanza del Jueves de Corpus son, quizá, las acciones políticas que parieron el México que vivimos ahora. Cuarón, creo sin quererlo, nos habla de un México que no es, porque nunca tendrá oportunidad de lograrse. Un México que se sacrifica y se vuelve incógnito (aun cuando aquí las nanas tengan nombres y acciones) para que el otro México alcance su mayor potencial.

Por eso la película está enmarcada por tres escenas claves: un parto devenido por una sacudida política, un posible ahogamiento y una fiesta de navidad. Tres flashazos del México de los 70 que enmarcan todo lo que sucedía, además de lo que vendría después. Los ricos tal vez puedan salir a disparar y tomar champaña a mitad de una hacienda, disfrutar de su opulenta riqueza, pero sólo les es posible porque abajo, como hormigas, otros festejan, entre pulque y tequila, otros amamantan y cuidan, aunque sea desde oscuros cuartos de azoteas.

La visión de Cuarón es política porque sus recuerdos están intrínsecamente ligados a una posición de privilegio, de la que no huye aun en medio de un hermoso trabajo en blanco y negro. ¿Me equivoco?

@jjnegretec¿Quién soy yo para decir que te equivocas? Tu lectura me hace reconsiderar los otros puntos políticos de la película, aunque creo que la historia que cuenta aquí es la historia con minúscula y no la Historia. Creo que, salvando las debidas distancias, otros cineastas como Hou Hsiao Hsien, en Beiquing Chengshi (1989), han abordado una aproximación casi historiográfica a la imagen. El trabajo de producción, a cargo de Eugenio Caballero, así como la cámara, operada por Galo Olivares, armonizan en un ritmo ágil, como una cámara que rara vez está quieta, pero cuyo movimiento es cadencioso y su velocidad dictada por los espacios que retrata.

Asimismo, el trabajo de sonido es valioso y contribuye a la experiencia, que sin duda verá mermado su impacto en una pantalla de TV. ¿Qué piensas Eric? ¿Qué virtudes rescatas de la película?

@EricOrtizGComo decía, la película tiene varias capas. El nivel de detalle no sólo se aprecia en la excelsa recreación del México de los años setenta –desde el Teatro Metropólitan cuando era un cine donde la gente podía fumar viendo su película, a los pósters del Mundial de México 70 o la propaganda que anunciaba al PRI en todos lados– sino en cómo se da el seguimiento de Cuarón a cuestiones que, en el papel, podrían decir poco.

Del papá que le cuesta trabajo meter su carro de gran tamaño en su angosto zaguán, el sonido de la colonia y de los lugares siempre populacheros del centro de la Ciudad de México (concuerdo sobre la valía del diseño sonoro), las cacas del perro que Cleo nunca limpia, la abuela que le compra golosinas como una caja de gansitos a los nietos. A las secuencias que mencionaba Rafa, yo añadiría uno de esos notorios travellings laterales que parte como un seguimiento a una ida al cine cualquiera con Cleo, la abuela, los niños y su amigo, para eventualmente hacernos sentir que estamos acompañando a Cleo mientras entra a una zona popular de la ciudad, y después revelar sutil pero contundentemente un conflicto pivotal del drama que involucra a la familia protagonista.

En ese sentido de la carga dramática, también destaco a Roma como el filme de Cuarón que más me ha “movido”, algo necesario tras la visualmente espectacular pero, a mi parecer, frívola Gravity. En la arrebatadora secuencia del parto, ya mencionada, es curioso que Cuarón regresa a la situación de Children of Men, donde una mujer embarazada, que no tiene a nadie cercano a su lado más que, en este caso, a su “familia postiza” (la abuela en particular), en medio de un terreno por demás hostil y violento. A mi parecer, en esa secuencia se conjugan varias de los capas valiosas de Roma: temas como la mujer abandonada por la figura masculina, los marginados de la sociedad (i.e. un ex “chemo” que vivió en Neza) aprovechados por el estado, y por su puesto su impresionante aspecto formal.

@pazespaMe alegra que hayas tocado ese punto Eric porque, puede que no lo parezca, pero ésta parece ser una obra aglutinante de los mejores momentos en la filmografía de Cuarón. Eso sí, Niños del hombre me parece un trabajo superior.

Roma es la película de un director maduro, sutil, poniendo al servicio de la cámara todo lo aprendido con anterioridad. Si en Y tu mamá también había cierto snobismo en la manera en que Alfonso y su hermano Carlos –el guionista– hacían apuntes con la voz en off de Daniel Giménez Cacho, aquí el director demuestra haber aprendido la manera en que la cámara debe hacer su trabajo. Una de las reglas más viejas del cine es “muestra, no digas”, y aquí Cuarón ejecuta con confianza en su trabajo, mezclando influencias tan dispares como los ecos David Lean en esas tomas del terregal, esos agudos comentarios sociales a la Jean Renoir o Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco.

Hay un hombre maduro detrás de la cámara que, curiosamente, me hace pensar que lo mejor de su cine está por venir. Por eso me causa extrañeza que algunos comentarios la coloquen como la mejor película mexicana de la historia o de esta década, ¿lo es? Yo no lo creo.

@jjnegretec: Sin duda, resulta muy prematuro colocarla desde YA como la mejor película mexicana de la historia. Primero habría que ver si es, cuando menos, la mejor película de Cuarón a la fecha. Definitivamente el tiempo le dará su justo lugar y nos permitirá alejarnos de la hipérbole que la rodea actualmente, alimentada por la temporada de premios y que a la larga termina por afectar a las películas al tomar estas primeras impresiones como definitivas e indiscutibles.

Hay muchos elementos para poder considerarla una muy buena película pero es importante darle espacio suficiente para que construya su audiencia y que su recepción salga de la esfera de una audiencia privilegiada. Mientras más voces y miradas tengamos sobre Roma, mejores serán los recursos con los que contemos para ver en que lugar termina. De entrada, ya podemos considerarla una película “importante”, sobre todo si consideramos que es muy probable que represente a México en los premios de la Academia en Estados Unidos y, que de hacerlo, tendría altas probabilidades de ganar. Un triunfo que me temo eclipsará las sutilezas de la película.

@EricOrtizGRoma me parece uno de los puntos más notorios de toda la filmografía de Cuarón, es de esas cintas que seguramente revisitaré pronto. Del resto, que si los tweets que la agrandan, que si los premios, que si le dará a México su primer Oscar, no me interesa comentar.

@pazespa: Vaya, yo sólo quiero agregar que Julían Hernández tal vez tenga razón. Este pre-estreno adelantado de Roma vino a provocar mucha nostalgia, hartos recuerdos de nanas y otro par de cosas. Al parecer nuestro cine (incluyéndome y a los todos niveles) es, en verdad, un dechado de privilegiados.

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