Miembro de la inmensa y excelente tradición de actores de personaje británicos, Bob Hoskins se caracterizó por una omnipresencia tan evidente, que es difícil hasta para el espectador promedio no haberlo visto en al menos una película. Con una vasta carrera en el teatro, el cine y la televisión, Hoskins exploró todos los géneros y presupuestos; desde  la ligeramente faulkneriana Las últimas órdenes (2001), donde compartió créditos con los grandes de su generación, como Michael Caine, Tom Courtenay, David Hemmings y Helen Mirren, hasta las comedias más bobas, como Super Mario Bros. (1993) y Spice World (1997), y de ahí a las grandes producciones hollywoodenses como Hook (1991) y Enemigo al acecho (2001). Ante su fallecimiento, decidimos recordar seis de las películas que demuestran su talento y su permanencia como una de las grandes figuras del cine inglés.

Pink Floyd: The Wall (1982) & Brazil (1985)

Probablemente el mejor recurso al que un buen actor de personaje puede recurrir es a ser inmediatamente reconocido al ser visto, pero no nombrado; una cara familiar generalmente asociada a cierta tipología, pero indudablemente reconocible. La presencia del robusto y confiable Bob Hoskins procuró siempre estar afiliada a proyectos de renombre, prestando aplomo y genuina virilidad, ya sea como un ríspido mánager o como un servil plomero de la burocracia totalitaria en los seminales filmes de culto The Wall, de Alan Parker, y Brazil, de Terry Gilliam. Pequeños mosaicos que enriquecen una filmografía estelar de papeles fugaces a cuadro, pero renuentes a ser del todo olvidados.


El largo viernes santo (1980)

Si hay una escena que resume el poder histriónico de Bob Hoskins, es el final de El largo viernes santo (The Long Good Friday), de John Mackenzie. Harold Shand (Hoskins), símbolo dual del ascenso de una clase criminal hacia los delitos de cuello blanco, y del brutal expansionismo británico que engendró numerosas facciones revolucionarias y terroristas, descubre al fin quién está detrás de los bombardeos a sus nuevos negocios. Ante un joven y arrogante Pierce Brosnan, Hoskins estalla silencioso, pero indiscreto, en una travesía facial a través de la sorpresa, la derrota, el enojo y la resignación. Hoskins proyecta el interior de su personaje y de una cultura entera, que reconocen en su enemigo sus propios pecados. En su claridad y su contención, los gestos de Bob Hoskins son la culminación de una vida en pantalla.

¿Quién engañó a Roger Rabbit? (1988)

Este homenaje/parodia del popular cine negro estadounidense de los años 40 no marcó un punto alto en la carrera de Bob Hoskins. En cambio, y a la distancia, se convirtió en una de sus actuaciones más recordadas por el público. Siguiendo las reglas del género, Hoskins interpreta al detective caído en desgracia Eddie Valiant, un tipo rudo como marca el código, pero sensible al mismo tiempo –dos facetas importantes en la carrera del actor–, que además odia a las caricaturas, porque una de ellas mató a su hermano. Como si se tratara de un dibujo animado por Tex Avery, Who Framed Roger Rabbit tiene momentos bastante locos, incluso delirantes, que funcionan gracias a la presencia de Hoskins como ancla entre su mundo y el de las caricaturas. Pocos actores podrían fruncir así el semblante para después tropezar con un plátano, desatando risas.

Mona Lisa (1986)

Multipremiado por su actuación en esta cinta de Neil Jordan, Hoskins encarna el papel de George, un criminal de poca monta quien comienza a trabajar como chofer de una hermosa prostituta llamada Simone (Cathy Tyson). Perdido entre las apariencias y sus propias ilusiones románticas en la frialdad de los bajos fondos, George es, para su desgracia, un soñador. Hoskins lo interpreta de manera compasiva, entregándonos el retrato de un hombre gentil, cuya máscara de ternura cae en el momento de defender a quienes ama, o de vengarse. El constante anhelo y la búsqueda en George hacen eco del misterio de la canción Mona Lisa, donde, intrigado por el misterio de su rostro, el narrador le pregunta a la Gioconda por qué sonríe. La desilusión por la respuesta de la Mona Lisa de George nos trae otro gran momento en la filmografía de Bob Hoskins.

Nixon (1995)

Durante los años 90, el polémico y obstinado cineasta estadunidense Oliver Stone armó su acariciado biopic sobre Richard Nixon con el británico Anthony Hopkins como el cachetón presidente. Dentro de la galería coral de personajes secundarios, sin duda destaca la interpretación descaradamente campy que Bob Hoskins hace del poderoso funcionario del FBI, J. Edgar Hoover, quien, se dice, era homosexual de clóset de tres chapas. Hoskins se pasea en bata de baño mientras se sacia en lasciva crapulencia con un mesero latino. Cómico y patético por igual, Hoskins entiende el espíritu a la Stone, una escandalosa seriedad.

Con colaboraciones de JJ Negrete (@jjnegretec), Alonso Díaz de la Vega (@diazdelavega1) y Rafael Paz (@pazespa)

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