Berlinale 2021: Dos de la Competencia Internacional

  • Albatros, de Xavier Beauvois

Es cada vez más raro encontrar películas que muestren el aprecio por la vida de los personajes que las habitan. En Albatros (2021), del cineasta francés Xavier Beauvois, se despliega un humanismo que antepone la vida de un miembro de la comunidad –después de todo, cada película construye su propia población– a la familia misma. Jeremie Renier, conservando una envidiable jovialidad a pesar de su edad, interpreta a un policía de un pueblo costero que vive junto con su familia, anhelando tener tiempo para navegar. El vínculo de este policía con su comunidad es más parecido al de un párroco que un oficial, de hecho, la primera parte del relato busca reivindicar cierta nobleza que el servicio público de “protección y cuidado” ha perdido duramente en las últimas décadas.

berlin2

El personaje de Renier trata de mantener un frágil equilibrio para evitar ser agobiado por sus quehaceres cotidianos, que abarcan toda la perversidad posible de la que el ser humano es capaz. Sin embargo, es incapaz de evitar que un joven desesperado desee suicidarse. Antes de permitir otro suicidio entre su comunidad, el policia dispara contra el joven. A pesar de no recibir castigo por lo sucedido, genera una culpa y desolación tan abrumadora que es únicamente equiparable a aquella emitida por la cegadora Luz de invierno (Bergman, 1963). De hecho, a pesar de ser una película que crece en la sobriedad de una moralidad profundamente cristiana, el trabajo de Beauvois es luminoso y evita el regodeo en las penas que aquejan a sus personajes.

Albatros guarda ciertas similitudes con Roubaix: Une lumiere (2018), de Arnaud Desplechin, particularmente en la reconstrucción de la figura del policía con su comunidad. No obstante, mientras Desplechin hace gala de una estilización influenciada por películas como The Wrong Man (1956, Hitchcock), Beauvois enfatiza la noción que las fuerzas del orden deben enfrentar cierta culpa y redimirse como lo hace su personaje principal con un gesto digno de Hemingway, es decir, uno que requiere coraje y que a algunos podría parecer sencillamente absurdo o injustificado, pero como en Le petit lieutenant (2005) o en Des hommes et des dieux (2010), Beauvois muestra un mayor interés por mantener ocultas algunas motivaciones y hacer que sus personajes no sean tan transparentes como los entornos que los rodean.

  • Babardeala cu bucluc sau porno balamuc, de Radu Jude

La pandemia nos trajo una abrumadora cantidad de imágenes y discursos para consumir, tantos que ni en mil cuarentenas o una pandemia perpetua alcanzaremos a digerir una parte de todo lo producido, dicho, pensado y comentado. A pesar de ello, el rumano Radu Jude –un cineasta con una extraordinaria capacidad sintética, como lo mostró en Aferim! (2015), Inimi cicatrizate (2016) o en la casi inabarcable Îmi este indiferent daca în istorie vom intra ca barbari (2018)– se avoca nuevamente a su país natal para demostrar la forma en que aquello distintivo de una nación, está irremediablemente asociado a lo censurable y reprimible, nociones que han pesado en el país europeo desde hace décadas. Las restricciones impuestas por la pandemia han hecho que en Rumania vuelvan espectros de un pasado que nunca fue ahuyentado, sino que se ha alimentado en las sombras esperando surgir con renovada ferocidad. Una de las proezas de Babardeala cu bucluc sau porno balamuc, su más reciente película, es sintetizar los discursos privados como los públicos, que en el contexto actual han colisionado vertiginosamente.

Como si encender un cerillo fuese detonar una poderosa y destructiva bomba, la película se estructura en tres partes. En la primera, una cita del Mahabharata que hace alusión a un estado de “decrepitud y muerte” es sucedida por el explícito vídeo sexual de una maestra de escuela (Katia Pascaiu) que se hace viral en el celebérrimo portal PornHub. Mientras la maestra camina en las calles de Bucarest, Jude se detiene a observar vallas publicitarias con cuerpos exuberantes, publicidad de fuerte connotación sexual, vitrinas con productos infantiles pirateados e, incluso, se toma unos segundos para mostrar unas flores creciendo en el asfalto. Miramos rostros con cubrebocas, calles poco transitadas y escuchamos conversaciones en las que se alcanza a dilucidar que “el COVID no te da por la cuchara episcopal” o “el incienso combate el cáncer”.

El segundo episodio titulado “un pequeño diccionario de anécdotas” tiene una naturaleza ensayística ubicada en un punto –¿orgásmico?– entre Nicht der Homosexuelle ist pervers, sondern die Situation, in der er lebt (Von Praunheim, 1971), los montajes visuales del serbio Dusan Makavejev (WR: Misterije organizma, 1971) y muchas de las disertaciones elaboradas por Godard en Le Gai Savoir (1969), particularmente las de este fotograma:

legaisavoir

Jude hace un breviario visual y literario acotado en la Rumania contemporánea con la intención de prologar el tercer acto de la película: un juicio a la maestra hecho por los padres de familia de la escuela donde da clases. No es tanto el acto de Emilia, la maestra, lo que está sujeto a juicio, sino el enraizado machismo y misoginia de la mentalidad rumana, fácilmente extrapolable –e importable– a casi todas las culturas y naciones.

La ausencia de educación sexual y su relación con la forma en la que el Estado y la Iglesia la administran o, más bien, la restringen, da pie a una voracidad por crucificar a quienes la ejercen libremente. Las observaciones hechas por el grupo de padres, cuyos sesgados y profundamente misóginos comentarios son tan disparatados que lo más sensato es pensar que antes de ser escritos fueron escuchados en la vida real. La película de Jude tiene una relación particular con lo coloquial, en un momento del segundo episodio se cita al dramaturgo rumano Ion Luca Cariagale diciendo algo así como que el folclor es el “testimonio de la imbecilidad de la gente”. Lo que Babardeala cu bucluc sau porno balamuc muestra con lujo irónico es que quizás el mundo nunca había sido tan “folclórico” como en la actualidad.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

    Related Posts

    Berlinale 2021: Ras vkhedavt, rodesac cas vukurebt?, de Alexandre Koberidze
    Cannes 2013: La vorágine bilingüe