‘El Planeta de los Simios: La guerra’: Una lucha visceral

La trilogía que reinventó al legendario simio César (interpretado por Andy Serkis en esta versión), dentro de la popular franquicia de El planeta de los simios, llega a su fin. La última vez que vimos a César en la saga original, el mundo post-apocalíptico había encontrado algo de paz, con simios y humanos en armonía luego de una batalla. Sin embargo, la noción de que las cintas de antaño no tienen una cronología alterna supone que, inevitablemente, dicha paz terminará cuando los simios pasen a dominar a unos humanos incapaces no solo de hacerles frente sino incluso de hablar (lo visto en la primera entrega con Charlton Heston y en el remake de Tim Burton).

Si bien El planeta de los simios: (R)Evolución (Rise of the Planet of the Apes, 2011) y El planeta de los simios: Confrontación (Dawn of the Planet of the Apes, 2014) bebían bastante de Conquista del planeta de los simios (Conques of the Planet of the Apes, 1972) y Batalla por el planeta de los simios (Battle for the Planet of the Apes, 1973) –dos de las secuelas que en realidad son precuelas–, El planeta de los simios: La guerra (War for the Planet of the Apes, 2017) es desde el papel un capítulo intrigante ya que no hay un antecedente similar en la saga.

La guerra se sitúa en un contexto que se acerca a la era en la que los primates dominan el planeta, aunque al mismo tiempo nos muestra el sufrimiento de esta especie como nunca antes. Batallas épicas, o mero espectáculo bélico, quedan para otra ocasión. La guerra es sombría, siempre apegada al dolor de los inocentes en medio del combate, así como a la psique de César.

Dos años han pasado desde los eventos de Confrontación, cuando la paz terminó y César se dio cuenta de que los simios son extremadamente parecidos a los humanos, por ende los claroscuros siempre están presentes. Algo que se ha destacado de esta trilogía es justo que los guionistas nunca juzgan a sus personajes. Koba, quien atacó a los humanos con traición y engaño de por medio, no fue sino un simio maltratado que jamás logro ver el lado bueno de la humanidad, a diferencia de César, criado por el hombre.

En La guerra el camino de César llega a un punto complicado, particularmente luego de que –tras intentar durante un par de años– el grupo militar al mando del coronel (Woody Harrelson, fantástico) logra atacar a los inteligentes simios; entonces César comprende mejor a Koba porque su pensamiento se torna más visceral y, por primera vez, actúa individualmente, luchando su batalla personal en contra de él mismo (no por nada el “fantasma” de Koba se le aparece en más de una ocasión) y por supuesto del coronel.

Acompañando a este arco narrativo está la riqueza del desarrollo natural del mundo post-apocalíptico. En la franquicia de los simios suelen transcurrir años enteros entre cada entrega, por ende siempre nos tenemos que adaptar a nuevos personajes y situaciones, que terminan por representar a la evolución del trasfondo. Un hilarante chimpancé de zoológico que aprendió a hablar por su cuenta; una pequeña niña humana con problemas para hablar debido a la transformación de la “gripe simia” (primera referencia a los humanos que conoció el personaje de Heston en el filme de 1968); y varios simios simpatizantes de Koba que ahora luchan del lado humano, son adiciones bienvenidas.

Estas víctimas añaden un grado de emotividad a un filme que, como ya apuntaba, se niega a ser un desenlace plagado de acción sin sentido. Como cinta bélica, La guerra es brutal pero gracias a sus imágenes deprimentes, enfocadas en el abuso de una especie sobre sus rivales; sin duda con ecos de los tiempos de esclavitud, de la explotación, de los campos de concentración, de la Guerra de Vietnam (guiños a Apocalipsis ahora incluidos), e incluso del muro que quiere construir Donald Trump. Imborrables escenas con César casi derrotado en un cruz, o un simio del bando humano listo para redimirse, pesan más que las batallas; lo mismo sucede con el sorpresivo  desenlace del coronel, quien es un villano unidimensional solo en apariencia. Momentos perfectos para una trilogía que siempre apuntó a mucho más que solo una simple lucha entre especies.

Por Eric Ortiz (@ElMachoBionico)

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