Nunca ha existido una tendencia clara: o el soundtrack es fabuloso y la película una pena, o el filme memorable puede tener una banda sonora pésima. Pero cuando un soundtrack pega con fuerza, tiene cohesión y se deja querer de una sola pieza –y en el mejor de los casos que haga maridaje puntual con la película– se tiene un disco digno para recordar y que va a nuestro anaquel de favoritos de inmediato.

Dicta la escuela del éxito que cuando un soundtrack es bueno se queda para siempre en el inconsciente colectivo. Ahí está Pulp Fiction con sus diálogos intercalados, Trainspotting marcando a toda una generación; la saga de Kill Bill que nos mostró a Tarantino como uno de los mejores curadores de soundtracks y voraz consumidor de música; la sabrosura del Underground de Goran Bregovic; 24 Hour Party People y el primer gran revival de Joy Division, entre un kilométrico etcétera.

A veces hay soundtracks que se sostienen por sí solos, independientemente si tienen una relación especial con la película o no. Algunas veces éste se mezcla con el score, en otras hay canciones que ni vienen en el filme, o también hay cosas curiosas como el disco triple de Quadrophenia, la jocosidad de Jesucristo Superestrella en español, o el batazo comercial que implicó Sexo, Pudor y Lágrimas que, dicho sea de paso, tuvo el mérito de haber sacado del hoyo a un artista tan parco como Alex Syntek.

Los soundtracks son la onda porque nos recuerdan pasajes especiales de nuestras escenas favoritas, porque su función la mayor de las veces es evocativa, porque las rolas están muy bien escogidas dentro del setlist, y también porque en el mejor de los casos tenemos una obra entrañable que camina al lado de un buen filme: ahí están los casos de A Clockwork Orange, Edward Scissorhands, el exitoso doble y conceptual de Amores Perros, o el rompecorazones del Romeo and Juliet contemporáneo.

Como un homenaje al hijo de dos de mis grandes pasiones –la música y el cine–, les comparto una lista especial, muy personal y subjetiva (como todas las listas), de soundtracks que me fascinan y que se entienden con su respectiva película, pero que también son una joya por sí solos. Ojalá alguno les llame la atención y disfruten el viaje sonoro tanto como yo lo he hecho. Hay cosas populares, otras no tanto, pero no figuran mucho en las grandes listas. He aquí mi curaduría especial para el lector de Butaca Ancha. Enjoy!

10.- Life AquaticWes Anderson (2004)

Wes Anderson es pop puro: sus referentes culturales que incluye en sus películas son un elemento bastante disfrutable, que tienen una conexión perfecta con sus soundtracks, los cuales están plagados de lo que a él le encanta: rock sesentero y setentero: Bowie, The Velvet Underground, The Ramones, The Kinks, Rolling Stones, Nico, etc., pero además los suele aderezar con un ‘color sonoro’ particular que hace de cada disco una obra digna de recordar.

El de Life Aquatic es un soundtrack que tiene un elemento especial: covers de David Bowie cantados en portugués, interpretados con gran feeling y humor por Seu Jorge, quien además actúa en la película. El resto del soundtrack no pierde nada ante las rolas de Jorge: Sigur Rós, el mismo Bowie de los créditos finales, Devo, The Stooges o los infaltables del cine de Anderson: los Kinks.

Soundtrack nostálgico, lindo y cotorrón, un easy listening que puede gustar a la gran mayoría y que necesita ser revalorado.

9.- Ciudad de CiegosAlberto Cortés (1990)

La película de por sí era una cosa abigarrada y medio parca, una historia en la que el protagonista es una casa a través del tiempo, y ya. Elenco mexicano de lujo y roquero: Roberto Sosa, María Rojo, Luis Felipe Tovar, Carmen Salinas, Arcelia Ramírez, Saúl Hernández, Rita Guerrero y Sax de La Maldita Vecindad.

Más que un soundtrack es un score ejecutado y compuesto por el olvidado José Elorza, que hizo maravillas con la propuesta de Cecilia Toussaint en su momento, tuvo unos trabajos de medio perfil y luego se fue diluyendo en el tiempo. Este disco se ganó la obsesión de los coleccionistas por traer un track especial en el que cantaban Rita y Saúl (“foto finish”), lo cual hasta hoy sigue siendo una rareza del rock nacional. El disco es prácticamente imposible de conseguir y su cotización en el mercado melómano es alta. Un documento excepcional de México, donde además también echa la mano el buen Jaime López. Todo un pasón.

8.- Down by LawJim Jarmusch (1988)

Otro director que es un enfermo de la música es el neoyorquino Jim Jarmusch, el cual viene de la escena post punk y New Wave ochentera de la Gran Manzana. Jarmusch pone especial énfasis en el rock macizo y enchamarrado, la actitud hosca y muchas veces ridícula, como sus personajes.

Jarmusch siempre se ha juntado con artistas de calada vanguardista, de tal manera que siempre usa músicos con onda en sus filmes, ya sea Richard Edson (el primer baterista de Sonic Youth), Joe Strummer, Iggi Pop, o a Tom Waits.

El director de Stranger than Paradise tiene más que buen gusto para musicalizar, invariablemente, y sus soundtracks nunca han sido trancazos en ventas pero sí de calidad, por lo que aquí pudo ir el de Dead Man, musicalizado con maestría por el mugroso de Neil Young, o el de Broken Flowers con su toque etíope.

Pero Down by Law tiene dos palabras que lo hacen especial: John Lurie. Para quienes no lo conocen, John Lurie es un guitarrista de la escena avant gard neoyorquina, quien encabezaría en los 80 y buena parte de los 90, al lado de su hermano, una de las bandas seminales de la escena: The Lounge Lizards, grupo por el que pasaran músicos que hoy son leyendas vivas ineludibles: Marc Ribot y John Medeski, entre muchos más.

John Lurie es un flaco, alto él, que tiene la pinta de padrote (papel que interpreta con deliciosa parquedad en Down by Law) y que tiene un estilo corrosivo pero elegante en su guitarra. También toca el sax, de hecho interpretó un pequeño solo en Permanent Vacations, uno de los primeros trabajos de Jarmusch. Más de la mitad del soundtrack de Down by Law es de Lurie y empata perfecto con el blanco y negro del filme, con el cosmos que generan en ésta Tom Waits y Roberto Benigni, así como los paisajes sureños americanos y la crudeza minimalista de Jarmusch. Todo un disco lleno de poder, ácido, humor bien negro y guitarras con la actitud suficiente como para partirte la cara con un traje elegante de tres mil dólares.

7.- Crónica de un DesayunoBenjamín Cann (1999)

Una película que goza casi de la misma fama que las de Reygadas. Filme difícil, desproporcionado y sumamente melodramático, el de Benjamin Cann. El soundtrack no lo es menos: diálogos, jazz rareado por el músico Jacobo Lieberman, rareza por encargo de Café Tacuba (el cover a Un poco más está peculiar, por decir lo menos), remixes sin sentido, chillidos, pitorreos cabareteros. Todo un manual para acabar con la fiesta y torturar a los bailosos, pero también una delicia y joya dentro del mar tanto de filmes como de musicalizaciones. Si consiguen el CD no intenten el interactivo, que les traba la máquina. De mis favoritos.

6.- BasquiatJulian Schnabel (1996)

Quizás el más normal de los soundtracks aquí expuestos. Basquiat es una película de media tabla, hay que decirlo, de quien fuera el amigo del famoso pintor protegido de Warhol, y que a su vez también es un pintor excéntrico y todo un personaje de Nueva York, Julian Schnabel.

Schnabel comparte con Jarmusch y Basquiat tanto la generación como la escena, y el primero también es un melómano empedernido. En este soundtrack desfilan tracks coquetos y bien ponedores de John Cale, David Bowie, Grandmaster Flash, PIL, y también está esa joya de Van Morrison covereando a Dylan con It´s all Over Now, Baby Blue. Ya con eso deberían bajar el disco, pero hay un halo propio de un artista, el disco tiene una curaduría especial que hace click ideal con el personaje y el tono de la película, siempre llenos de rabia y melancolía.

5.- EraserheadDavid Lynch (1977)

Arte sonoro bizarro para el cineasta ídem. Una joya compuesta especialmente para este filme raro de culto, paisajes oníricos y sombríos; casi cuarenta minutos de viento y oscuridad, minimalismo al máximo.

Tanto el disco como la película son una rareza de culto total que refleja perfectamente el mundo retorcido y a veces grotesco de Lynch. Hace poco salió una reedición de aniversario que hace la delicia de los fans del director. Cualquier parecido con los Pixies hay que investigarle para sentirse en el cielo.

4.- SinglesCameron Crowe (1992)

Fuimos chavos enfranelados y grungeros. Ésta es la película que daría al traste por completo con la escena alternativa de Seattle a principios de los 90. Pero el filme no va más allá de una comedia romántica de media calada protagonizada por Matt Dillon, con esporádicos gags cotorros de algunos integrantes de Pearl Jam y Soundgarden. Pero en este caso, la película se hizo famosa por el disco y la coyuntura.

Las canciones seleccionadas logran el grado de culto por no formar parte algunas de la discografía habitual de ciertos grupos que están en el disco, tales como las dos de Pearl Jam, la poderosa de Smashing Pumpkins, Mudhoney y Soundgarden. También desfilan por ahí los Screaming Trees, Alice in Chains, Hendrix, Zeppelin y un teto Paul Westerberg.

Roquero, romanticón y a veces demasiado pop, pero lo suficientemente grunge como para ser un soundtrack convencional. Este disco está al punto para recordar los 90, acordarte con las botas y las bermudas de manga larga. Melcocha roquera pura.

3.- In The Mood for LoveWon Kar-wai (2000)

Como un disco de Los Panchos pero en coreano. Won Kar-wai también es harto melómano con estilo, y nos lo demuestra en casi todas sus películas y soundtracks. Romántico de vanguardia y especialista de las tomas preciosistas.

Aquí hay muchas canciones antañas coreanas de los 60 que sitúan perfectamente a In the Mood for Love, título que por cierto está inspirado en el famoso standard de jazz que luego perfeccionara Jay Kay de Jamiroquai, pero que curiosamente no viene en la película.

Otro de los elementos que hacen de In the Mood for Love un disco especial son las canciones del célebre Nat King Cole, quien interpreta en un español bien masticado clásicos como Quizás, quizás, quizás o Aquellos ojos verdes.

Un soundtrack que va directo al corazón y a la melancolía clásica, tristón y de repente sensualón. Un disco apto para echar el bombón.

2.- MoreBarbet Schroeder (1969)

Pink Floyd también le entró al hueso fílmico, y More es un disco frecuentemente ninguneado por quienes no son tan fans del grupo inglés. Aquí también sucede el fenómeno antes mencionado: el soundtrack posiciona mejor a la película, ya que es “esa donde la música la hace Pink Floyd”.

Como disco de Floyd, More no tiene nada memorable, no hay himnos ni maestría como en The Piper at the Gates of Down, Wish you Were Here o The Dark Side of the Moon. Pero sí está presente la psicodelia y experimentación de Medley o el Ummagumma. Vale la pena echarle una escuchada.

Paisajes lentos y orientales, muy de la época, pacheco, hippie. La película no es la gran cosa pero tiene su chiste, al igual que el disco. Vamos, no es The Wall ni La Virgen de los Sicarios, pero la impronta hace buena mancuerna después de todo, siendo una suerte de instantánea de lo que vendría después para ambas partes.

1.- Eyes Wide ShutStanley Kubrick (1999)

Con Eyes Wide Shut Kubrick se despidió del mundo terrenal y lo hizo con gran maestría, como en casi todas sus películas, pese a que ésta no gozó de la misma fama y éxito como sus grandes clásicos predecesores.

En este soundtrack encontramos los elementos frecuentes y rimbombantes del director de 2001: música clásica, un par de tracks clásicos populares, y algunos coqueteos al rock.

La atmósfera oscura de la película se encuentra en todo el disco y empata bien con la duración de la ésta. Todo un tour de force para los amantes del cine y los soundtracks, que resulta elegante, discreto, sensual y sumamente perturbador.

 Por Ricardo Pineda (@RAikA83)

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