Hay ocasiones en que las producciones mexicanas funcionan igual a una tienda de artesanías en el aeropuerto. Su oferta de lo “mexicano” se reduce a pequeños guiños, destilados, concentrados y listos para ser consumidos. Una flecha de obsidiana con detalles en pasta de sal, un pequeño tambor con motivos aztecas o un penacho listo para iniciar la fiesta con una botella de tequila en la mano. Pretextos para turistas, hay películas que dejan una sensación similar.

Día de los muertos (2019) ha pasado por un calvario para ver la luz del proyector. Después de años en el purgatorio de la producción mexicana, el equipo detrás de la cinta tuvo que observar cómo Pixar-Disney los rebasaba por la derecha y estrenaba antes su película sobre la famosa festividad mexicana. Por suerte, aunque ambas comparten están enmarcadas por el 2 de noviembre, sus narrativas tienen pocos puntos en común.

El largometraje animado está protagonizado por Salma, Pedro y Jorge (sus nombres se unen a una serie de referencias al interior de la narrativa a nuestro bienamado cine mexicano) quienes viven en un pueblo de geografía vaga donde el día de muertos los occisos pueden regresar a este plano terrenal. El milagro se produce gracias a un reloj mágico que, cuenta la leyenda, fue regalado al poblado por la muerte, agradecida porque sus habitantes salvaron el ciclo de la vida años atrás de las manos de un poderoso hechicero.

Salma pasa sus días buscando la verdad sobre sus padres, porque la abuela Sara (les digo, referencias) le niega a decirle qué pasó el día que la halló entre las ruinas de un viejo rancho. Con la ayuda de sus dos amigos, la joven intentará tener certeza sobre el destino de sus progenitores y, así, poder celebrarlos como lo hace el resto del pueblo con sus seres queridos.

La versión proyectada durante la inauguración del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG) estaba doblada al inglés y sin terminar, faltaban algunos detalles de la animación. No obstante la esencia de la película se apreciaba en pantalla sin ningún problema.  Antes de iniciar la proyección, el director de Día de los muertos Carlos Gutiérrez explicó que la producción buscó tener un atractivo internacional, por eso el inglés, desde su concepción para llegar a la mayor cantidad de personas posibles.

En parte, se puede decir que lo logró. Día de los muertos no está interesada en hacer un acercamiento antropológico/documental o en atorarse entre las ramas de nuestras festividades. Por eso las referencias son sólo eso –“¡Santo Niño de Atocha!”, repite continuamente uno de los personajes–, guiños para aquellos que tengan la oportunidad de entenderlos aunque al final no tengan un verdadero peso en la trama, a momentos más cercana a una adaptación de Lovecraft para niños que a las leyendas aztecas de a deveras.

El objetivo es entretener, pasar un buen rato y provocar la sensación de conocer un poco más de México. Idéntico a comprar un vestido de tehuana en el duty free del aeropuerto.

Por Rafael Paz (@pazespa)

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