‘Ricki & The Flash’: El mami rock

La maternidad parece ser una ambigua fuente de candoroso jubilo y de recalcitrante dolor, basada en un lazo tan delicado como inquebrantable en el cual se depositan una enorme cantidad de expectativas y presión, el papel de la madre en la sociedad es fundamental e híper vulnerable a la crítica y el juicio social. Una mujer que se atreve a romper ese lazo, sea por el motivo que sea, se convierte en uno de los monstruos mas terribles de ese bestiario social dictado por la opinión pública. Es justamente sobre estas convenciones en las que una adolescente menopáusica toca su guitarra junto a su banda, recurriendo simultáneamente a la seducción y a la compasión.

En su más reciente filme, el celebrado cineasta Johnathan Demme (El silencio de los inocentes, 1991) de la mano de la sagaz guionista Diablo Cody (Young Adult, 2011) presentan la historia de Ricki (Meryl Streep), una mujer que ha abandonado a su familia en Indiannapolis para perseguir una carrera musical en Los Angeles, pero tras varios años de intentarlo lo más cercano que ha estado del estrellato es en los covers de Lady Gaga y Pink que debe hacer para atraer audiencia joven y sobrevivir de un ingrato trabajo de cajera, hasta que un día, su ex marido (Kevin Kline) le llama pidiéndole ayuda con su hija (Mammie Gummer), quién padece una gravísima depresión.

Demme muestra una mano mesurada detrás de cámara dejando que el agudo, aunque imperfecto guión de Cody tome el mando y permita el lucimiento de las bien labradas dinámicas actorales, particularmente en las escenas de interacción familiar, de entretenida tensión y reveladora sutileza, evocadoras de lo que el mismo Demme alcanzó en Rachel Getting Married (2008) y que al igual que en esta última presenta un mosaico étnicamente plural. Además de la arrebatadoramente maternal presencia de Audra Mcdonald, en los cuadros compuestos por Demme aparecen latinos y asiáticos interactuando con los protagonistas, creando un fresco de la sociedad actual norteamericana más realista, en un esfuerzo por alejar del cliché la idiosincrasia de los protagonistas.

Sin duda la fuerza del filme, como muchos otros, radica en el minucioso trabajo de construcción de personajes apoyado por los actores. No resulta ninguna sorpresa que Meryl Streep continúe entregando trabajos de factura notable, que aquí reunida con su co protagonista de La decisión de Sofía (1982), un sólidamente aburrido Kevin Kline, presenta otra faceta de monstruosa maternidad, como Sofía por imposición, y como Ricki por convicción.  La interacción de Streep con Kline y con Rick Springfield le permite además explotar su poco utilizado sex appeal y su voz sin duda brilla aún mas que su fodonga bruja de En el bosque (2014).

El guión de Cody sortea todo juicio moral a la decisión de Ricki de abandonar a su familia y encuentra en su imperfección e inseguridad cualidades entrañables, que antes habían sido empáticas (Juno) o seductoras (la gran Mavis de Young Adult) y que encuentran brillante replica en sus tres hijos, particularmente Mammie Gummer –hija en la vida real de Meryl– quién, junto a su madre, se enfrasca en un duelo capilar, y como apuntó Wesley Morris, esos dos peinados quieren un Oscar.

Con un extraño balance entre corrosivamente ácido comentario social y meloso filme familiar, Ricki and the Flash es vastamente entretenida aunque su mensaje sobre la maternidad se siente al final ambivalente y difuso, sublimado en una dolorosa canción de rock, entonada al calor de unos toques.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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