‘Cenizas del pasado’: Donde las armas gobiernan

En la mitología griega existían seres primitivos, anteriores a los dioses olímpicos, que no se sometían a la autoridad de Zeus. Entre ellos se encontraban las Erinias, personificaciones femeninas que castigaban a los hombres por ciertos crímenes enloqueciéndolos. De las tres Furias –como también se les conocía a estos espíritus de la venganza–, Tisífone era la encargada de vengar el asesinato, específicamente el fratricidio y el parricidio. Es muy probable que la ira que caracterizaba a Tisífone se apoderara de Dwight Evans (Macon Blair), un vagabundo playero que gasta sus días leyendo, recolectando basura y escondiéndose en su automóvil azul gastado, cuando se entera de que el hombre que asesinó a sus padres saldrá libre de prisión.

Así comienza Cenizas del pasado (Blue Ruin 2013), thriller dirigido, escrito y fotografíado por Jeremy Saulnier, que nos muestra una América desnuda, descarnada, violenta y con la constante presencia de las armas de fuego como el instrumento de la irracionalidad. La película, que tuvo su premiere en el Festival de Cannes y que se hizo merecedora del premio FIPRESCI, tuvo notoriedad por el éxito desatado a partir de una campaña de crowdfunding que Saulnier comenzó para recolectar fondos para la producción.

Cenizas del pasado es un filme que se suma a la enorme tradición estadounidense de historias de venganza, armas y antihéroes que buscan justicia al margen de la ley, pero a través de un personaje frágil e inexperto. El protagonista, Dwight no es un hombre fuerte ni diestro en el uso de pistolas. Es un hombre con mirada triste que inexplicablemente termina viviendo en las calles de Rehoboth Beach tras lo que parece ser la experiencia más traumática de su vida: el asesinato de sus padres a manos de un hombre que pronto saldrá de prisión. El presunto asesino es miembro de una familia, los Cleland, un clan de Virginia, que parece estar inmersa en el mundo del crimen y la violencia.

La venganza parece ocurrir siempre al margen del raciocinio, sin la posibilidad del diálogo y provocar una serie de eventos trágicos que parecen no tener fin porque también se perpetúa fuera de los límites de la justicia institucional, en un escenario donde es posible obtener un arma de fuego y crear una nueva ley. En una de las escenas, uno de los personajes lo manifiesta con todas sus letras: “quien tiene el arma, tiene la verdad”.

Cenizas del pasado es una película que desnuda la violencia de la acción característica de estos filmes, pero sin restarle intensidad al conflicto. No despliega grandes balaceras o escenas vertiginosas, pero sí posiciona al hombre común en un escenario construido a partir de malas decisiones, y el caos que puede desprenderse de una acción tan explosiva como la venganza. Todo a partir de imágenes poéticas, tomas íntimas que revelan una estética de la violencia descarnada a través de una paleta de colores tenues y una iluminación bien cuidada que atraviesa el lente de Saulnier. Su propuesta es la de contar la historia a partir de gestos y movimientos, de actos humanos en el marco de un paisaje rural, abandonado de toda institución, lejano y aislado, donde no caben el diálogo ni las justificaciones salvo para mostrar una verdad irrevocable, trágica y letal. Cenizas del pasado es el reflejo del mundo actual, donde las Furias son las armas de fuego, esos objetos que castigan, vengan y cobran su propia justicia sin obedecer ninguna ley.

Por Davo Valdés de la Campa (@Davovaldes)
Ésta es una reedición de nuestra cobertura de la 57 Muestra Internacional de Cine.

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