‘Más fuerte que el destino’: Héroe circunstancial

El atentado del maratón de Boston en Massachussets, acaecido el 15 de abril de 2013, es uno de los actos de terrorismo más trágicos ocurridos en la historia moderna de Estados Unidos, provocando la muerte de tres personas y dejando un saldo de 282 heridos. Los acontecimientos a priori y posteriori de la investigación policiaca, los ciudadanos involucrados de manera involuntaria en el proceso y las acciones de los terroristas tuvieron cabida en el efectivo y oscuro thriller Día del atentado (Patriot’s Day, 2016).

Al retrato del suceso histórico se suma también el otro lado de la moneda: la perspectiva humana de la víctima en el incidente. Los bruscos cambios a los que debe readaptarse en su cotidianidad y las pruebas a las que debe enfrentar a nivel personal para proseguir con la vida son algunos de los enfoques que realiza Más fuerte que el destino (Stronger, 2017) a través de Jeff Bauman (Jake Gyllenhaal), un hombre modesto que sufre la explosión de una de las bombas en el maratón mientras esperaba a su interés romántico, la competidora Erin Hurley (Tatiana Maslany), cerca de la línea de meta, motivo por el que pierde sus dos piernas y se ve obligado a recorrer un camino de aceptación a la condición de la discapacidad física.

Basado en Stronger, libro de Bret Witter y el propio Bauman, el guion de John Pollono otorga intimidad suficiente para resaltar los claroscuros en la personalidad de Jeff, reflejados en el optimismo y la sencillez entablada en sus vínculos familiares y sociales, así como del traumatismo emocional provocado por el ataque, llevándolo a la autocompasión, los altibajos de la recuperación y al rechazo a todo tipo de ayuda.

El realizador David Gordon Green otorga humanidad y emotividad a la relación romántica de la trama, sobresaliente por la química entre Gyllenhall y Maslany, atravesando también momentos lúcidos por el apoyo incondicional y la paulatina rehabilitación del protagonista. A su vez, comparten altibajos a causa de la inseguridad personal por las circunstancias, que lo lleva a incomodarse ante el estatus de “héroe nacional” impuesto por la prensa por dar testimonio como testigo del atentado, otorgando una sutil crítica a la sobrexposición mediática que busca crear bálsamos de esperanza para la sociedad con la desgracia ajena.

Green, además de entregar honestidad en el relato, aporta también atisbes de situaciones burdas a la usanza de Piña express (Pineapple Express, 2008) que aligera un poco la densidad de la temática, abarcando también con aplomo la disfuncionalidad familiar con una madre alcohólica (Miranda Richardson) que no mide la delicadeza de la incidencia del hijo, aprovechada del estatus de “héroe nacional” para ganar entrevistas, apariciones deportivas y dinero de manera egoísta.

Sin embargo, el relato no puede deslindarse del exceso melodramático que le rodea ni de la convencionalidad en su narrativa, desaprovechando el peso de sus personajes secundarios en la trama y con toques de superación personal predecibles y un tanto manipuladores similares a La teoría del todo (The Theory of Everything, 2014), sin aproximarse a la solvencia orgánica y realista de la francesa De metal y hueso (De rouille et d’os, 2012).

Los sobresalientes trabajos de Jake Gyllenhaal y Tatiana Maslany y la efectiva técnica visual para recrear el proceso de recuperación física y emocional de Jeff Bauman, pero no logran aportar lo suficiente para compensar la predictibilidad y el conformismo narrativo de Más fuerte que el destino, al abusar con el tópico del heroísmo en vez de encausar a buen puerto un retrato neutral de superación personal.

Por Mariana Fernández (@mariana_ferfab)

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